domingo, 30 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 31


Leire

Entré en mi casa, cerré la puerta, y me apoyé en ella, ¿por qué el idiota de ojos azules le había de vuelto el DNI? Porque está claro, que viniendo de aquel estúpido, por hacer una buena obra no era... No hacia ni 15 minutos que lo había visto alejarse de mi casa, y quería volver a ver esos ojos azules que hechizaban... ¿Pero qué estaba diciendo? No, no podía se, tenía que sacármelo de la cabeza. Zarandee la cabeza, y me fui al comedor, allí estaban mis dos hermanos sentados en el sofá viendo la televisión.
-Hola Iván, hola Nico.-les digo poniéndome detrás del sofá y revolviéndoles el pelo.
-¡Eh!-me dice Nico apartándose al igual que Iván.
-Hermanita te arrepentirás de haberme despeinado-me dice Iván que se ha levantado y me mira con una cara asesina.
-¡Uy! Es verdad, que tardas más que yo en peinarte-le digo soltando una carcajada.
-Normal, tú ni te peinas...-me dice él cogiéndome desprevenida, y revolviéndome el pelo como se lo he hecho yo, pero a mi me despeina mucho más.
-¡Para Iván!-le digo pegándole con el puño en el pecho.
-Venga, vale...-me dice él.
-Te comportas como un chico de diez años, y no de 20 como tienes.-le digo yendo hacia la cocina para empezar a preparar la comida-¿Qué queréis para comer?
-¿Qué hay?-me pregunta Nico.
-Pues: lechuga, queso, patatas, un poco de pan...
-Creo que es mejor que pidamos una pizza ¿no creéis? –dice Iván entrando en la cocina con el teléfono en mano.
-¡Sí, sí, sí!-grita Nicolás dando saltos por toda la cocina.
-¿Hermanita?-me pregunta Iván levantando las cejas.
-Venga, Leire...-dice Nico que ya se ha parado, y hace pucheros.
-Una de jamón york, queso y champiñones, y otra boloñesa o cuatro quesos-respondo.
-¡Bien!-grita Nico.
-Oído cocina, ahora llamo a la pizzería.
A los treinta minutos llegó el encargado de las pizzas a domicilio, fui a abrirle la puerta, era un chico guapo, pelo negro, ojos azules, me recordó un poco al idiota de la discoteca, ¿pero qué estaba diciendo? Me estaba obsesionando. Me di cuenta de que llevaba un minuto observando a aquel chico, que tenía una bonita sonrisa en los labios.
-Gracias-dije cogiendo las pizzas y empezando a cerrar la puerta, pero el pie de aquel chico no dejó que la cerrara, yo lo miré preguntándome por que habría hecho eso, a lo mejor quería pedirme el número de teléfono, o pedirme para comer con él, yo estaba montándome mis posibles causas cuando el chico dijo:
-Son 19,50 euros, por favor.-me dice él sonriéndome de nuevo.
-¡Es verdad! Lo siento, voy a buscar el dinero ahora vuelvo-le digo dándome con la mano en la frente. Me doy la vuelta y voy a buscar el dinero, mientras tanto Iván se va hacia la puerta y se pone a hablar con el repartidor.
-¡Eh! ¿Qué pasa tío? ¿Qué tal todo?-pregunta Iván dándole el típico saludo entre chicos al repartidor.
-Pues nada, trabajando... ¿esa quién era? ¿Tu novia?-pregunta el repartidor, curioso.
-¡Qué va! Es mi hermana pequeña, Leire.
-Ah, vale
-¿Qué tal tu hermano?-pregunta Iván-hace mucho que no lo veo.
-¿Álex? Pues como siempre, metiéndose en líos, tampoco sé mucho, no me cuenta nada, ya casi no pasa tiempo en casa, se pasa más tiempo con sus amigos que conmigo, su hermano pequeño, pero bueno, somos muy diferentes...
-No te preocupes, es Álex... El otro día oí que se había comprado una moto nueva, ¿una Harley Davidson 883 R Sportster negra no?




