domingo, 28 de abril de 2013

CAPÍTULO 50


Amelia

Me desperté sobre las 11 de la mañana. El mensaje de Josh del día anterior había hecho que durmiera plácidamente.
-Buenos días-dijo mi madre al verme salir de la habitación.
-Hola, mamá.
-¿Has dormido bien?-preguntó.
-Sí. ¿Tienes que irte a trabajar?
-Sí, pero tarde, a las siete o así.
-Vale.
-¿Qué vas a hacer tu, hoy?
-No lo sé...
-¿Por qué no quedas con tus amigas? Hace mucho que no las ves...-me dijo mi madre.
-Es verdad-dije.-Voy a llamarlas.
Entré de nuevo en mi habitación para coger el móvil y llamé a Amanda primero.
-¡Hola!
-¡hola, Amanda!
-¿Qué tal?
-Bien, acabo de levantarme, ¿esta tarde puedes quedar?
-Sí, además, tengo muchas cosas que contarte.
-Vale, pues ¿en una hora en el parque de siempre?
-Vale, adiós.
-¡Adiós!-colgué.
Hecho, ahora tocaba Leire.
-¿Diga?-preguntó, estaba dormida.
-Soy Amelia. ¿Estabas durmiendo?
-Sí... No he dormido muy bien, me he despertado por la madrugada-dice riéndose. No entiendo nada.
-Eh... vale... ¿Puedes quedar?
-¿Cuándo?
-En una hora, en el parque...
-¿En una hora?-dice asombrada, de fondo oigo un murmullo que dice “di que no, di que no”-Sí, claro, en un ahora estoy allí. ¡Adiós!
-Adiós...-digo un poco confundida.
En una hora estamos las tres en el parque, sentadas en un banco de piedra que es como una media luna para vernos mejor. Después de hablar de algunas cosas sin sentido, decido que es hora de contarles todo lo que ha pasado estos días.
-Tengo muchísimas cosas que contaros, y no parecen reales.
-Tampoco será para tanto y yo también tengo algo que contaros.-dice Leire sonriendo.
-Y yo, pero lo mío no es tan importante como parece lo vuestro.
-Vale, pues ¿empiezo yo?-ellas asienten.-Vamos a ello. Seguro que no me creéis...
-¿Quieres hablar ya?-dice Leire exasperada.
-Vale, vale... Se ve que Lucas y Josh estaban metidos en una banda. La hermana de un chico que estaba allí estaba pillada por Josh, y salieron, pero él la dejó para estar conmigo, y también dejó la banda, para que no me pasara nada. La chica, se cabreó y se lo contó a su hermano, que se lo contó al resto de los chicos y quisieron vengarse de Josh por hacerle daño a Sara, la ex de Josh. Con eso que vieron que yo salía con Josh y decidieron ir a por mí, así que como Lucas era el más joven de allí, pues él fue el encargado de vigilarme. Pero Lucas, cuando me conoció se enamoró de mí y  convenció a los otros para que no me hicieran nada. Pero seguían enfadados con Josh así que le dijeron que o pagaba no sé cuánto dinero o no me volvería a ver.  Claro, Josh no sabía que no me harían nada así que intentó reunir el dinero, pero no pudo hacerlo, así que provocaron el accidente de coche que tuvo Josh. Cuando Lucas se enteró de lo que le habían hecho también salió de la banda.
-Tienes razón, no te creo.-dijo Leire con los ojos muy abiertos, al igual que Amanda.
-Espera, eso no es todo. Los que quedan de la banda, le han dicho a Josh que tiene que salir con l achica esa si no quieren que me pase nada, y Josh viendo lo que le han hecho a él ha aceptado y ahora está saliendo con, con esa...
-¿Celosa?-preguntó extrañada Amanda.
-¡No!-dije, pero el rubor de mis mejillas me delató.-Ah, y he dejado a Lucas.
-¿Por qué?-preguntó Leire.
-¿Cómo que por qué? ¿Te parece poco que me mintiera y que me haya metido en estas cosas? Y además está Josh... Y no sé a quién quiero...
-Lucas es mejor-dijo Leire.
-No, Josh es mejor. Es muy mono, arriesgó su vida por ella, en cambio Lucas sólo la metió en todo esto.-dijo Amanda
-Mujer, si lo miras así...-le respondió Leire.
-Bueno, ya vale, yo estoy igual, tengo los pros y los contras de cada uno, pero no sé cuál. Cambiemos de tema, Leire te toca.
-Vale, buff, por donde empiezo.
-Por el principio-dijo Amanda con una sonrisa.
