Amanda
Después
de la llamada de Amelia diciendo que Leire había desaparecido, decidí llamar a
Joel para contárselo, aunque debería contarle lo del adivino y separarme de él,
pero no podía, no en estos momentos. Llamé a su puerta, y me abrió él sin
camiseta, se ve que se acababa de duchar, porque llevaba el pelo mojado.
-Hola-dice
él dándome un beso en los labios, pero yo no estoy muy receptiva en estos
momentos, más por lo de Leire que por lo que me dijo el adivino-¿qué haces
aquí?
-Hola,
nada, ¿Has visto a Leire?-pregunto yo.
-No,
no la he visto desde hoy por la mañana-pregunta él-¿por? ¿a pasado algo Amanda?
-Sí-digo
yo en un suspiro.- Leire ha desaparecido.
-¿Vas
enserio?-pregunta él con los ojos como platos.
-No,
no voy en serio-digo yo sarcástica-en realidad Winnie the Po ha ido a su casa y
se la ha llevado a tomar el té al País de las Maravillas con Mickey Mouse,
Bambi y el Rey León, pues claro que es en serio.
-Vale,
vale, tranquila-dice él con las manos arriba-Pero exactamente ¿qué ha pasado.
-¡Pues
que ha desaparecido, más claro agua!-digo medio enfadada, pero me doy cuenta
que él solo quiere que le cuente lo que ha pasado tranquilamente, y por lo que
veo, lo estoy estropeando gritándole como una loca-Lo siento, siento haberte
gritado.
-No
pasa nada, es normal que estés así, es tu amiga.-dice él con voz
tranquilizadora y abrazándome.
-Vale,
lo que ha pasado ha sido es que cuando he llegado a casa después del adivino,
pues me ha llamado Amelia diciéndome que la madre de Leire la había llamado
para decirle que Leire había cogido una mochila, la había llenado de ropa y
comida y se había ido de casa, y no sabía donde estaba ahora mismo.
-Madre
mía, tenemos que encontrarla, puede estar en cualquier sitio ahora mismo.
-Lo
sé-dije yo.
-¿Tú
no sabes algún sitio dónde solíais ir o algún sitio que le gustase mucho?-pregunta
él.
-Eh…-digo
yo pensando en lugares que le gustasen a Leire-¡Sí! Hay una casa, que de
pequeña ella decía que sería suya cuándo fuese mayor, y cada vez que pasamos
por allí sigue diciendo que le encanta esa casa, y se ha colado un par de veces
para saber como era por dentro, ya que está abandonada y se vende.
-Pues
tenemos que ir allí.-dice él convencido.
-Tendríamos
que llamar a Carlos, para que nos acompañase, él y Leire también tenían sitios
especiales, a lo mejor él sabe alguno, Amelia y Lucas la empezarán a buscar
mañana por la mañana, por un sitio donde Leire y ella iban de pequeñas.
-Nosotros
también empezaremos a buscarla mañana por la mañana, porque se está haciendo
tarde y ya casi no hay luz.
-De
acuerdo-digo yo empezando a marcharme, no quiero hablarle de lo del adivino,
pero debería hacerlo… Pero rechazo la idea de contárselo y sigo andando pero él
me agarra de la mano y me pone frente a él.
-No
te vayas…-dice él con voz dulce y convincente-quédate un rato más conmigo, que
no hemos estado juntos en todo el día-dice él, y es verdad, y me apetece mucho
estar con él, y entonces aparto de mi mente los pensamientos que me dicen que
me aleje de él por lo que me dijo el adivino y le digo:
-Por
supuesto, me encantará pasar más tiempo contigo-digo yo besándolo.
-Estás
rara-dice él levantando una ceja, ¡oh no! Seguro que me pide lo del adivino, o
me dice que no estoy bien con él o algo…
-¿Por?-digo
yo intentando sonar natural.
-Porque
normalmente me hubieses puesto cualquier excusa tonta para no quedarte conmigo,
en plan tengo que ir a hablar con las plantas que sino no crecen, o algo
así…-dice el sonriendo.
-¡No
es verdad!-digo yo riendo por su ocurrencia de las plantas-Bueno, sí que es
verdad, pero ¿qué pasa? ¿Que no puedo estar necesitada de amor ni un solo día?
Si quieres me voy y te dejo aquí…-digo yo en plan broma.