-Sí, mira ahí viene tu hermana.
Volví con mi hermano y el repartidor, parecía que se conocían, le di el dinero al repartidor, y pregunté.
-¿Os conocéis?
-Sí, su hermano, Álex, fue conmigo al instituto.-me dice Iván.
-Ah, vale.
-Ya nos veremos Iván, adiós Leire.
-Adiós-le digo dándole dos besos, la verdad no sé porque lo hago.
-Aquí hay amor...-dice Iván cuando he cerrado la puerta.
-¿Pero qué dices?-digo yo sonrojada por lo que ha dicho.
-Sí, sí, no lo niegues... ¿Porqué no te vas con él? Hace mucho que no sale con un chico...
-Eso no es verdad...
-¿Ah, no?-dice levantando las cejas-¿A qué no eres capaz de ir detrás de Dylan, y irte con él?
-¿Pero qué dices? ¿Estás loco?-digo abriendo los ojos como platos.
-Lo sabía, eres una cobarde...
-Yo no soy cobarde, y te lo voy a demostrar-le digo cogiendo la chaqueta de encima del sofá y yéndome hacia la puerta.
-¡Esa es mi hermanita!-grita Iván cuando salgo de allí.
Cuando salgo de casa, soy consciente de que voy a utilizar a Dylan, de la peor manera, voy a conseguir salir con él, solo para demostrarle a mi hermano, que no soy una cobarde, así que busco con la mirada a Dylan, o así lo ha llamado mi hermano... y lo veo a lo lejos, empiezo a correr tras él gritando su nombre, algunas personas se giran para mirarme cuando ven que estoy gritando y persiguiendo a aquel chico, que parece no oírme.
-¡Dylan!-le digo agarrándolo del hombre y parándolo, para conseguir algo de aliento.
-¡Leire! Lo siento no te oía, llevaba los auriculares puestos... ¿Qué querías? ¿Te he dado mal el cambio o algo?-pregunta él.
-No, no, solo quería saber si podías comer conmigo-le digo cuando he recuperado el aliento, y lo miro, no puedo reprimir la carcajada, al ver su cara de asombro.
-Eh... claro, espera diez minutos, que tengo que ir al trabajo a dejar las cosas y podremos irnos-dice de nuevo con una sonrisa.
-Vale, te acompaño-le digo cogiéndole la mano, me siento mal, por hacerle esto, pero bueno, a lo mejor surge el amor, aunque no sea muy guapo, es mono, y es verdad que se parece a aquel estúpido, deben ser cosas mías...
-De acuerdo-dice mirando nuestras manos sonriendo.
Llegamos a la pizzería donde trabaja, deja la chaqueta, la gorra, y nos vamos a una hamburguesería.
-¿Te parece bien aquí?-pregunta cogiéndome de la cintura y mirándome. Creo que se está tomando demasiadas confianzas, pero como más rápido consiga salir con él, más rápido podré demostrarle a mi hermano que no soy una cobarde, y librarme antes de Dylan, sé que suena cruel, pero no es mi tipo de chico, es demasiado pegajoso...
-Claro-y le doy una de mis mejores sonrisas.
Entramos en aquella hamburguesería, comimos, y a los cuarenta y cinco minutos ya estábamos saliendo de allí, y dando una vuelta.
-Leire, me gustas mucho-me suelta de repente Dylan, me quedo con la boca abierta-sé que es muy precipitado, pero no sé, siento que a ti te pasa lo mismo conmigo...-me dice él-¿Quieres salir conmigo?-mierda... tengo que pensar alguna buena escusa para decir que no, no le quiero hacer daño, yo le gusto, pero yo no siento nada por él...
-La verdad es que me gustaría...-empiezo a decir, una sonrisa se posa en su rostro, entonces el ruido de una moto inunda toda la calle, pero yo sigo con mi discurso al ver que Dylan me sigue mirando-pero, no creo que debamos, no siento lo mismo por ti, y creo que no funcionaría...-pero al ver que la sonrisa sigue en su rostro, soy consciente de que no escucha nada de lo que digo por el ruido de la moto, cada vez más cercano a nosotros, la moto aparca a nuestro lado, yo miro hacia el chico que está montada en ella, lleva un casco negro, y con la visera bajada, así que no consigo ver que rostro esconde, pero Dylan parece saber quien es.
-Hola, Álex ¿qué quieres?-pregunta él, supongo que es su hermano, ya que Iván antes ha dicho el nombre de Álex al hablar del hermano de Dylan, y no me equivoco.
-Hola, hermanito, ¿Quién es tu acompañante?-pregunta quitándose el casco, su voz me resulta familiar, pero yo no le miro la cara, estoy más concentrada en lo que dirá Dylan a continuación.
-Es mi novia-dice él, yo no sé que hacer, se me han quedado los ojos como platos y la boca abierta, pero reacciono enseguida y sonrío.
-¿Enserio? Bueno, después del abrazo de esta mañana no me lo esperaba de ti...-dice, y sé que se dirige a mí, así que me giro hacia él y lo miro, y se me queda la misma cara de antes: ojos como platos, y boca abierta. El idiota de ojos azules es el hermano de Dylan. No puede ser.
-Tú...-le miro con cara de odio, aun no se me ha olvidado que espero una disculpa por su parte.
-Paz y amor, chiquitina...-dice agarrándome de la mejilla como las abuelas, pero le aparto la mano de una bofetada-dime que no me acabas de dar una bofetada...
-Álex, no...-dice Dylan que se interpone entre su hermano y yo, pero su hermano es más alto y más fuerte que él, y lo aparta con facilidad.
-Hermanito, no te muevas, que ahora te la devuelvo-dice acercándose más a mi, y cogiéndome como si de un saco de patatas se tratase, yo le empiezo a dar patadas-No, no, no, así no conseguirás nada...-dice empezando a caminar hacia su harley Davidson 833 R Sportster y sentándome delante de él, sus brazos cogen el manillar de la moto, y me aprisionan para que no escape-Ahora verás lo que es bueno.-Enciende la moto, las ruedas chirrían, y vamos por la carretera a toda pastilla esquivando a los coches con suerte.
-¡Bájame de aquí! ¡Estás loco!-digo vociferando.
-No estoy loco, solo ajusto cuentas, cuando me pidas perdón te bajaré sana y salva y te devolveré con el elenco de mi hermano-dice acelerando un poco más.
-Tú también me debes unas disculpas por si no lo recuerdas-le digo.
-Eso nunca ocurrirá, Álex Dupond no le debe disculpas a nadie, ni a ti enana-dice él, entre las quejas de los conductores por la alta velocidad, pero el va de cada vez más rápido.
-Pues Leire Cabret tampoco.
-¿Seguro?-dice el aumentando más la velocidad, aunque parezca imposible, al frente veo un edificio enorme, y el loco que conduce la moto donde estoy sentada, no hace ningún ademán de frenar ni un poco.
-¡Vale, vale! ¡Lo siento, lo siento! ¡Para por favor!-grito cuando estamos a unos 20 metros del edificio, las lágrimas se amontonan en mis ojos pensando que es imposible frenar a la velocidad que vamos, pero se ve que para el conductor de la moto no hay nada imposible, porque consigue frenar cuando apenas faltan unos 5 metros para estamparnos contra la pared.
-Así me gusta, enana.-dice volviendo a poner la moto en marcha, pero esta vez vamos con una velocidad moderada, y me lleva junto a Dylan “mi nuevo novio” por error...
-¡Estás loco!-le grita este cuando llegamos a su lado, Dylan viene hacia mi y me abraza.
-Pero si se lo ha pasado de muerte...-dice Álex, enfatizando la última palabra.
-Se lo diré a papá y mamá-dice Dylan, eso le ha sonado más infantil imposible...
-Díselo, mira como tiemblo-dice Álex, caminando hacia su moto.
-Recuerda, que hoy tienes que venir a cenar a casa-le dice Dylan, con una sonrisa en la boca, pero es una sonrisa de: de esta no te libras. Álex se para en seco a mitad de camino hacia su moto, se queda de espaldas a nosotros, gira la cabeza para vernos por el rabillo del ojo y dice:
-Allí estaré, pero Dylan, no olvides trae a tu noviecita, y se la presentas a papá y mamá...-dice él.
-Allí estará.
-Bien-dice Álex poniéndose el casco, subiéndose a su moto, y alejándose.
Yo empiezo a mentalizarme de que voy a conocer a los padres de Dylan, a que voy a tener que cenar con el idiota de ojos azules, y su hermano, que parece  que no se llevan muy bien, y fingir que de verdad me gusta Dylan, y somos una pareja feliz.