-Ja, ja, que graciosa ella. Vale, el otro día, por la mañana vino Dylan a mi casa, y me pidió que fuera a cenar a su casa. Yo me inventé que tenía una cena con vosotras y que no podía ir, porque no quería ir recordando como acabó la última vez que fui. Así que Dylan se fue, y después vino su hermano, Álex. Entró a mi habitación y vio mi cuadro, el de Klimt y me dijo que en su casa tenía uno que me gustaría, así que más tarde fuimos a su casa y me enseñó el cuadro, con eso que yo le estaba abrazando porque me había regalado el cuadro y entró Dylan. Claro al vernos abrazados pensó mal se enfadó, se puso a gritarme y entre todo esto yo le dejé, porque el chico es más bipolar que no sé qué y me abofeteó...-se escuchó un “Oh” de Amanda  y mío, mientras ella contaba la historia.-Álex entró y al ver que me había pegado le pegó él a Dylan, me acompañó a mi casa. Y, esta madrugada eras las 3 y media ha venido a mi casa, ha entrado por la ventana de mi habitación y así sin más, me ha besado. Después me ha dicho que quería estar conmigo y un millón de cosas bonitas, es un amor, y nos hemos quedado dormidos hasta que tú-me señaló-nos has despertado.
-¿Y ahora estáis juntos?-preguntó Amanda.
-No exactamente, ya que no acepté.
-¿Por qué?-preguntamos las dos.
-Porque no estaba segura y no sé, no quiero ir rápido.
-Pero pobrecillo ¿no?
-¡Ay! ¡Déjame!-dijo Leire.
-Josh me dijo que Álex estaba en la banda de Lucas-dije cortándoles el rollo a las dos.
-¿Qué?
-Sí, dijo que lo estaba, y que era uno de los líderes...-después de eso nos quedamos en silencio hasta que Leire interrumpió.
-Voy a llamarlo.-Se levantó y se alejó con el móvil.
Amanda y yo observamos todos sus movimientos hasta que colgó el móvil y volvió con un semblante serio y se sentó.
-Amelia...
-¿No te había dicho nada, no?-pregunté.
-No, no es eso, es sobre Lucas...-dijo, me miró nerviosamente y habló.-Nunca dejó la banda, más bien...
-¿Qué?-la intriga me estaba matando.
-Es el “líder” él lo planea todo.
-No es verdad.-dije sin querer creerlo.
-Sí, lo es, Lucas no dejó la banda, la dejó Josh y Álex no se mete en esas cosas, sólo está ahí por si lo necesitan, pero nada más.
-¿Cómo sabes que no miente?
-Lo sé, ¿quieres hablar tú con él?-preguntó, yo dude un poco, pero tenía que saberlo así que asentí.
Sacó el móvil y después de explicarle que quería hablar con él me dio su móvil para que hablara.
-Hola, soy Amelia.
-Álex, así que... ¿no me crees?-dijo, parecía divertido.
-No mucho, no sé porque debería ser como tú dices.
-¿Y porque no debería serlo?
-No lo sé...
-¿Ves? No hay razones, te explico todo un poco ¿vale?-dijo amablemente.
-Vale.
-Lucas y su hermano son los “jefes” de la banda, para decirlo de alguna manera.
-Espera, espera, ¿Lucas tiene un hermano?
-Sí... Tom, ¿nunca te habló de él?
-No...
-Bueno, pues sí, tiene un hermano. Nunca se llevaron bien con Josh, así que simplemente lo ignoraban. Pero cuando pasó todo lo de la hermana de Borja, que me ha dicho Leire que ya sabes, pues se pelearon porque Lucas quería a Sara y no sé qué coño más...
-¿Lucas quería a Sara? Entonces cuando Josh la dejó se quiso vengar o no sé qué ¿no?
-Exacto, así que él mismo se encargó de encontrarte y hacer que te enamoraras de él, y él fue el que le causó el accidente a Josh, por eso estaba ahí ese día.
-No me lo puedo creer...-dije conmocionada.
-Sí, es un poco surrealista, pero bueno. ¿Aún no me crees o ya está?
-Sí, sí, te creo, no hace falta nada más. Gracias.
-De nada, ¿me pasas a Leire?
-Claro.-le di el móvil a Leire y mientras ella se despedía no pude evitar ponerme a llorar. Saber que Lucas me había mentido después de creer que ya me había contado todo...
-Shh, no llores.-dijo Amanda abrazándome. Después se le unió Leire.
-Sinceramente ahora sí que prefiero a Josh...-dijo Leire haciéndonos reír.
Después de que me calmara y que acabara de llorar nos quedamos un rato más en el parque.
-¿Podéis venir a dormir a mi casa?-les pregunté.
-Sí, claro, había quedado con Álex pero ahora lo llamó y le digo que no, tu eres más importante que un millón de tíos buenos.-dijo sacándome una sonrisa.
-Yo también puedo venir, llamo a mi madre y se lo digo.
-Vale.
Una hora después estábamos todas en mi habitación, sentadas en la alfombra hablando. Mi madre llamó a la puerta.
-Pasa.-le dije.
-Hola chicas, Amelia cariño, tienes una carta.
-¿Una carta?-pregunte extrañada.
-Sí, yo me voy a trabajar, volveré tarde.
-Vale, te quiero.
-Yo también, pasáoslo bien chicas.
-Adiós Kate.-dijeron Leire y Amanda al unísono.
Cuando mi madre se fue, las tres miramos la carta, el remitente, que fue lo que más nos sorprendió: Josh Moreli.
-¿Por qué me enviaría una carta?
-No lo sé... ¡Pero ábrela!-dijo impaciente Amanda.
-Vale.-con cuidado abrí la carta y empecé a leerla.