-¡No,
no! Por mí perfecto, pero si estas necesitada de amor será que no te doy el
suficiente, mi madre cuando era pequeño y me veía un poco triste, me hacía el
ataque de los osos amorosos.-dice él sonriéndome, y con cara de niño travieso,
pero también vi en su mirada, algo de tristeza, nunca habíamos hablado de
nuestras familias, y nunca hablaba de su madre, ni de su padre…
-¿El
ataque de los osos amorosos?-digo yo curiosa-¿qué es eso?
-Esto-y
entonces me abraza fuerte, fuerte, fuerte, y me hace cosquillas, y más
cosquillas, y me pongo a reír muy fuerte hasta que nos caemos al suelo de la
risa.
-¡Para,
para, para!-digo yo aun riendo.
-¿Aún
estás necesitada de amor? Porque si quieres volvemos a empezar-dice él poniendo
las manos para hacerme cosquillas.
-¡No,
no! Ya no hace falta, dile a tu madre que su ataque es muy efectivo.-digo yo,
pero entonces él se pone serio.
-Eh…
Tengo que irme…-dice él caminando.
-Joel…-digo
agarrándole del brazo para pararlo y acercándome a él-¿he dicho algo malo?-digo
besándole, pero él no responde a mi beso, como sí hubiese hecho o dicho algo
malo…
-No,
no…-dice él volviendo a echar a caminar.
-Sí,
seguro…-digo yo cruzándome de brazos-puedes contármelo, de verdad.
-Que
no, que no…-dice él parándose un momento pero volviendo a andar, ya me estaba
empezando a cabrear ese carácter estúpido que tenía de repente.
-Sí
claro… el señorito quiere que le cuente todo lo que pasa, pero él no puede
contarme que ha pasado para que se ponga serio de repente y se vaya así como
así.
-No
ha pasado nada.-dice él aun más serio.
-¡Joel!
No soy idiota ¿sabes? Sé que algo te pasa, sino no estarías
así-¡Cuéntamelo!-digo yo usando un tono de voz más alto, y enfadado.-O soy
demasiado pequeña para entenderlo, porque yo creo que no, ya que tenemos la
misma edad, pero ¡allá tú!
Entonces
él se para en seco y se gira para mirarme, tiene los ojos rojos.
-¿Quieres
saber que pasa? Te diré lo que me pasa.-dice él serio-Lo que pasa es que mi madre
está muerta, se murió delante de mí, cuando tenía 11 años, le pegaron un tiro
delante de mí, y yo fui lo bastante cobarde de quedarme con ella, a su lado, y
abrazarla en vez de llamar una ambulancia para que se la llevaran al hospital,
y a lo mejor la salvasen, mi madre probablemente murió por mi culpa, porque fui
un imbécil idiota al que no se le ocurrió llamar a la ambulancia para que
curasen a su madre, y me quede a su lado hasta que su corazón dejó de latir, y
antes de eso, me dijo que cuando alguien estuviese triste que le hiciera el
ataque del oso amoroso, y así pensaría en ella, y yo le dije que eso era una
tontería, que lo del oso amoroso no funcionaba, y justo antes de morir me dijo
que me quería y no me dio tiempo a decirle que yo también, así que lo último
que le dije a mi madre fue que su ataque era patético, que no funcionaba, las
últimas palabras que salieron de mi boca y que ella escuchó fueron que él lo
que llevaba haciéndome desde pequeño para que no estuviese triste no me
gustaba, eso fue lo último que me escuchó decir-dijo él, su historia me hizo
llorar y a él también le cayeron un par de lágrimas-Ahora, ya sabes lo que me
pasa.
-Lo
siento-dije yo mientras lo abrazaba.-Soy tonta, no debería haber dicho eso, soy
inútil.
-No,
no lo eres el inútil soy yo.-dijo él.
-No
es verdad, el destino es el destino, yo hubiese hecho lo mismo que tú en esos
momentos.-digo yo.
Nos
pasamos sentados fuera en un banco hasta la 1:17 de la madrugada, y no habíamos
cenado ni nada, pero igualmente, después de lo que me había contado Joel, no
tenía hambre.
-Buenas
noches, y no estés mal por favor.-le digo yo besándolo.
-No
lo estaré, buenas noches princesa.-dice él, sé que en realidad si que estará
mal, pero no puedo hacer nada…-duerme bien que mañana por la mañana tenemos que
buscar a Leire.-dice él y se va hacía su casa.
Ese
día había sido un día lleno de emociones, entre el adivino, lo de Leire, y la
historia de Joel… Había sido un día movidito…
Y
el día de mañana, será un día más bien, extraño, lleno de sentimientos de por
medio.
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