jueves, 23 de agosto de 2012

CAPÍTULO 26


Leire

-Despertad...-digo yo aun adormilada.
-Ya va, ya va...-me responde Amelia aun con los ojos cerrados.
-¿Qué hora es?-pregunta Amanda que  acaba de despertarse.
-No sé...-digo yo.
-¡Las 12:30!-dice Amelia que acababa de mirar su reloj-¡Mierda! Había quedado con Lucas a las 11:30...
-Pues el pobre chico se habrá cansado de esperar...-dice Amanda.
-Sí...-digo yo-yo también tendría que irme, tengo que comer en mi casa, y no falta mucho para la hora de comer...
-Pues nos vamos juntas-dice Amelia que ya se ha vestido.
-Vale-le respondo yo que me estoy empezando a poner los pantalones-¡Mierda! He perdido el DNI...
-Seguro que se te cayó ayer por la noche cuando te tropezaste con ese imbécil...-me dice Amelia.
-Sí, seguro que se quedo en el suelo...-afirmo yo, la verdad es que no había vuelto a pensar en el chico de ojos azules...-bueno, nosotras nos iremos yendo... 
-Vale, ya nos veremos...-die Amanda, entonces pone cara de susto y se gira hacía la ventana cerrándola rápidamente-¡Ups! Eh...chicas, a lo mejor Joel ha visto algo...
-¡¿Qué?! -decimos Amelia y yo al unísono-será pervertido-dice Amelia.
-¡No! Es que normalmente sobre esta hora los fines de semana solemos vernos abajo, pero él antes de bajar SIEMPRE y digo siempre mira por la ventana para asegurarse de que yo también bajaré...-dice ella encogiéndose de hombros.
-Pues haberle avisado de que hoy no tocaba besuquearse en el jardín...-digo yo, medio en broma, no sé como pero cuando Amanda habla de Joel ya no me dan esos celos de antes, ahora es como no sé como si me diera igual...
-Ja. Ja. Ja.-me dice Amanda, y su móvil empieza a sonar mira quien es y dice- Es Joel...
-Cógelo, y dile que es un pervertido-dice Amelia.
-Vaaaaale-dice Amanda respondiendo a su móvil-Hola, cariño.
-Que cursi que es...-le susurro a Amelia que se ríe de mi comentario.
-Cuando te enamores de alguien y os queráis ya me dirás lo que es ser cursi...-me dice.
-No creo, nunca más me enamoraré, es mi regla número uno.
-Sí, sí, ya me lo dirás...-me dice Amelia.
-Sí, te echo de menos-oímos a Amanda decir, y entonces le digo que ponga el altavoz y ella accede sin decirle nada a Joel-bueno, no habrás estado mirando mucho por la ventana ¿no?
-¿Qué entiendes tú por mucho?-dice él.
-Joel, ya me entiendes, contéstame-dice Amanda un poco más seria.
-Vale, que sin no te enfadas, no en realidad solo he visto como se vestía Amelia, no he podido ver nada más, por desgracia.
-Será...-dice Amelia, pero logro taparle la boca para que Joel no la oiga.
-Tonto...-le dice Amanda.
-¿Yo? ¿tonto? Ni un pelo...-dice él riéndose.
-Eres un idiota-le dice Amanda, pero de forma cariñosa.
-¿Ah, sí? Pues adiós-y cuelga.
-No me puedo creer que me haya colgado-dice Amanda con la boca abierta.
-Volverá a llamar, ya verás-le digo yo convencida de lo que digo, y entonces se oye la melodía Pan y Mantequilla de Efecto Pasillo-Ves... tengo razón...
-Hola-dice Amanda que ha descolgado el móvil-Me has colgado...
-Ha sido una broma, a y en realidad no he visto nada ¿eh? Tengo buena vista, pero aun no tengo Rayos X y a ti solo te veo porque te acercas a la ventana...-dice él con un tono dulce.
-Vale... pero no me vuelvas a colgar ¿eh?-le dice Amanda bromeando.
-Que no...-dice él.
-Bueno, te dejo que estas dos se tiene que ir...
-Vale, ¿después quedamos?
-Claro, te parece ¿en media hora abajo?
-Genial te esperaré-dice él-Adiós, princesa.
-Adiós, amor.
-Que cursis que sois, de verdad-le digo yo riéndome a carcajadas.
-Ya te tocará, ya-me dice Amelia.
-Cierto, después la cursi serás tu-dice Amanda.
-Lo dudo mucho-digo yo.
-Bueno, nosotras nos vamos ¿no Leire?-dice Amelia.
-Sí-le respondo dirigiéndome a la puerta.
-Bueno ya nos veremos ¿eh? Hoy por la tarde os llamo.
-Vale-decimos Amelia y yo a la vez.
-Chao-le digo a Amanda.
-Adiós.
Amelia y yo salimos por la puerta de casa de Amanda y vamos en silencio hasta que le pregunto:
-¿Dónde habías quedado con Lucas?
-¡Ostras! Ya se me había vuelto a olvidar, habíamos quedado en la plaza al lado del instituto.
-Que desastre de chica, si quieres te acompaño hasta allí...
-No hace falta.
-Vale, bueno yo me voy por aquí-le digo señalando una calle.
-Vale, ya nos llamamos-me dice dándome dos besos.
-¡Chao!-le digo mientras empiezo a andar hacia mi casa.
Cuando estoy llegando al portal veo que hay un chico sentado con los codos apoyados en las rodillas y mirando el suelo, como está en medio de la puerta no puedo pasar.
-Perdona, ¿me dejas pasar por favor?-le digo, y entonces me doy cuenta en que no había notado mi presencia hasta que le hable, pero aun así no levanto la cabeza, parecía cansado de esperar a alguien...
-Sí, claro...-tenía una voz muy dulce, y entonces levantó la cabeza, los dos nos quedamos con las bocas abiertas.
-¡Tú!-le digo yo rabiosa mirándole a esos ojazos azules que derriten-¿Has venido a pedirme disculpas por tirarme anoche o qué?
-Ya te gustaría a ti, que hubiese venido por eso-me dice, y su voz ya no es aquella tan dulce de antes sino que suena como un chico macarra que se mete en peleas, y la forma en que va vestido lo hace parecer aun más, va con unos vaqueros ajustados, una camiseta blanca, y una chupa de cuero negra, va bastante guapo, bueno, es bastante guapo, pero es un imbécil, y no estoy dispuesta a aceptar imbéciles en mi vida.-¿Te gusta lo qué ves?