Querida Amelia:

Esto de escribir cartas no se me da bien, pero supuse que era más bonito que un simple mensaje o un email. Así que aquí estoy, sentado en mi camilla del hospital escribiéndote esta carta.
No sé por dónde, sí ya sé, por el principio, pero, ¿cuál? He decidido que el que nos conocimos. Fue algo así como:

Primer día de instituto, yo empezaba bachillerato. Entré por la puerta y decenas de ojos se posaron en mí. Mis amigos me saludaron. Me acuerdo que a primera hora tenía Literatura, así que empecé a dirigirme hacia mi clase cuando la risa más preciosa que he oído me llenó los oídos. Sí, tú. Ibas con tus amigas riéndote por el pasillo, no pude despegar mis ojos de ti hasta que desapareciste por el pasillo. Tú apenas me miraste. Te conocía de antes, pero nunca me había fijado en ti verdaderamente, hasta ese año.

¿Sufrir? Sufrir es pasarse toda la clase de Literatura pensando si volveré a verte, o si me mirarás finalmente. (Me ha rimado) Cuando escuché el timbre sentí que los ángeles cantaban, recogí lo más rápido que pude para poder encontrarte en el pasillo. Pero no hubo suerte, así que como alma en pena me dirigí a mi siguiente clase, y así hasta la hora del recreo.

Yo ya desistí en la idea de volver a verte así que iba caminando por los pasillos, cuando la puerta de un aula se abrió y me dio de bruces contra la cara. Tan distraído iba que me caí al suelo. Y de detrás de esa puerta saliste tú, ruborizada y pidiendo perdón un centenar de veces. Ahí fue cuando nos presentamos, me acuerdo de como evitabas mirarme a los ojos de lo avergonzada que estabas. Pusiste cualquier excusa y te fuiste por el pasillo.

Pasaron los días y eras en lo único que pensaba. Y como azar del destino nos volvimos a encontrar, en la parada del bus. Nos sentamos juntos y charlamos, nos reímos y te conté cosas que no le había contado a nadie. No sé cómo pero acabaste dándome tu número de móvil, creo que en ese momento fui el hombre más feliz, por el momento.

No hacía cinco minutos que habías bajado del bus y ya te estaba llamando. No sé porque lo hice, supongo que para oír tu voz. Te dije que así tú ya tendrías mi número. Quedamos unas veces fuera del instituto, íbamos al cine, a un bar, o simplemente a dar una vuelta.

De un momento a otro ya nos habíamos dado nuestro primer beso. Tengo que admitir que un baño no es el lugar más romántico, pero para mí lo fue. ¿Te acuerdas? Estábamos comiendo un perrito caliente cuando te manchaste de mostaza, te invité a mi casa, a limpiarte la camiseta, asegurándote que mi familia estaba allí, al ver tu cara atemorizada. Entraste al baño, con una camiseta de mi hermana para cambiarte, le pusiste el seguro a la puerta y no supiste abrirlo. Así que te pusiste a gritas, ¿cómo iba a saber yo que eras claustrofóbica? Conseguí abrir la puerta y tú estabas acurrucada en un rincón del baño. Te levanté, nos abrazamos y te besé.

Ese fue el primer beso de muchos. Empezamos a salir, nadie lo sabía. ¿Sabes? Ahora mismo me arrepiento de que nadie lo supiera, lo que daría por que la gente supiera que he tenido tal tesoro entre mis brazos.

El peor día de mi vida llegó, tú hacía unos días que estabas distante conmigo. Todo se me desmoronó cuando me dijiste que ya no me querías, fue como quitarle el agua a un pez o las alas a un pájaro. Me encerré en mi habitación, no comí, no hice nada esos días. Hasta que decidí que si tú eras feliz yo también lo era.

¿Pedirte que me ayudaras aquel día en el instituto cuando estabas con Lucas? Fue totalmente espontáneo, lo vi y pensé que debía saber cómo era tu novio. Vi que a pesar de cómo era tú le querías así que me fui por donde había venido.

Volví a ver la luz aquel día en el restaurante, cuando me dejaste besarte. Vi que no todo estaba perdido y decidí luchar por ti. Cuando fui a tu casa a ducharme después de aquel diluvio pensé que te tenía, pero supe que no podía hacer nada cuando llegó Lucas y prácticamente me echó de ahí.
Pero aquí estoy, en una camilla de hospital con la pierna rota y suspirando por ti, sin perder las esperanzas. Espero que algún día vuelvas a pensar en todo lo que pasamos juntos, y si valió la pena.

Te quiero.
 Josh

Lágrimas salían de mis ojos y de los de mis amigas. Nos abrazamos y lloramos de todas juntas. Era una imagen algo cómica ya que ellas dos no tenían motivo para estar llorando. Nos separamos secándonos las lágrimas.

-Uau...-dijo Amanda.-Es lo más tierno y adorable que he visto en mi vida.
-Definitivamente prefiero a Josh. ¿Tú no?-me preguntó Leire, yo me lo pensé y finalmente respondí.
-Sí.

domingo, 21 de abril de 2013

Micreorelato

¡Hola! Este microrelato lo escribí para un concurso, y como no se publicó en ningún sitio, he decidido compartirlo con vosotros, y quiero deciros que hoy no habrá capítulo, no está escrito, tengo las ideas, pero me resulta muy complicado plasmarlas como quiero.


No me dejes...