A saber que me espera dentro de unas horas.

domingo, 23 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 30

Amelia

Un pequeño rayo de luz, se cuela por mi ventana despertándome de aquel sueño extraño, que parecía tan real, una pelea en medio de la calle, un beso que despertó viejos sentimientos, toda una noche llorando, una llamada...
Me siento en mi cama y cojo el móvil que está en el comodín, miro la hora son las ¡ 12:30 ! He dormido un montón, después de mirar la hora veo en la pantalla del móvil:
-7 llamadas perdidas.
-3 mensajes.
Que raro... Pulso la tecla abrir para saber quien me ha llamado, y al verlo me doy cuenta de que ese sueño, había sido una realidad:
-1 llamadas perdida de: Lucas cari <3
-3 llamadas perdidas de: nº desconocido.
-1 llamada perdida de: Amanda!!
-2 llamadas perdidas de: Mamá ;)
¿Quién será el nº desconocido? ¿Qué querrá Amanda? ¿Y mi madre? Menos mal que puse el móvil en silencio, porque sino no habría dormido, ni un poco. Pulso la tecla para mirar los mensajes, el primero es de Amanda.
-Ame! No sé donde te has metido para no responderme a las llamadas, pero tenemos que quedar HOY, tengo que contarte una cosa... :’(
Ya la llamaré luego... ¿Qué me tendrá que contar? ¿Joel la habrá dejado? No, no creo... se quieren...
Vale, siguiente mensaje de Mamá:
-Amelia hija, no vendré a casa hasta mañana, tengo una reunión de trabajo fuera de la ciudad. Te quiere, mamá.
Bueno... no será la primera vez que me quede sola en casa durante todo el día, así podré estar más tranquila...
Y el último mensaje del número desconocido:
-Hola, Amelia, seguramente borraste mi número, bueno igualmente, soy Josh, quería saber si estabas bien, ya que Lucas volvió a la fiesta sin ti, y con la marca de una mano roja en la mejilla, así que supongo que no terminó bien... bueno, llámame si necesitas algo ¿vale? Te quiero, Josh.
Bff... ¿Por qué tenia que ser tan bueno conmigo? No se merece que no le quiera, bueno, la verdad, no se si le quiero o no, está claro que el beso de ayer por la noche, despertó sentimientos en mi, pero yo aun queiero a Lucas...
-¡Amelia! ¡Para! ¡Deja de pensar eso! Tú quieres a Lucas, y ya está, a nadie más.-me digo a mi misma en voz alta.
Como no tengo nada que hacer llamo a Amanda, y quedamos en su casa, cuando salgo de mi casa, el cielo está nublado, parece que va a llover, pero seguro que he vuelto cuando empiece a lover, así que no cojo paraguas.
Llego a casa de Amanda, y está en su habitación con Joel, y los dos me cuentan que Joel se va a California, por su padre.
-Bueno, yo sinceramente, no soy partidaria de las relaciones a distancia, porque no suelen funcionar-les digo, ellos ponen cara de decepción-Pero... a vosotros dos nos os separa ni una bomba nuclear, así que seguro que lo conseguís, y os podréis ver, Amelia puede coger vuelos baratos hacia California y tu, Joel puedes venir aquí... Será complicado, pero seguro que lo conseguís.
-Gracias, Amelia, no sé que haría sin ti-me dice Amanda abrazándome.
-Bueno, chicos, yo tendría que irme, que hablando, hablando ya son las 16:00, llevo aquí casi 2 horas...
-Vale...-dicen los dos-ya nos veremos en el instituto el martes, recuerda que mañana es fiesta.
-Sí.-les digo saliendo por la puerta.
En la calle caen unas pocas gotas de lluvia, pero por las nubes del cielo, veo que no tardará mucho en convertirse en un diluvio. Y es cierto, a los cinco minutos empieza a llover fuerte, y yo no llevo paraguas, así que me voy corriendo debajo de un árbol, para no mojarme tanto, y espero.


Me quedo allí esperando, hasta que alguien viene a mi lado y me tapa con un paraguas.
-¡Josh! ¿Qué haces aquí?-le pregunto aferrándome a él para no mojarme más de lo que ya estoy.
-La verdad, es que iba a dar una vuelta, pensando que no llovería, pero por si acaso he cogido un paraguas, cosa que por lo que veo tú no has hecho...-dice sonriéndome.
-Cierto... Yo venia de casa de Amanda, y ha empezado a llover...-digo yo.
Empieza a hacer mucho viento, y una ráfaga inesperada de viento le arranca de las manos el paraguas a Josh.
-¡Mierda!-dice él quitándose la chaqueta y poniéndomela encima, para que no me moje.
-¡Corre!-le digo cogiéndole de la mano y corriendo hacia mi casa, apenas son unos 2 minutos que quedan para llegar.
Empiezo a sacar las llaves de mi bolsillo cuando veo la puerta, y cuando entramos nos caemos al suelo de la prisa que tenemos por no mojarnos más, así que Josh acaba tumbado encima de mí. Se levanta un poco apoyando sus manos a los lados de mi cabeza, para no aplastarme, y nos miramos fijamente a los ojos durante unos segundos, unos segundos que parece que estamos completamente solos, vale, ya lo sé, en mi casa no hay nadie excepto nosotros dos, pero es como si todo lo que hay a nuestro alrededor desapareciera.
-Deberíamos ir a secarnos y cambiarnos de ropa-le digo.
-Oh, sí, claro, claro-dice apartándose de encima de mí y levantándose, y después mirándome de arriba abajo, y después se mira a él mismo-Creo... que deberíamos ducharnos...-dice enseñando sus blancos dientes en una sonrisa.
-Sí, yo también lo creo-le respondo riéndome-yo me ducharé en el baño de mi habitación, y tu puedes ducharte en el baño de allí-le digo señalando una puerta del pasillo-Ven, vamos a la habitación de mi hermano, que creo que cuando se fue de aquí  dejó un par de camisetas-mi hermano Andrés de 27 años se marchó de casa para estudiar en Australia hace unos 8 años, pero mi madre no ha cambiado nada de sitio en su habitación.
-Vale.
Entramos en la habitación de mi hermano, rebusco en el armario hasta que encuentro una camiseta blanca de manga corta que lo podría valer a Josh, y después unos vaqueros gastados.
-Toma, creo que esto te irá bien-le digo dándole las prendas que he cogido.
-Vale.
Lo acompaño hasta el baño y entro en mi habitación, que está justo en frente del baño. Me empiezo a desvestir en mi habitación, cuando la puerta de mi habitación se abre.
-¡Cierra la puerta!-le digo a Josh que se ha quedado con los ojos abiertos como platos al verme en sujetador en mi habitación-¡Vamos, vete!-le digo tapándome con las camiseta.
-Sí, sí, solo quería saber donde están las toallas...-dice él desde fuera de la habitación.
-En el armario debajo del lavabo.-le digo aun con las mejillas aun rojas.
-Vale, y perdón por entrar.
-¡Vamos, vete a duchar, ya, antes de que salga y te deje la cara como a Lucas!
-Sí vas a salir como te he encontrado, me parece bien-dice bromeando.
-¡¡Josh!!-le digo para que se vaya.
-Vale, vale.-y oigo sus pasos alejándose de la puerta.
Me meto en la ducha, y me relajo, pienso en Lucas, no podemos seguir enfadados, vale que no me hizo ni pizca de caso, pero yo también me puse un poco celosa, aunque no lo admitiese...
Salgo de la ducha, me pongo unos pantalones cortos, y una camiseta azul oscuro, y salgo de la habitación, y a la vez sale Josh, y como el pasillo no es demasiado ancho nos chocamos y nos quedamos pegados, y al alzar los ojos para mirarlo y veo que va con el torso desnudo, y la camiseta que le he dejado la lleva en la mano.
-Eh... Me va pequeña... venía a pedirte otra...-dice él después de unos segundos de silencio.
-Sí... Claro... Ahora vuelvo, voy a buscarte otra...-le digo un poco ruborizada.
Vuelvo a la habitación de mi hermano, y le cojo otra camiseta más grande y de color negro. Se la llevo a Josh, y se la pone, con esa camiseta ajustada se le notan todos los músculos del torso... ¡Para Amelia! Estás divagando...-pienso yo sacudiendo la cabeza para quitarme la idea de la cabeza.
Entonces suena el timbre de la casa y le digo a Josh que espere en el salón, que seguro que es la vecina. Me dirijo a la puerta, y abro, lo único que consigo ver es a un chico empapado hasta los huesos delante de la puerta.
-¡Lucas!-grito y corro hacia él, para abrazarlo, aún sigue lloviendo igual de fuerte que antes así que me mojo tanto como antes, y también me empapo por la camiseta de Lucas, que está mojada.
Él me estrecha entre sus brazos y abrazados nos quedamos en el umbral de la puerta, donde no podemos mojarnos.
-Te he echado de menos-me susurra él-fui un estúpido, no debí gritarte de esa manera.
-Shh... No pasa nada, ya está-le digo, entonces el cuerpo de Lucas se tensa completamente y se separa un poco de mí-¿Qué te pasa?-le pregunto, sus ojos miran por detrás de mí, así que sigo la dirección de sus ojos, me doy la vuelta, y allí plantado está Josh.
-¿Qué hace él aquí?-pregunta Lucas.
-Verás...Yo volvía de casa de Amanda, cuando se puso a diluviar, y no llevaba paraguas, y Josh me encontró empapada, entonces el viento se llevo su paraguas y corrimos hasta aquí, y como  íbamos empapados y sucios pues le he dejado que se duchase en el baño del pasillo mientras yo me duchaba en mi baño, y has llegado tú...
-Sí, yo ya me iba-dice Josh, también tenso, y acercándose a la puerta.
-¡Espera!-le digo antes de que salga, y Lucas se tensa y me mira al igual que Josh que se gira hacia mí con los ojos abiertos y con cara de: ¿Qué? ¿Cómo que espere?-Toma, llévate un paraguas, que aun llueve, ya me lo devolverás... La ropa te la puedes quedar, no creo que mi hermano la eche en falta...-le digo dándole un paraguas, ahora el cuerpo de Lucas está relajado y con cara de alivio, pero la cara de Josh, muestra una mezcla de tristeza y decepción.
-Gracias...-dice en un susurro casi inaudible, y sale por la puerta, abriendo el paraguas y alejándose.