-¿A que has venido?-le pregunto yo, evitando su pregunta.
-Ha devolverte esto-me responde él tendiéndome algo en la mano.
-¡Mi DNI! Ya lo daba por perdido totalmente.
-Lo encontré después de que te fueras, al empujarte se te debió caer, así que mirñe tu dirección y vine hasta aquí.
-¡Gracias! –le digo yo eufórica, y entonces sin pensar en mis actos le abrazo fuertemente, pero enseguida me aparto-Lo-lo siento... ha sido por la emoción...-consigo murmurar roja como un tomate.
-No pasa nada-me dice él sonriendo, tiene una sonrisa preciosa y brillante-Adiós, ya nos veremos...
-Adiós...-le digo yo, y me quedo viendo como se aleja en ese mediodía de domingo... Vale, sí puede que estemos a sábado, pero quedaba mejor decir domingo...



martes, 14 de agosto de 2012

CAPÍTULO 25


Leire

VIERNES

Salimos de clase, y las chicas y yo nos vamos a comer juntas, hemos hecho un plan para este día, esta noche me quieren llevar de fiesta, lo que tenemos que hacer hoy es:
  • Ir a comer todas juntas
  • Irnos de compras a comprar: vestidos para la noche, zapatos y complementos.
  • Ir a la peluquería.
  • Ir a casa de Amanda para vestirnos y maquillarnos.
  • Salir de fiesta y conocer chicos.