Me desperté aturdida. No sabía que había pasado, recordaba a mi padre, borracho, y después... Nada. Me fijé en mi entorno, estaba en una playa, no, en una playa no, en ESA playa, la playa donde Iván me pidió para salir, después de que yo llevará cerca de tres años enamorada de él. ¿Por qué estoy aquí?-me pregunté, pero no obtuve ninguna respuesta. Decidí tumbarme en la arena otra vez, a lo mejor así conseguía recordar algo. Cerré los ojos y me concentré en recordar, entonces todo  vino a mi cabeza, la pelea con mi padre,  la bofetada que me dio y el grito de Iván en la puerta antes de caer en un profundo sueño que me llevó hasta aquí. Me levanté de golpe y caminé hasta el agua, me mojé los pies y me adentré en el mar. Cuando el agua me llegó a la cintura escuché una voz, gritando mi nombre, una y otra vez. Me concentré en reconocer esa voz, me resultaba muy familiar, parecía la de Iván. Sí, estoy segura de que era él-pensé, oyendo como seguía gritando mi nombre. Al escuchar el dolor en su voz sin dejar de repetir mi nombre entre muchos “No me dejes...” me di cuenta de que no podía dejarlo solo, tenía y quería estar con él, así que con todas mis fuerzas me concentré en su voz, sus ojos, sus besos, sus abrazos, en todo él, hasta que la oscuridad invadió mis ojos.

Cuando desperté solo vi unos ojos color caramelo, estaban rojos de llorar. Nos quedamos en silencio por unos segundos, mirándonos, hasta que, el llanto de mí acompañante estalló.

-Sara...-dijo Iván abrazándome fuertemente.-Te quiero.




domingo, 14 de abril de 2013

CAPÍTULO 49


Álex

Me alejé de casa de Leire y volví a mi casa para hablar con mi hermano. Cuando llegué fui directo a su habitación y me lo encontré tumbado tranquilamente en su cama, cuando me vio se levantó de golpe y se puso a temblar de una manera estresante.
-¿Qué quieres?-preguntó.
-Que me digas porque estúpida razón pensabas que Leire y yo estábamos enrollándonos ahí abajo.-la sorpresa grabó su rostro.
-Es obvio, te pasas el día en su casa, la proteges de todo, la llevas en tu moto, y la manera en que estabais abrazados...
-Madre mía, me paso el día en su casa porque su hermano es amigo mío, y la protejo por la misma razón, y porque soy su amigo, A-MI-GO, ¿lo entiendes?
-¿Y lo de la moto? Nunca has dejado que nadie excepto tú se suba en tu moto, y ahora va Leire y se sube sin que le digas nada.-dijo, con eso me desarmó por completo, no había una explicación para eso. Dylan tenía razón, nunca había dejado que nadie subiera a mi moto, y ahora llegaba Leire y lo hacía y no le ponía ninguna pega.
-Eso no te importa, y ahí abajo sólo me abrazaba porque le he regalado un cuadro que ella quería.
-¿Qué cuadro?
-El beso, de Klimt.-dije temeroso porque no se diera cuenta de que cuadro era, pero vi que había fracasado en el intento al ver su mandíbula desencajada y sus ojos abiertos.
-Ese cuadro es lo único a lo que le tienes aprecio, es el único recuerdo de nuestro tío. Sé que lo protegerías con tu vida y ahora vas ¿y se lo regalas a esa fulana?
-¡No la llames así!-dije conteniéndome. Pensé en lo que me dijo, y tenía razón, ese cuadro es lo único que me quedaba de mi tío Paul, él era como un padre para mí, y me regaló el cuadro antes de morir, siempre le tuve aprecio a ese cuadro. Pero al ver los ojos iluminados e ilusionados de Leire, no pude evitar querer dárselo.
-¿Ves? La proteges.-dijo él, yo me quedé callado sin nada que decir, entonces la cara de mi hermano se iluminó, algo le había pasado por la cabeza.-Le quieres, estás enamorado de Leire. Ahora todo tiene sentido.
-Anda, no digas gilipolleces hermanito. Sólo la protejo porque me cae bien, nunca me gustaría.-le dije, intentando convencernos, a él y a mí.
-Sí, sí...-dijo saliendo de la habitación y dejándome pensando.
Me fui a mi habitación para pensar un poco, pero no lo conseguí ya que un sonoro ¡Álex! ¡Baja aquí ahora mismo! De mi padre hizo que me levantara y bajara abajo.
-¿Qué es esto?-preguntó mi madre señalando un golpe en el abdomen de mi hermano.