-¿Me perdonas?-me pregunta Lucas cuando ya he cerrado la puerta.
-No hay nada que perdonar, está todo olvidado-le digo besándolo.
-Gracias-me dice apoyándome en la pared, y besándome más intensamente.
Los besos van subiendo cada vez a más intensidad, y la temperatura de nuestros cuerpos va aumentando, arrastro a Lucas dentro de mi habitación y nos tumbamos en la cama, y poco a poco nos desprendemos de nuestras prendas y hacemos el amor. Pero en mi mente en ese momento no solo está Lucas, sino que en un rinconcito está un chico con unos vaqueros gastados y una camiseta negra ajustada.


jueves, 13 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 29


Amelia

-¿Qué hacéis aquí?-nos pregunta Josh a Lucas y a mí.
-Soy el hijo de Eduardo Lamoretti-le dice Lucas, y me coge de la cintura, me mira primero a mí y después a Josh-Y ella es mi novia, así que la he invitado... ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?
-Yo soy el hijo de Ricardo Moreli, trabaja con tu padre, y me ha arrastrado hasta aquí... Pero... veo que esto no será tan aburrido ¿no?-dice él mirándome, yo le aparto la mirada y todo el cuerpo de Lucas se tensa, hasta que le cojo la mano.
-Lucas, vamos, tu madre nos llama-le digo a Lucas intentando que nos vayamos de allí.
-Pero si mi...-empieza a decir Lucas, pero le pellizco el brazo disimuladamente-Sí es verdad, vamos.
Lucas y yo nos vamos a un sitio apartado de Josh y del resto de los invitados.
-¿Qué te pasa?-le digo yo apoyando mi frente en su pecho.
-Nada... Que no me gusta como te mira ese tío.-me dice él acariciándome el pelo.
-Pues no te preocupes ¿vale? Porque solo con decirnos “hola” ya te has puesto nervioso... ¿estás celoso?-le digo con una sonrisa.
-¡No!-me dice, pero yo lo miro a los ojos-Bueno... Tal vez...
Yo suelto una carcajada.
-Me encanta cuando te pones así-le digo yo dándole un beso en los labios.
-¿Así, cómo?-me pregunta dándome otro beso, pero un poco más intenso.
-Como un niño pequeño, y celoso, me gusta que te pongas celoso-le digo yo besándolo con más intensidad.
-Yo no me pongo como un niño pequeño-dice él separándose de mí, frunciendo el ceño, cruzándose de brazos, y con voz de niño pequeño, nos miramos y nos reímos los dos, y nos fundimos de nuevo en un beso.
-Venga, vamos, que ahora empezará el baile, y quiero verte bailar.
-¿Qué? ¡No! Yo no pienso bailar...-me dice él sorprendido.
-Venga... Hazlo por mí...-le digo poniendo cara de pena.
-Que no... Amelia, no se me da bien bailar-me dice cogiéndome de la cintura, pero yo me aparto.
Y entonces una idea pasa por mi cabeza, seguro que con eso consigo que Lucas baile conmigo, aunque solo sea por orgullo...
-Pues... me iré a bailar con Josh, que seguro que él si que quiere bailar conmigo...-le digo acercándome mucho a él. Doy media vuelta, le doy con todo el pelo en la cara y empiezo a caminar lentamente hacia donde están todos los invitados, pero la mano de Lucas me coge de la mano y me gira y me acerca hasta él.
-Eso si que no... Antes haré el ridículo...-me dice él susurrándome al oído-pero, ¿no podemos negociar lo de bailar?-me dice besándome.
-No...-le digo volviendo a besarle.
-Pero yo no quiero bailar... Parezco un pato...-me dice él entre beso y beso.
-Pues no te daré más besos hasta que bailes conmigo...-le digo apartándome de él.
-Eso es injusticia pura y dura...-me dice él cogiéndome de la cintura y acercándome a él. Yo pongo mis manos en su pecho, pero cuando él va a besarme, yo giro la cara y me acaba dando un beso en la mejilla-Vale... Venga, vamos...-acaba resignándose él.
-¡Bien!-le digo yo sonriéndole y dándole un corto beso en los labios como agradecimiento.
La verdad es que lo que decía Lucas de que no sabía bailar era pura tontería, porque lo hacía genial, parecía el maestro en una clase de gente patosa que no sabe bailar nada de nada.
Más tarde nos sentamos en la mesa para cenar, en nuestra mesa denominada la de “los jovencitos” había dos gemelas rubias, Josh, yo y Lucas, a mí me toco sentarme en medio de Josh y Lucas, y al otro lado de Lucas las dos gemelas.
Para cenar nos dieron una quiche de jamón y queso, y de segundo un rico entrecote con salsa pimienta, de postre sacaron una tarta de tres pisos, pero casi nadie comió.
Estábamos todos sentados en la mesa, Lucas no paraba de  hablar con las dos gemelas rubias que estaban a su lado, y tengo que admitir que eso me molestaba un poco, porque no me hacía ni caso, como si no existiera, y pasaba de hablar con Josh, que en cambio no paraba de hablar de mi relación con Lucas...
-Tu novio no te hace mucho caso por lo que veo... Está bastante ocupado con sus dos gemelitas...-dice mirando hacia Lucas, y luego a mí, y decide cambiar de tema-Veo que me sustituiste rápido...-me dice él mirándome a los ojos, pero yo miro hacia otra parte.
-Josh... Lo nuestro no llegaba a ninguna parte...-le dije yo volviéndolo a mirar, y es que, Josh y yo habíamos salido juntos el año pasado, nadie lo sabía, lo manteníamos en secreto, en parte, porque mis amigas se volverían locas, y por la suya, que sus amigos se meterían con él por salir con una chica de 3º de ESO, así que salimos en secreto hasta que empezó el curso, y me encontré a Lucas en la calle, y supe que lo mio con Josh no tenía futuro, y lo dejé, fui un poco cruel, le dije que ya no le quería, no era del todo cierto, aún lo quería, pero quería mucho más a Lucas, él aceptó mi decisión diciendo que tampoco me quería... No vino a clase en una semana, pero cuando volvió no me dirigió la palabra en ningún momento, hasta el día que Lucas se coló en el instituto.