¿Qué? ¿Os gusta nuestro plan? A mí sí, todas hemos cogido todos nuestros ahorros para esta noche estar increíbles.
-¿Dónde vamos a comer?-pregunta Amelia.
-No sé-dice Amanda.
-¿Por qué no vamos a la pizzería que está aquí al lado?-digo yo.
-Vale-dicen ellas dos.
Nos fuimos a comer a la pizzería y después empezamos a decir tiendas donde hay vestidos de noche bonitos.
-Podemos ir a la de las esquina de al lado de mi casa-dice Amanda.
-Es verdad, allí siempre hay vestidos bonitos.
-¿Pues a que esperamos?-digo yo animada.
-Vámonos-dice Amanda.
Nos fuimos hacía la tienda, pero cuando estuvimos allí no encontramos ningún vestido que nos gustase así que nos fuimos a otra tienda que estaba por los alrededores.
-Este vestido me gusta, pero no me queda bien así que nada...-dije yo.
-A mí me pasa lo mismo-dijo Amanda.
-Yo aún no he visto ningún vestido que me guste...-dice Amelia.
-Seguro que al final encontramos uno para cada una.
-Bueno, vamos a la tienda de la plaza, allí tiene que haber algún vestido bonito.
-Es verdad, a la tercera va la vencida, venga vamos-digo yo.
Nos vamos hacía la plaza, y cuando llegamos a la tienda entramos y enseguida cada una encuentra el vestido ideal para ella.
El de Amelia es un vestido corto de color verde que contrasta con sus ojos a la perfección, le queda genial.

El de Amanda es un vestido azul muy bonito, también es corto igual que el de Amelia y también el mio, a Amanda ese vestido hace que sus ojos color azul zafiro brillen más.

Y mi vestido es de color lila con un brillante en la parte izquierda que le da un toque sofisticado, me encanta este vestido, encuentro que me pega mucho, y con mi pelo y mis ojos va muy bien.




 -Los tenemos-dice Amanda cuando salimos de la tienda.
-¡Sí!-digo yo.
-Faltan los zapatos y complementos-dice Amelia.
-¡¡Pues venga a comprar zapatos!!-dice Amanda.
Nos vamos a una zapatería que está en frente de la tienda de vestidos y allí también nos compramos unos collares muy bonitos que estaban en la tienda: los zapatos de Amelia son de color negro, altos, contrastan con su pelo negro:

Los míos son del color de mi vestido, también son tacones altos, con estos tacones somos mucho más altas, nos cuesta caminar un poco, pero pronto le cogemos la práctica, si hay suerte no se nos rompera ninguna esa noche:



Y los de Amanda son de un color muy parecido al de su vestido que le quedan muy bien, y al igual que el vestido resaltan aun más el color de sus ojos:



-Vale, ya lo tenemos todo-digo yo.
-Sí-dice Amanda.
-Ahora toca peluquería-dice Amelia.
-Sí, vamos a una que hay en la avenida, conozco al propietario y nos hará descuento.
-¿Conoces al propietario eh Amanda?-dice Amelia moviendo las cejas arriba y abajo.
-Sí, lo conozco es muy guapo...-dice Amanda bromeando.
-¿Ah, si? ¿Y como es?-dice Amelia que no se ha dado cuenta del tono de broma de Amanda y esta decide seguirle la broma.
-Pues mi TÍO tiene os ojos azules, es rubio...-dice y entonces al ver la cara de Amelia, Amanda y yo nos ponemos a reír a carcajadas.
-Ah, tu tío...-dice ella desanimada, pero enseguida se pone a reír con nosotras.
Llegamos la peluquería, Amanda le explica a su tío que por la noche nos vamos de fiesta y que queremos estar preciosas, así que su tío prepara a tres chicas que trabajan allí y a cada una les dice un peinado diferente, pero no consigo oír cuales son así que será ¡sorpresa, sorpresa! Las tres chicas se ponen manos a la obra.
Cuando acaban nos giran todas hacia el espejo para que nos veamos.
-No me lo puedo creer-dice Amelia cuando se ve en el espejo.
-Me encanta-digo yo.
-Es fantástico-dice Amanda.
-¿Os gusta?-pregunta el tío de Amanda.
-¡Sí!-respondemos las tres a la vez.
-Me alegro-dice él.
Salimos de la peluquería y nos dirigimos a casa de Amanda para cambiarnos y maquillarnos.
Cuando ya nos hemos maquillado y estamos despampanantes y listas para irnos, salimos de la casa y nos vamos andando, al llegar a la discoteca entramos, nos sentamos en la barra, pedimos las bebidas y nos ponemos a observar el panorama.
-Ese chico de allí está bastante bien...-dice Amelia.
-Es verdad, pero yo prefiero al otro de allí-dice Amanda-¿tú que dices Leire?
-Yo no veo ninguno que me llame la atención.
-Pues están todos para comérselos.
-Cierto-dice Amanda.
Va pasando la noche, las chicas y yo balamos nos divertimos, pero ningún chico que me llame especialmente la atención, vale que todos son muy guapo y eso, pero ninguno me sorprende, no son de esos chicos que dices: ¡Oh, que guapo! , no son más de: Ah...vaya otro tío que se cree bastante más de lo que es.
Un chico me saco a bailar, tenia el pelo marrón y ojos color miel, no estaba mal, pero seguía sin sorprenderme...
Cuando decidimos irnos sobre las 3:30 de la madrugada o así salimos por la puerta y justo a mi lado pasa un chico alto que no me ve y pasa a mi lado y me tira al suelo de la embestida, el chico me mira pero no me dice nada y sigue su camino el muy estúpido.
-¡Eh! ¡Tú!-le grito cuando me he levantado-¿no piensas pedirme perdón?
-¿Para qué? No te hubieses puesto en medio...-me dice él que se ha vuelto a acercar y me mira directamente a los ojos, tiene una mirada intimidante, pero a mí no me afecta.
-Eres un capullo-le digo yo, y entonces me fijo en como es, debe tener uno o dos años más que nosotras... Este es un chico con el que dices: ¡Oh, que guapo! y no esos de ahí que se creen demasiado. Tiene el pelo negro azabache, y unos ojos azules impresionantes, nunca había visto unos ojos tan bonitos, y los de Amanada lo son. Es alto, espalda ancha, y bastante guapo, pero a lo que se refiere al carácter es un imbécil.
-Venga pequeña, apártate y deja entrar a los mayores.
-¿Perdona?-le digo levantando las cejas.
-Te perdono no te preocupes, y ahora si me permites déjame pasar-dice él que pasa a mi lado golpeándome en el hombro.
-¡Idiota!-le grito para que me oiga.
-Yo también te quiero-me responde girándose con sorna, y entonces se mezcla entre la multitud y desaparece. Estoy que hecho chispas, ¿como un tío puede ser tan idiota? No sé, yo me esperaba por lo menos una disculpa, una persona tan  odiosa no debería existir.
-Déjalo...-dice Amanda tirándome del brazo para que salgamos.
Salimos de allí, y nos vamos a casa de Amanda, dormiremos las tres allí hablamos un rato y caemos rendidas en nuestros sacos de dormir, pero yo no consigo dormirme hasta más tarde, a causa de un idiota con ojos azules.