-¿Un golpe?-pregunté confuso por la pregunta.
-Eso ya lo vemos, dice que le has pegado.
-Es verdad, le he pegado yo.-dije de una forma natural.
-¿Y te parece normal?-intervino mi padre.
-Tenía mis motivos para hacerlo-dije indiferente.
-¿Y se puede saber qué motivos te llevaron a pegarlo a tu hermano así?-preguntó, yo miré desafiante a mi hermano, que miraba con cara de temor por si lo decía. Yo no reprimí las ganas de vengarme por todo lo que me había hecho al largo de los años y lo solté.
-Claro, que sí. Mi hermanito querido.-dije acercándome y poniendo una mano en el hombro de mi hermano.-Ha abofeteado a Leire y la ha insultado de maneras poco correctas.-dije sonriendo.
-¿Es verdad eso, hijo?-le preguntó severo mi padre a Dylan.
-Sí... ¡Pero ella me dejó, y se lo merecía!
-¡No digas tonterías, imbécil! Leire te dejó porque algo que hiciste mal. Y eso es irrelevante, ya te lo dije, a una chica ni se la toca, ni se le habla sino es para demostrarle cuanto la quieres.-dije, los ojos de mi madre se abrieron con admiración.
-En eso tu hermano tiene razón.-dijo mi madre.
-Es verdad-dijo mi padre.-No deberías haber tocado a esa chica.
-Vale, ya lo he pilado, no se repetirá otra vez.-dijo mi hermano levantando las manos en rendición.
Después de esa pequeña charla y de haber cenado subí a mi habitación. Me quité la camiseta, me puse unos pantalones de chándal y me tumbé en la cama dispuesto a descansar un poco. Cerré los ojos, y la primera imagen que se me vino a la cabeza fueron unos ojos azules y un pelo rubio, Leire. Se metía en mis sueños, en mis pensamientos, y me encantaba-¿Qué estoy pensando?-zarandeé la cabeza y decidí darme una ducha fría, para ordenar mi cabeza. Cuando salí, seguía igual que antes, y sólo se me ocurrió una cosa, recurrir a mi mejor amigo, Derek. Sin pensarlo más salí de casa en la Harley Davidson y me fui a su casa.
Llamé a la puerta, y me abrió apenas vestido y con cara de dormido.
-¿Qué coño haces a estas horas, tío?-preguntó.
-Te necesito, es importante.-dije, sus ojos se abrieron con alarma, y me dejó pasar.
-¿Qué pasa?-preguntó una vez sentados en el sofá.
-No lo sé, eso es lo que pasa.  ¿Te acuerdas de la chica que tiré en la discoteca?
-¿La que te gritó?
-Sí, esa.-él me escuchó atentamente.-Salió con mi hermano hasta ayer. Resulta que el hermano de la chica, es un amigo que hice en el instituto, y fui a su casa y me encontré con la chica y...
-¿Ve al grano quieres?-pidió.
-Vale, es que mi hermano hoy me ha dicho que estoy enamorado de ella, y yo, yo no sé qué hacer, porque, es que...-dije parando de la frustración.
-Me estás diciendo, que has venido a las 3 de la madrugada a despertarme, para que te ayude a saber si estás enamorado de la chica, que por cierto, ¿cómo se llama?
-Leire Cabret, sí, eso es lo que quiero que hagas, por favor.-le supliqué, él me miró comprensivo.
-Vale, estoy seguro de que estás enamorado, ha sido decir su nombre y se te han iluminado los ojos, pero para que te lo creas. ¿Qué te gusta de ella?-su faceta de psicólogo salía a relucir.
-Todo, su sentido del humor, sus berrinches de niña pequeña, su risa, sí, su risa me encanta.-dije sonriendo como un idiota.
-Vale, lo vas viendo ¿no?-dijo, yo no contesté.-Imagínate que hay alguien que le quiere hacer daño a Leire, y tú debes dar tu vida para salvarla ¿lo harías?
-Sin pensármelo dos veces.-contesté seguro. Entonces lo vi, estaba dispuesto a dar todo por ella, me imaginaba lo típico de las películas, a ella y a mí, sentados en un porche de viejecitos. Me levanté, besé la cabeza de mi amigo, que estaba sorprendido por mi arrebato.-Gracias, gracias.
-¿Te has dado cuenta?-preguntó, yo asentí con la cabeza.-¿Vas a decírselo?-yo titubeé un poco, pero finalmente asentí-¿A qué esperas? Si ella te quiere te hará caso aunque sean las 3 de la madrugada.
Salí de su casa con él detrás, me subí a mi moto para irme en busca de la chica que desde hace unas semanas le daba razón a mi vida.
-Sigue estudiando psicología, se te da bien.
-Se intenta-dijo con una sonrisa.