-Eso no lo sabes...-ahora es el que me aparta la mirada. Pero tiene razón, no lo sé.
La conversación con Josh se acaba ahí, y me giró en busca de alguna atención por parte de Lucas.
-Lucas...-le digo de forma melosa, pero él ni se inmuta-Lucas...-le repito, esta vez se lod digo en el oído, para asegurarme de que lo oye, y como respuesta obtengo, que Lucas mueva su silla más hacía las gemelas, como si quisiera apartarse de mí...
Yo resoplo, y en ese momento miro a mí alrededor, toda la gente de la sala está acostumbrada a estos tipos de fiesta, me siento sola, en ese sitio, como si estuviera encerrada en una caja de cristal y nadie pudiera verme.
-Lucas... ¿podemos irnos?-le digo agarrándolo el brazo, pero el se mira el brazo, junto a las dos gemelas que me mandan dos miradas asesinas, y Lucas aparta mi mano de su brazo.
-Ay, Amelia, estate quieta...-dice volviéndose a girar y seguir hablando con las gemelas.
-Pues me iré yo misma.-le digo levantándome de la silla y saliendo corriendo de allí, con las lágrimas en los ojos.
-¡Amelia!-grita Lucas, que parece que ha salido de su hechizo con las gemelas, y se digna a hacerme caso, pero ya es tarde, sigo corriendo hasta que estoy fuera de aquel edificio.
-Dentro, Lucas y Josh se levantan a la vez y vienen a por mí, justo cuando están en la puerta ambos se miran como diciendo: ¿qué hacemos?
-Creo, que ya has hecho suficiente por hoy, saldré yo.-le dice Josh a Lucas, y esté sin saber porque asiente y deja que Josh sea el que salga a hablar con Amelia.
-Amelia-dice Josh al verme sentada en el bordillo de la carretera tapándome la cara con las manos para que no me vea llorar.
-Déjame en paz-le digo entre sollozos.
-Vamos, venga, no llores-me dice sentándose a mi lado.
-¿Porqué los chicos sois así?-le digo girándome para mirarle, seguramente tenga todo el rímel corrido por la cara...
-¿Cómo, que porque somos todos así?-me pregunta confuso.
-Sí, a veces sois un encanto y cariñosos, y otras sois unos estúpidos, que hacéis como si no existiésemos, a no ser que seas preciosa, como las dos gemelas pijas de allí dentro.
-Tú eres preciosa...-me dice acariciándome el pelo.
-Eso, no es verdad... no soy preciosa...-le digo.
-Sí que es verdad, y lo sabes, porque no será por veces que yo te lo  haya dicho, y seguro que tu nuevo novio, también te lo ha dicho alguna vez, ¿o me equivoco?-me pregunta mirándome a los ojos.
-No, no te equivocas... Pero también ha pasado de mí olímpicamente esta noche...-le digo apoyando mi cabeza en su hombro.
-Seguro, que no lo ha hecho a propósito... Él te quiere, y tu a él, y eso es lo que importa-me dice él pausando las últimas palabras, como si le costase admitir lo que está diciendo.
-¿Porqué quieres que lo arreglé con Lucas?-le pregunto.
-Porque: no quiero que estés mal, porqué me preocupo por ti, porque me sigues gustando, porque soy tu amigo y porqué sé que quieres a... Lucas...-me dice él tardando en decir el nombre de Lucas, e igual que antes como si le costase decir que mi novio es Lucas, pero mi mente se ha quedado en una de sus razones de porque quiere que lo arregle con Lucas.
-¿Qué?-digo con los ojos muy abiertos, y mirándolo-¿Cómo que te sigo gustando?
-Pues eso, ya lo has oído...-dice apartando la mirada, se notaba que estaba incómodo.
-Pero sí cuando lo dejamos los dos dijimos que no nos queríamos...-digo yo un poco confusa.
-Eso no es cierto, tú decidiste dejarme, diciéndome que ya no me querías, pero yo me limité a aceptar tu decisión, ¿por qué si no iba a faltar a clase una semana? ¿Por amor al arte? No... Esos días estuve pensando en ti, cada hora, cada minuto, cada segundo, hasta que decidí, que lo mejor sería evitarte...
-Yo... No sé que decir... Pensaba que ya no sentías nada por mí...-le dije.
-Ya, bueno, igualmente, todo hubiese sido igual que ahora, solo que tú hubieses sabido antes de mis sentimientos...-dice él por fin girándose para mirarme.
-A lo mejor no...-digo yo en un susurro, pero Josh consigue oírlo
-¿Cómo?-dice él.
-No, nada, nada...-digo evitando el tema, pero él no se da por vencido.
-Me estás diciendo que si cuando cortamos, yo te hubiese dicho que te seguía queriendo, ¿seguirías saliendo conmigo y te hubieses olvidado de Lucas?-me pregunta, con cara de saber la respuesta.
-No...-le digo.
-Pues no tenía sentido decírtelo...-dice él-Oye-dice cambiando de tema-debería ir a buscar a tu príncipe azul allí dentro, estaba esperando para salir...
-Vale...-le digo yo, la verdad es que no me apetecía mucho hablar con Lucas, con Josh se estaba bien, pero tenía que enfrentarme a Lucas, así que dejé que fuera a buscarlo.
Me levanté junto a Josh, nos miramos, le di un beso en la mejilla, y empezó a irse hacia el edificio, pero se paro.
-Amelia...-dijo volviéndose a acercarse a mí.
-Dime-dijo con una sonrisa.
-Antes de que me dejaras, quise darte una cosa, pero te fuiste enseguida, así que no tuve oportunidad...
-¿El qué?-le dije sin pensar en lo que podría pasar después.
-Esto-dijo, me puso una mano en la nuca, otra en la cintura y me besó.
No recordaba sus besos, pero al sentir sus labios sobre los míos una llama en mí se encendió, haciéndome recordar todas las veces que estuvimos juntos en la playa paseando, y besándonos hasta el anochecer.