viernes, 10 de agosto de 2012

CAPÍTULO 24


Amelia

Lucas me vino a buscar a mi casa, con una cesta como de picnic, pero no me dejó ver que llevaba dentro, por la tarde, antes de irnos llamamos a Esteban (el empollón) y a Enrique (el friki) para saber como les ha ido la “cita” con Ever y Sofía, se ve que cuando llegaron allí las chicas los vieron dieron media vuelta y se fueron, bueno, por lo menos las fastidiamos y las llevamos hasta allí.
-¿A dónde me llevarás?-le pregunto yo.
-Sorpresa, sorpresa-dice él.
-Eres malo...-le digo yo enfurruñada.
-No te creas, solo un poco...-dice él sonriéndome-venga, vamos.
-¿Vamos a pie?
-No, en tren, es que está un poco lejos.
-A, pues espera que cojo dinero para el tren...
-No hace falta corazón, yo te lo pagaré.-me dice sonriendo.
-Vale-digo yo besándolo en la mejilla.
Nos fuimos a la estación de tren, cogimos un tren que nos llevó a las afueras de París, era un pueblecito pequeño.
-¿Dónde estamos?- pregunte yo mirando las casas.
-Cuando era pequeño vivía aquí.
-Me gusta este sitio, es tranquilo...-le dije yo.
-Sí, a mi también me gusta mucho estar aquí, por eso te he traído.
-No conocía este pueblo, cuando seamos mayores, quiero que vivamos aquí.
-Me parece genial, viviremos aquí, hasta que seamos unos viejecitos que no puedan ni andar.-dice Lucas riéndose.
-Hombre, también quiero ir a ver mundo, pero sí, seremos unos canosos que viven juntos en una casita acogedora.
-Pues así será.-me dice él dándome la mano.
Caminamos durante unos 10 minutos, las casas eran todas muy grandes, y había campos y pequeñas riendas donde vendían verdura.
Lucas me llevó a un lugar apartado del pueblo, era como un prado, era muy bonito, y no había nadie.
-¡Qué bonito!-dije yo.
-Sí, la verdad es que sí-dice él cogiéndome de la cintura-cuando vivía aquí venía constantemente a este sitio, es un sitio, donde prácticamente nunca hay gente, normalmente suelo venir solo, eres la segunda chica que traigo aquí-me dice mirándome para saber como reacciono, y al ver que frunzo el ceño, y cruzo los brazos me dice-la otra fue mi prima Wendy, de 10 años...-dice riéndose.
-Más te vale-le digo sonriendo.
Lucas abrió la cesta de picnic, sacó un mantel, de esos típicos a cuadros rojos y blancos, después sacó la comida, unos sándwiches, aceitunas, magdalenas, nos íbamos a poner las botas.
-¿Tienes hambre?-me preguntó cuando lo había colocado todo y se había sentado en el suelo.
-La verdad es que viendo todo esto, difícilmente puedes conseguir que no te entre el hambre-le dije sonriéndole.
Nos pasamos la tarde allí sentados, cuando ya no teníamos más hambre lo guardamos todo en la cesta, y nos tumbamos en el césped, yo apoyé la cabeza en el pecho de Lucas, cada vez que me acercaba mucho sentía como su corazón se aceleraba por la proximidad, me gustaba que él también estuviese nervioso.
-¿Me quieres?-me pregunta él acariciándome el pelo.
-Pues claro, sino no te aguantaría-le digo bromeando.
-¡Eh!-dice él haciéndose el ofendido-¡Pues ahora veras!-y me empieza a hacer cosquillas.
-¡Ah! ¡¡Para, para!! ¡¡¡Me haces cosquillas!!!-le digo yo riéndome escandalosamente.
Esas cosquillas, pronto se convierten en besos.
-Lucas, deberíamos parar-digo yo agitada cuándo siento las manos de Lucas bajo mi camiseta.
-Es verdad...-dice él apartándose un poco para poder respirar bien, sus mejillas están sonrosadas a causa de la excitación.
-Te quiero, pero aquí no.-le digo yo al notar que piensa que me aparto de él.
-Lo sé, y lo entiendo, pero es que a veces me descontrolas...-dice él, y no se de donde se saca una sonrisa preciosa.
-Venga Lamoretti, tenemos que irnos-le digo levantándome.
-Sí, ¿te parece bien que vayamos a cenar juntos?
-Claro, pero yo no tengo dinero...-le digo yo-vamos otro día si eso...
-¡Ah! No, no, no-me dice él-esta es mi sorpresa y te voy a invitar a cenar.
Acepté, nos fuimos a cenar a un restaurante chino, donde la comida estaba bastante bueno, después me acompaño a casa de Leire, ella y yo habíamos acordado que me quedaría en su casa esa noche, para no molestar a Lucas.
-¡Que bien! ¡ya estás aquí!-dijo Leire al verme-Te estaba esperando.
Como las dos ya habíamos cenado nos fuimos las dos a la habitación.
-Tenemos que salir de fiesta algún día de estos las tres solas-le dije yo.
-¿Para qué?-respondió ella sin mucho ánimo.
-Ay chiqui, pues para conocer chicos, divertirnos...
-¿Conocer chicos? Ya conozco suficientes...
-Pero seguro que allí encuentras a uno mejor-le dije yo, tenía qu convencerla y que se olvidase de Joel.
-No sé... no tengo nada que ponerme...
-¡Tonterias! Nos iremos de compras o te dejaremos algún vestido, pero me niego a que te quedes encerrada en casa como una monja.
-De acuerdo...-dijo ella, por fin la había convencida.
-Pues nena, ¡prepárate para salir de marcha!