*   *   * 

Apagué el motor,  estaba delante de su casa. El corazón me latía fuertemente, pero no me echaría atrás, no ahora.
Pensé cómo podía entrar a verla, y decidí que llamarla al móvil y decirle que me abriera sería lo mejor para no despertar a nadie. Así que, saqué el móvil y la llamé, mientras esperaba que me cogiera el móvil me puse delante de la ventana de su habitación, para ver si se despertaba.
-Mmmph... ¿Diga?-dijo adormilada.
-Soy Álex.
-¿Álex? ¿No tenías nada mejor que hacer que llamarme a esta hora? Son las 3 y media de la madrugada...-dijo, una luz se encendió en su habitación, supuse que fue la lámpara de noche.
-Sí, lo sé, y lo siento, pero es importante.-pasaron unos segundos hasta que respondió.
-Vale, te escucho, que pasa...
-¿Puedes abrir la ventana de tu habitación? Estoy fuera...
-¿Qué?-dijo desconcertada, a los poco segundos estaba mirando por la ventana y quitándole el seguro para abrirla.
-Aparta, voy a entrar.-dije cuando ya había abierto, ella se apartó.
Mi intención era entrar de forma atlética y como si pareciese que lo hacía cada día, pero el resultado fue muy diferente. Me enganché un pie en la ventana, y como era bastante alta, me costó saltar. Vaya, en las películas lo hacen parecer mucho más fácil...
-Ya está-dije entrando del todo. La miré y al verla con su pijama de pantalones cortos y camiseta de tirantes no pude evitar ponerme más nervioso, el corazón se me salía del pecho.
Nunca pensé que una sola chica podría hacerme esto, siempre lo tenía todo controlado, o lo intentaba, pero ella rompía todos mis esquemas.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres decirme?-preguntó sentándose en la cama. Yo la seguí y me senté a su lado.
-Yo...-me quedé en blanco, al ver que me miraba atentamente con sus ojos, no se me ocurrió otra cosa, que besarla.
Sí, así es, la besé. Apoyé mis labios sobre los suyos en un suave roce. Ella no me correspondía, pero yo no quería dejar de besar aquellos dulces labios, así que insistí, hasta que rodeó mi cuello con sus manos y me atrajo hacia ella profundizando el beso. No sé si fueron horas, minutos o segundos, pero fue perfecto. Nos separamos con las respiraciones agitadas, cuando nos calmamos, ella no me miraba directamente.
-¿Por qué has hecho eso?-preguntó entre desconcertada y confusa.
-Me puse nervioso...-vaya, eso no sonó como en mi cabeza.
-Tenías que decirme algo importante, te pusiste nervioso y me besaste, ¿así como así?-preguntó con los ojos abiertos como platos.
-Sí, bueno, no.-No sabía cómo decírselo, nunca pensé que fuera tan difícil. Lo diré de un tirón, será más fácil ¿no?-Creo que te quiero...-Su mandíbula se desencajó totalmente.
-¿Qué? ¿Álex, estás bien?-dijo tocando mi frente. Yo aparté su mano y respiré hondo.
-Que sí, joder, que me encantas, que me haces pensar las cursilerías de las películas, no puedo sacarte de mi cabeza, cuando te veo todo me parece mejor y cuando te vas se me cae el mundo. Quiero abrazarte cuando estés mal, y sacarte una sonrisa en los peores momentos. Eres en lo primero que pienso al despertarme y en lo último al irme a dormir.  Tengo ganas de verte a todas horas, a cada minuto, a cada segundo,  aunque sólo haga cinco minutos de la última vez que nos hemos visto. Quiero ser la razón de tu sonrisa. Siento la necesidad de protegerte para que no te pase nada malo. Me imagino una vida contigo, felices, juntos.
-¿Juntos?
-Sí. Tú y yo, juntos...

domingo, 7 de abril de 2013

CAPÍTULO 48

¡Hola! Antes de que leáis el capítulo, quiero deciros que ya queda poquito para que Tú y yo, juntos... acabe, no sé cuantos capítulos exactamente pero no muchos. Estas vacaciones me he puesto las pilas y me he llenado de ideas para acabar y el único final que no sé es el de Amelia, porque hay gente que sigue perdidamente enamorada de Lucas y otra que de Josh y yo estoy como: No sé a quien poner porque la gente se quedará descontenta. Sé que no he subido nada estas vacaciones, pero he adelantado capítulos o por lo menos he escrito las ideas de ellos, entonces escribir será más fácil y no tendré que poner excusas por no subir. Ahora sí, aquí el capítulo 48, espero que os guste:


Amanda

-¿Amanda?-pregunta una voz mientras yo sigo arrodillada en el suelo del aeropuerto, llorando. Yo levanto la cabeza, secándome las lágrimas con las manos, miro a la persona que me ha llamado, y es el chico que me encontré en la calle, Pablo.- ¿Estas bien?-pregunta, yo lo miro con cara de: ¿enserio crees que estoy bien? Y él sonríe.-Vale, puedo deducir que no estás bien...
-Chico listo...-digo levantándome con su ayuda del suelo.
-Toma.-dice tendiéndome un pañuelo.
-Gracias.-digo, miro a nuestro alrededor y voy a sentarme a un banco. Pablo me sigue y se sienta a mi lado.
-¿Por qué llorabas?-pregunta.
-Mi novio se acaba de ir a California por dos años...
-Oh, eso debe ser duro...-dice.
-¿Y tú? ¿Qué haces aquí?
-He venido a acompañar a mi hermana mayor, se va a Alemania a estudiar.-después de eso el silencio nos invade.
-¿Sabes? Nunca hubiese imaginado que le contaría mi vida a un desconocido.
-Técnicamente no soy un desconocido...
-Sólo sé tu nombre y que llegas tarde a clase.
-Y que mi hermana se va a estudiar a Alemania.
-Sí, no olvidemos eso, que  es importante.-digo.
Nos quedamos hablando un rato hasta que a lo lejos veo el pelo rubio de Carlos a lo lejos. Tengo que hablar con él, seguro que ya se va.
-¿Me estas escuchando?-pregunta Pablo al ver que no le hago caso.
-Sí, bueno, no. Tengo que irme.
-¿Qué?
-Que sí, que tengo que irme, ya nos veremos.-digo y por un momento pierdo de vista a Carlos.
-¿Cuándo?
-No lo sé, ya me llamas si eso.
-Amanda, no tengo tu número.-dice como si fuera lo más lógico del mundo. Yo apresurada se lo doy y me despido.
Corro en la dirección en que se ha ido Carlos, y cuando estoy a punto de dejarlo ir lo veo, con una maleta en la mano y su madre al lado. Me acerco.
-Hola.-le digo, él se sorprende.
-Hola, ¿Qué haces aquí?
-Joel se ha ido a California hoy... ¿Tú ya te vas?
-Sí.-dice sin mirarme.
-No quiero que te vayas.
-Es lo mejor.
-No, no lo es...
-Amanda, ya hemos hablado esto.-dice exasperado.
-Lo sé, pero no puedo creerme que no vaya a volver a ver a mi mejor amigo, nunca.
-Nunca, es mucho, pero por un tiempo sí.
-Igualmente...
Llaman al avión de Carlos y se despide de mí, yo vuelvo a llorar, algo que hago muy usualmente. Veo cómo van a chequear los billetes, y entonces Carlos y la chica que le atiende empiezan a discutir. Al final Carlos coge su maleta, le da un beso a su madre y sale de la cola para embarcar, yo me acerco a él.
-¿Qué ha pasado?
-Ha habido un error cuando sacamos los billetes por internet y solo es válido el de mi madre, así que me han dicho que hasta mañana a las 6:00 de la mañana no puedo salir hacia Italia.-Sin quererlo una gran sonrisa se forma en mi cara.-¿Qué pasa?
-¿Puedes pasar las horas que te quedas aquí conmigo, por favor?
-No sé, si...
-Vamos, hombre, es la última vez que dices que no nos vamos a ver en un largo tiempo, y aunque tú no la tengas, yo tengo esperanza en que todo vuelva a ser como antes.
-Pero...
-Nada de peros, vámonos.-le cojo de la mano y lo arrastro fuera del aeropuerto. Sin preguntarle lo subo a un bus y pago su billete. Lo siento en un asiento a mi lado y le miro sonriente.
-¿Dónde me llevas?-pregunta dudoso.
-Ya lo verás, haré que te des cuenta de que abandonarme aquí no es ni de lejos lo mejor.-Carlos bufa pero no dice nada al respecto.
Cuando llegamos a nuestra parada lo agarro de la mano y lo bajo del bus, y caminando unas manzanas me paro delante de una gran pizzería.
-¿Te acuerdas?-le pregunto mirando el cartel con el nombre de la pizzería, el lo mira confuso y veo como sus ojos se iluminan.
-Nuestra pizzería.-dice.
-Sí, donde nos hicimos amigos.
El día que Carlos y yo nos hicimos amigos estábamos los dos en esta pizzería, dentro hay una gran piscina de bolas, con toboganes y allí nos pusimos a jugar juntos y sin darnos cuenta nos hicimos mejores amigos, desde ese día nuestras madres nos llevaban cada sábado a esa pizzería, hasta que encontrábamos infantil pasarnos el día jugando en una piscina de bolas y tirándonos por toboganes.
-¿Vamos a entrar?
-¡Claro! ¿Por qué crees que te he traído aquí?-pregunto llevándolo conmigo dentro.
Entramos y sólo unas cuantas mesas están ocupadas, ya que son las 18:00 de la tarde y los niños ya están en sus casas. Los dos a la vez miramos a la zona donde está la piscina de bolas y con miradas cómplices nos acercamos y nos metemos dentro.