En vez de apartarme le correspondí el beso sin saber muy bien porqué, me puse de puntillas para llegar mejor, le rodeé el cuello con los brazos, sabía que aquello estaba mal, mi novio estaba muy cerca de allí, apenas a unos metros, podía salir en cualquier momento, así que me aparté de Josh apoyando mi frente en la suya.
-¿Porqué me has besado?-le pregunté aun sin aliento a causa del beso.
-Ya te lo he dicho, no tuve oportunidad de hacerlo en su momento-me dice con una de sus mejores sonrisas-Ahora sí, voy a buscar a Lucas.
-Que remedio...-le digo, la verdad es que ahora me apetece menos aun hablar con Lucas... Seguro que viene diciendo que él no ha hecho nada...
Josh entró a por Lucas, y a los pocos segundos vi como la figura de Lucas se acercaba a mí lentamente, y se paraba delante de mí, pero no dijo nada, solo me miró.
-¿Qué?
-¿Qué de qué?-dijo él.
-¿No piensas decir nada?-le pregunte con los ojos abiertos.
-¿Qué voy a decir? Eres tu la que ha salido corriendo de allí dentro.
-¡Pero por tu culpa!-le dije anonadada.
-Sí, claro ahora la culpa será mía.
-Pues sí, si no te hubieses pasado toda la noche hablando con esas dos y me hubieses hecho un poco de caso, esto no habría pasado.
-Estás celosa...-dijo él con una sonrisa socarrona en la boca.
-¡No estoy celosa! Solo quiero que me preste s un poco de atención de vez en cuando.
-¡Vamos, Amelia! Sí no he hecho nada...-me dice él.
-No que va...-le digo yo cada vez subiendo más el volumen.
-¡Vamos dentro Amelia!-dice él cada vez perdiendo más los nervios.
-¿Para qué? ¿Para qué sigas pasando de mí? No, gracias.-digo ya gritando, algunas personas en la calle se giraban para mirarnos curiosos, pero no me importaba, las mejillas se me encendían, los ojos me escocían, eso significaba que iba a empezar a llorar en cualquier momento.
-¡No! ¡Porqué nos están esperando!-dijo Lucas perdiendo los nervios y gritándome.
-¡Me da igual quien nos está esperando, no pienso volver ahí dentro!-le digo-¡A ti solo te interesa que piense la gente de ti! ¡No te importo una mierda!
-¡Eso no es verdad! ¡Me importas! ¡Pero tenemos que volver dentro nos están esperando!-dijo él aun gritando, ahora toda la calle nos miraba atentamente.
-¡Vete tu si tanto te importa estar allí con tus dos gemelitas! ¡Yo me voy!-dije girándome y empezando a andar, todo el mundo me miraba, pero después lo pensé mejor di media-vuelta y caminé hacia Lucas que sonreía pensado que había logrado que entrase en razón y entrásemos dentro, pero lo que hice fue algo muy distinto, me acerqué a él sonriéndole y le di una bofetada en la cara-Así aprenderás.-sentencié, y entonces si que me marché, y llorando y corriendo llegué a mi casa.
Como mi madre no estaba me encerré en mi habitación, me quité el vestido arrojándolo al suelo, me puse unos pantalones cortos y una sudadera, y me senté en mi cama. Me tapé la cara con las manos y lloré.

Mi móvil sonó, me sequé los ojos con el dorso de la mano, y miré quien me estaba llamando, Lucas, no se lo cogí, ni esa ni les 14 veces siguientes que me llamó, hasta la última, que decidí que ya era hora de hablar con él, ya me había calmado, y creo que era capaz de mantener una conversación estable.
-¿Diga?
-Soy yo, Lucas.
-¿Qué quieres?-le dije lo más seca que pude.
-Pedirte disculpas...-dice él.
-Lucas, estoy cansada ya hablaremos otro día...-le dije intentando hacerle ver que seguía enfadada y no quería hablar con él.
-Enserio que no te entiendo...-dice el frustrado.
-¿El qué no entiendes?
-Me dices que me preocupe más por ti, que te haga más caso, y después de 14 llamadas te dignas a contestarme, yo intento hablar, te pido perdón ¿y tú me vienes con que estás cansada? Pues que quieres que te diga pero no te entiendo
-Es que, Lucas, no todo se arregla con una simple llamada-y le cuelgo.
Vuelvo a llorar, hasta que me quedo dormida sin más lágrimas que salgan de mis ojos.