Después de pasarnos toda la tarde en la piscina de bolas de la pizzería. Carlos y yo decidimos cenar en la misma. Salimos de la piscina bajo la mirada divertida de los camareros y nos sentamos en una mesa.
-¿Una pizza prosciutto no?-pregunta Carlos con una sonrisa, yo asiento.
-Y tu ¿una pizza a la boloñesa no?
-Exacto.
Le decimos al camarero lo que queremos cenar y nos quedamos sentados y mirándonos sin nada que decir.
-¿Te he hecho cambiar de idea? ¿Te parece que vale tanto la pena dejar todo e irte?-le pregunto, él se queda callado unos minutos hasta que responde.
-No, creo que tienes razón. Nadie me conoce mejor que tú.
-Eso es verdad. Nadie, ni tú mismo.-digo.
-No te pases, anda.
-Pregúntame lo que quieras.
-Vale. ¿Mi color favorito?
-Todos los tonos de azul menos el cielo.
-Bien, ¿comida favorita?
-Lasaña, pero sólo la que hace tu madre, las otras están secas.
-Vale... ¿Animal favorito?
-El perro, tu raza favorita el Weimaraner gris, pero nunca has tenido ninguno.
-¿Grupo de música favorito?
-No tienes, no eres fan de un grupo en concreto, porque dices que siempre hay canciones que no te gustan así que tienes canciones favoritas de grupos diferentes.
-Vale, puede que me conozcas, un poquito...-dice sonriéndome.
-Sólo un poquito ¿eh?-le respondo.
Después de cenar decidimos ir a mi casa ya que Carlos no tiene un sitio donde quedarse, su anterior piso está alquilado. Cuando llegamos mi madre no está, como es normal.
-¿Vemos una película?
-Sí, pero de dibujos.-dice Carlos.-Hace tiempo que no veo una.
-Vale, pero ¿cuál?
-¿Cuál crees que será Amanda? ¿Qué película de dibujos es nuestra preferida desde SIEMPRE?-pregunta y los dos a la vez decimos el título de la película.
-¡Spirit!
Sí, Spirit, el corcel indomable es nuestra película favorita. Nos sentamos en el sofá y ponemos la película. Cuando termina nos vamos a dormir.
-¿Tienes una manta para dormir en el sofá o algo?-pregunta Carlos.
-No dormirás en el sofá, me da igual lo que pienses y si te quieres negar, pero es mi último día con mi mejor amigo y pienso dormir contigo. Lo hemos hecho mil veces en las fiestas de pijama. No acepto un no por respuesta.
-Vale, vale.-dice levantando las manos en rendición.
Carlos y yo nos metemos en mi cama después de ponernos el pijama. Pasan unos minutos en los que los dos miramos al techo, pensativos.
-Volveré.-dice Carlos, yo lo miro confundida.-He pensado en lo que dijiste y tienes razón, no voy a tirar toda nuestra a mistad a la mierda porque sea un cobarde que no dijo que estaba enamorado de ti.
-No eres un cobarde, hiciste lo que en ese momento pensabas que era mejor. Aún no puedo creerme que me engañaras durante tantos años y no me diera ni cuenta.
-Ya, bueno, soy buen actor...-dice él, yo le doy un golpe en el brazo divertida.
-Te echaré de menos.
-Es inevitable hacerlo, es de Carlos Turner de quien estás hablando.-dice carcajeándose.
-Ya, para.-me rio con él.-Lo digo enserio, ahora que tú y Joel os habéis ido no sé, es como si me faltara algo.
-Yo también te echaré de menos, pero aún tienes a Leire y Amelia ¿no?
-Sí, pero ahora que las dos tienen novio y todo...
-Espera ¿qué? ¿Tienen novio? ¿Las dos?-dice sorprendido.-No hablo contigo una semana y pasa de todo.
-Pues sí, Amelia está entre Josh y Lucas...
-¿Josh? ¿Qué Josh?
-El de bachillerato. Es su ex, salió con él hace unos años y lo dejó por estar con Lucas.
-Madre mía...
-Y Leire tiene un novio al que no quiere pero yo estoy segura de que está enamorada de su hermano, Álex.
-¿Y por qué está con el otro?
-Por una tonta apuesta que hizo con Iván.
Y sigo contándole lo que ha pasado estos días hasta que nos quedamos profundamente dormidos. Son las 4:45 cuando la alarma del móvil de Carlos suena. Debemos levantarnos si queremos llegar a tiempo para que su vuelo salga.
-Carlos, despierta...-digo empujándolo levemente.
-Mmm...-dice.
-Vamos, levántate...-le quito la manta de encima.
-Déjame...-dice adormilado. Cuando consigue que abra los ojos, se mueve incómodo y me da la espalda-Vístete, ahora me levanto.-suena nervioso.
-Carlos, eso no funcionara para que te deje dormir más, vamos levántate de una vez, que no llegaremos-le empujo para que este tumbado mirando al techo y yo pueda verle la cara, pero es un gran error ya que cuando lo consigo veo el por qué no quería girarse hacia mí. Un gran bulto se ha formado en su entrepierna y la cara de Carlos no puede estar más roja- . ¡Uy!-digo y me pongo igual o más roja que él. –Lo siento.
-Da igual, te darías cuenta igualmente.
-Emm... Yo, yo, mejor voy a vestirme al baño.-digo tartamudeando.
Son las 5:30 de la mañana cuando llegamos al aeropuerto,  quedan 15 minutos antes de que empiecen a embarcar en el avión.
-¿Tienes hambre?-pregunta Carlos para sacarnos del silencio en el que estamos.
-Carlos, son las cinco y media de la mañana ¿tú crees que tengo hambre?-le respondo levantando una ceja interrogante.
-No, creo que no.-me sonríe.
-¿Ya tenéis un piso y todo allí, en Italia?-pregunto con un nudo en la garganta.
-Sí, el piso es de unos viejos amigos de mis padres que lo alquilan y nos lo han rebajado un poco. Y he conseguido matricularme en un instituto para empezar bachillerato ahí.
-¿Pero sabes italiano, no?-pregunto, ya que nunca me ha dicho que sabe italiano.
-Naturalmente io parlo italiano.-dice con una sonrisa.-Mi abuela paterna era italiana y cada verano cuando iba a su casa me hacía hablarle en italiano, hasta fui a Italia todo un verano para aprender a hablar más.-dice él.
-Es verdad, fue el primer verano que pasé sin ti.-digo recordando esos momentos.
Después de hablar un rato más, recordando esos años, una voz por el megáfono llama a los pasajeros de su vuelo.
-Es hora de irme.-dice Carlos.
-Sí, pero me has dicho que volverás, ¿no?
-Claro, que sí, y sino seguro que me arrastrarás hasta aquí.
-No lo niego.-le sonrío.-Adiós, Carlos.
-Adiós, Amanda.-nos abrazamos durante unos segundos, y después él se aleja de mí yendo hacia la zona de embarque.
Salgo del aeropuerto, y me voy a mi casa, por el camino la melodía de llamada de mi móvil suena, Cuando miro quien me llama, mis ojos se iluminan.
-¡Joel!-digo feliz.
-¡Hola, cariño! Ya he llegado a California, estoy saliendo del aeropuerto con mi padre.
-¿Cómo ha ido el vuelo?
-Bien, ha habido unas cuantas turbulencias, pero todo bien, sigo entero.-dice soltando una pequeña carcajada.
-Me alegro, ya te echo de menos.-digo más seria.
-Yo a ti también, pero piensa que ya queda menos para que venga a verte.
-Vale.
-Te quiero, tengo que irme, te llamo mañana o algo, ¿vale?
-Sí, o sino por Facebook o eso.
-Vale, adiós, amor.
-Adiós cariño, te quiero.
-Yo a ti también.-dice haciéndome sonreír.
Cuelgo y me voy hacia mi casa, dispuesta a disfrutar de estos días con la gente que me quiere.