sábado, 8 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 28


Amanda

Cuando las chicas se han ido, me preparo y bajo al sitio donde siempre quedo con Joel. Él ya está allí esperándome.
-¡Buenos días, amor!-le digo a Joel cuando estoy a su lado.
-¡Buenos días, preciosa!-me dice rodeándome la cintura con los brazos y besándome.
-Te he echado de menos.-le susurró en los labios besándolo otra vez.
-Yo también a ti-me dice abrazándome como si la vida le fuese en ello.
-Jo-Joel... N-no pued-do r-respirar...-le digo poniéndole las manos en los hombros y apartándolo un poco.
-Lo siento, ha sido sin querer, no quería hacerte daño, ¿estás bien?-dice él atropelladamente.
-Joel, escúchame, estoy perfectamente, no pasa nada ¿vale? ¿Por qué estás tan nervioso?
-¿Tanto se nota?-me dice apoyando su frente en la mía.
-Pues un poquito sí...-le digo yo dándole un pequeño beso en los labios-¿qué te pasa?
-No...Aún...No...Quería...Decírtelo...Pero...Es...Complicado... ¿Entiendes?-dice él entre pausas.
-¡Ay, Joel! ¿Cómo quieres que te entienda si hablas así? Dime lo que sea...-le digo y entonces caigo en la cuenta de lo que a lo mejor quiere decirme-¿Quieres...cortar conmigo?
-¿Qué?-me dice con los ojos muy abiertos-¡No! ¡Claro que no! Amanda, tú...tú eres...eres mi vida-me dice abrazándome.
-Y tú la mía, no sé que haría sin ti-le digo con los ojos llorosos.
-¡No! No digas eso...-me dice como si estuviera enfadado, pero enseguida se relaja-no digas eso, tú harás tu vida...
-¿Pero que quieres decirme Joel? Me estás liando, no sé que pensar...-le digo.
-No es fácil decir estás cosas.
-Joel, no puedo más, estoy histérica, dímelo ya.
-De acuerdo...-dice él mirando al cielo.
-¿Y bien?-le digo animándolo a que lo diga, entonces él me mira intensamente a los ojos.
-Me voy.
Entonces, todo mi mundo se desvanece, siento como algo dentro de mí muere, y las ganas de llorar se intensifican, pero no dejó que las lágrimas broten de mis ojos, no.
-¿Cómo que te vas?-le digo yo mirándolo a los ojos, pero él aparta la mirada, notó, como lo pasa mal, sé que le está siendo difícil explicármelo.
-Sí, me voy, me marcho a California, a mi padre le han ofrecido un trabajo allí, y ha aceptado...
-Bueno, pero volverás ¿no? No será por mucho tiempo, uno a dos meses ¿no?-le digo yo intentando creer lo que digo, pero sé que seguramente será mucho más tiempo.
-No...El contrato son dos años, Amanda...-y cuando acaba de decir esa frase yo no puedo más y me hecho a llorar y me abrazo a él.
-No, no puedes irte, dile que te quedas aquí a tu padre
-No puedo quedarme, tengo que tener 18 años.
-Pero ya casi tienes los 17, los haces el mes que viene, día 8 de julio.
-Ya pero no tendré los 18, cuando tenga 18 años te prometo que vendré lo antes posible, y estaremos juntos.
-No lo dudes...-le digo besándolo-Pero... ¿como lo haremos durante todo el año que estés allí?
-No lo sé, nos enviaremos correos, nos llamaremos todos los días...
-Joel... las llamadas a otros continentes cuestan un montón...
-Bueno, pues, ya...ya nos las arregláremos, pero no quiero separarme de ti.
-Ni yo de ti-le digo besándolo.
Nos quedamos abrazados, y después vamos a mi casa a ver una película, me deja elegir así que le pongo Titanic, como cada vez que la veo acabo llorando por la muerte del protagonista.
-¿Te quedas a dormir aquí por favor?-le digo abrazándolo.
-Vale, pero ¿y tu madre?-me pregunta él.
-Volverá de madrugada, no te preocupes.
-De acuerdo.
-¿Preparamos la cena?-le pregunto.
-Sí, ¿qué hacemos?-me pregunta dándome un cariñoso beso en la frente.
-No sé, creo que hay unos espaguetis preparados en la nevera.
-Pues vamos a cenar espaguetis-me dice él.
Calentamos lo espaguetis en el microondas, y cenamos unos ricos espaguetis a la boloñesa.
-Estoy llenísima-le digo yo tirándome en el sofá.
-Yo también.
-Y pensar que no volveremos a poder pasar estás tardes juntos más...-le digo yo abrazándolo.
-No digas eso, dentro de un año, tendremos todo el tiempo del mundo para estar juntos, seguro que al final te cansas de mí y todo...
-Eso nunca pasará.
-Pues, seguro que este año que esté fuera me olvidarás y cuando vuelvas dirás: ¿Joel? ¿Quién es ese?-me dice él bromeando.
-Eso nunca pasará, eres demasiado importante para mí, como para olvidarte.-le digo-Pero... ¿Y tú?
-¿ Y yo, qué?
-¿Te olvidarás de mí?-le digo yo mirándolo a los ojos.
-¿Yo?-dice señalándose con  el dedo índice-¿Olvidarme de ti?-levanta las cejas y niega levemente con la cabeza-Nunca.
Nos quedamos abrazados en el sofá, hasta que estamos demasiado cansados y decidimos irnos a la cama a dormir.
-Te quiero-me susurra él en el oído cuando ya estamos tumbados.
-Yo también te quiero-le digo mirándolo a los ojos, entonces una idea se me pasa por la cabeza, es una locura, pero por amor se hacen las mayores locuras ¿no?-Cásate conmigo.
-¿Qué?-me dice él sorprendido.
-Quiero casarme contigo, no ahora, cuando vuelvas, así ya estaremos prometidos, y será como una promesa, una promesa de amor,  durante este año que tú estés fuera, no nos olvidaremos el uno del otro.
-Entonces ya eres mi prometida-me dice él sonriéndome y cogiéndome de la cintura.
-¿Sí?
-Sí. Pero no podemos casarnos así a la ligera, ¿dónde nos casaremos?
-En la playa, yo llevaré un vestido de novia blanco y tú un traje negro, y las damas de honor serán Amelia y Leire, haremos una cena allí mismo, en la playa, a la luz de la luna, y bailaremos juntos hasta el amanecer.
-Me parece genial.
-A mí también.
Nos quedamos un rato en silencio abrazados, y me doy cuenta, de lo vacía que estará mi vida sin Joel, aparte de Amelia y Leire, no tendré nadie a quien recurrir, nadie a quien puedes abrazar sin motivo alguno, nadie con quien pasar la tardes, solo a alguien para echar de menos... No sé que haré sin Joel, mi vida estará incompleta... Tenemos que disfrutar de las cosas que querríamos hacer durante este año que el no estará en tan solo lo que le queda de estar aquí, en Francia. Entonces me acuerdo de que aun no le he preguntado cuanto tiempo nos queda para estar juntos.
Lo miro a los ojos y le pregunto:
-Y... ¿Cuándo te vas?-él me mira con cara de tristeza, baja la mirada, piensa, y me mira a los ojos otra vez.
-En una semana.


jueves, 6 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 27


Amelia

Ese mismo día
Mientras iba hacia el parque donde había quedado con Lucas voy pensando una excusa convincente, pero no se me ocurre ninguna, lo mejor será que le cuente que me quedé dormida...
Llego al parque y lo veo, está sentado en un banco mirando al suelo. Me acerco a el por detrás y le tapo los ojos con las manos.
-¿Quién soy?-le pregunto susurrándole al oído.
-Amelia...-me dice él girándose y dándome un pequeño beso en los labios.
-¡Lo siento! Me quedé dormida y...-le empiezo a decir, pero Lucas me pone dos dedos en los labios en señal de que me calle.
-Shh... Eso da igual, ¿estás aquí no? Pues ya está-me dice con una de sus mejores sonrisas.
-Eres el mejor-le digo abrazándolo.
-Ya lo sé-me dice él.
-Te lo tienes bien creído ¿eh?-le digo yo levantando las cejas.
-Es lo que toca-me dice él cogiéndome de la mano y sentándome en el banco junto a él.
-Bueno, ¿que me querías decir?
-¿Qué te quería decir?-me mira él con cara de confundido.
-Sí, por eso estamos aquí... ayer me dijiste: Quedamos mañana, que te tengo q explicar una cosa.
-¡Ah, vale! Sí, por eso, a ver mañana mi padre hace una cena con toda la familia y sus compañeros de trabajo, y era para saber si tu querías venir...
-Sí, claro, ¿porqué no?, y ¿dónde es?-le pregunto yo.
-Mi padre ha alquilado una sala de fiestas, cerca de aquí, es que mi padre es muy formal y todo el mundo irá con traje y eso...
-Pues tendrás que llevar traje-le digo yo imaginándomelo vestido de etiqueta.
-Y tú, vestido-me dice él.
-Es verdad, me pondré un vestido rojo que tengo en casa-le digo pensando en el vestido rojo que me compré hace unos meses y no me he vuelto a poner.


-Vale, entonces tú ya estás arreglada, quedo yo, pero creo que también tengo un traje por mi casa de alguna fiesta que hicieron, a lo mejor aún me vale...
-Muy bien, ¿qué hacemos?-le pregunto sentándome encima de él.
-Pues no lo sé... ¿te vienes a comer a mi casa?-me pregunta él.
-No... Ya es hora de que vuelva a mi casa, y hable con mi madre... pero puedes venir tú a comer a mi casa...
-¿No sería un poco extraño? No sé... es que tu madre y tu os peleasteis por culpa de que tenias pareja, así que sería un poco violento que apareciera allí ¿no?
-¡Pero que dices! Por mucho que se queje mi madre sobre ti no hará que cambié de opinión respecto a salir contigo, y así le quedará más claro... ¿no te parece?
-De acuerdo...-dice él dándome un suave beso en los labios.
-¿Vamos?
-Sí.
Lucas y yo fuimos caminando hacía mi casa, él llamó a sus padres diciéndoles que no iría a comer. Cuando llegamos al portal de mi casa respiramos hondo y entramos.
-¿Quién es?-se oyó a mi madre desde la cocina.
-Soy yo mamá-le respondo acercándome a la puerta de la cocina con Lucas detrás de mí.
-¡Amelia!-grita mi madre, y sale corriendo de la cocina y me abraza-¿estás bien cariño?
-Sí mamá, estoy perfectamente.
-¡Gracias a Dios!-me dice y me abraza tan fuerte que casi no  puedo respirar-estaba preocupadísima, lo siento, lo siento muchísimo, no debí decirte eso...
-Sí, bueno, no pasa nada, yo también me enfadé...
-¡Lucas! Cariño ven aquí a darme un abrazo-dice mi madre que se ha percatado de la presencia de Lucas en el salón. Lucas se acerca a ella y le abraza-Gracias por cuidar de mi niña estos días, no sé que haría si le pasase algo.
-No se preocupe señora.
-¡Oh, no, no! No me llames señora, llámame Kate.
-Vale.
-Bueno, mamá veníamos a comer, ¿te va bien?-le pregunté yo entrando en la cocina a mirar que estaba preparando para comer.
-¡Por supuesto!
-Mmm... ¡Pizza!-digo yo.
Esperamos a que las pizzas estén listas, mientras esperamos nos sentamos en el salón a ver la tele, un rato más tarde mi madre nos llama y comemos.
Mi madre actuaba como si no hiciera una semana que no aparecía por casa, actuaba como si solo hiciera unas horas que no me veía, hablaba con  Lucas y parecía a gusto, cuando terminamos de comer Lucas se despidió y se fue a su casa porque tenía que ayudar a sus padres a organizar la fiesta de mañana.
Ese día fue tranquilo, por la tarde hablé un poco con mi madre, vimos una película fuimos a hacer la compra, cenamos y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente Lucas me llamó para decirme que me vendría a recoger a las 20:30h para ir a la fiesta de su padre, que estuviese lista.
Pasaron las horas yo me fui preparando para irme con Lucas, cuando por fin fueron las 20:30h el timbre sonó.
-¡Uau!-dijo Lucas al verme.
-Tu tampoco estás mal-le dije besándolo-¿nos vamos?
-Claro.-me respondió, le lancé un grito a mi madre diciéndole que me iba y cerré la puerta.

Nos fuimos a pie a aquella sala que su padre había alquilado, cuando llegamos me quedé con la boca abierta, era enorme, con mesas decoradas una pista para bailar, era increíble.


-La gente todavía no ha llegado, pero no tardarán mucho-dijo el padre de Lucas que ya estaba allí.
-Vale-le respondió Lucas.
-¿Habrá mucha gente?-pregunté yo.
-Bastante, si no me equivoco somos unos 120-dijo el padre de Lucas.
-Okey-dije yo.
-¡Oh, mira! Aquí llegan los primeros invitados.
Lucas y yo nos quedamos con la boca abierta al ver reconocer a uno de los invitados.
-¿Sabías que vendría?-le pregunté a Lucas.
-No tenía  ni idea-dijo el.
Lucas y yo nos quedamos observándolo, hasta que se acercó a nosotros, bueno más bien diría que se acercó a mí, aunque yo tuviese a Lucas cogido de la mano.
-Hola, Amelia-me dijo  él cortésmente y con una sonrisa en los labios. Cuando lo dijo noté como todo el cuerpo de Lucas se tensaba y me apretaba más fuertemente la mano.
-Hola, Josh-respondí.