Álex
Me alejé de casa de Leire y volví a mi casa para hablar con mi hermano. Cuando llegué fui directo a su habitación y me lo encontré tumbado tranquilamente en su cama, cuando me vio se levantó de golpe y se puso a temblar de una manera estresante.-¿Qué quieres?-preguntó.
-Que me digas porque estúpida razón pensabas que Leire y yo estábamos enrollándonos ahí abajo.-la sorpresa grabó su rostro.
-Es obvio, te pasas el día en su casa, la proteges de todo, la llevas en tu moto, y la manera en que estabais abrazados...
-Madre mía, me paso el día en su casa porque su hermano es amigo mío, y la protejo por la misma razón, y porque soy su amigo, A-MI-GO, ¿lo entiendes?
-¿Y lo de la moto? Nunca has dejado que nadie excepto tú se suba en tu moto, y ahora va Leire y se sube sin que le digas nada.-dijo, con eso me desarmó por completo, no había una explicación para eso. Dylan tenía razón, nunca había dejado que nadie subiera a mi moto, y ahora llegaba Leire y lo hacía y no le ponía ninguna pega.
-Eso no te importa, y ahí abajo sólo me abrazaba porque le he regalado un cuadro que ella quería.
-¿Qué cuadro?
-El beso, de Klimt.-dije temeroso porque no se diera cuenta de que cuadro era, pero vi que había fracasado en el intento al ver su mandíbula desencajada y sus ojos abiertos.
-Ese cuadro es lo único a lo que le tienes aprecio, es el único recuerdo de nuestro tío. Sé que lo protegerías con tu vida y ahora vas ¿y se lo regalas a esa fulana?
-¡No la llames así!-dije conteniéndome. Pensé en lo que me dijo, y tenía razón, ese cuadro es lo único que me quedaba de mi tío Paul, él era como un padre para mí, y me regaló el cuadro antes de morir, siempre le tuve aprecio a ese cuadro. Pero al ver los ojos iluminados e ilusionados de Leire, no pude evitar querer dárselo.
-¿Ves? La proteges.-dijo él, yo me quedé callado sin nada que decir, entonces la cara de mi hermano se iluminó, algo le había pasado por la cabeza.-Le quieres, estás enamorado de Leire. Ahora todo tiene sentido.
-Anda, no digas gilipolleces hermanito. Sólo la protejo porque me cae bien, nunca me gustaría.-le dije, intentando convencernos, a él y a mí.
-Sí, sí...-dijo saliendo de la habitación y dejándome pensando.
Me fui a mi habitación para pensar un poco, pero no lo conseguí ya que un sonoro ¡Álex! ¡Baja aquí ahora mismo! De mi padre hizo que me levantara y bajara abajo.
-¿Qué es esto?-preguntó mi madre señalando un golpe en el abdomen de mi hermano.
-¿Un golpe?-pregunté confuso por la pregunta.
-Eso ya lo vemos, dice que le has pegado.
-Es verdad, le he pegado yo.-dije de una forma natural.
-¿Y te parece normal?-intervino mi padre.
-Tenía mis motivos para hacerlo-dije indiferente.
-¿Y se puede saber qué motivos te llevaron a pegarlo a tu hermano así?-preguntó, yo miré desafiante a mi hermano, que miraba con cara de temor por si lo decía. Yo no reprimí las ganas de vengarme por todo lo que me había hecho al largo de los años y lo solté.
-Claro, que sí. Mi hermanito querido.-dije acercándome y poniendo una mano en el hombro de mi hermano.-Ha abofeteado a Leire y la ha insultado de maneras poco correctas.-dije sonriendo.
-¿Es verdad eso, hijo?-le preguntó severo mi padre a Dylan.
-Sí... ¡Pero ella me dejó, y se lo merecía!
-¡No digas tonterías, imbécil! Leire te dejó porque algo que hiciste mal. Y eso es irrelevante, ya te lo dije, a una chica ni se la toca, ni se le habla sino es para demostrarle cuanto la quieres.-dije, los ojos de mi madre se abrieron con admiración.
-En eso tu hermano tiene razón.-dijo mi madre.
-Es verdad-dijo mi padre.-No deberías haber tocado a esa chica.
-Vale, ya lo he pilado, no se repetirá otra vez.-dijo mi hermano levantando las manos en rendición.
Después de esa pequeña charla y de haber cenado subí a mi habitación. Me quité la camiseta, me puse unos pantalones de chándal y me tumbé en la cama dispuesto a descansar un poco. Cerré los ojos, y la primera imagen que se me vino a la cabeza fueron unos ojos azules y un pelo rubio, Leire. Se metía en mis sueños, en mis pensamientos, y me encantaba-¿Qué estoy pensando?-zarandeé la cabeza y decidí darme una ducha fría, para ordenar mi cabeza. Cuando salí, seguía igual que antes, y sólo se me ocurrió una cosa, recurrir a mi mejor amigo, Derek. Sin pensarlo más salí de casa en la Harley Davidson y me fui a su casa.
Llamé a la puerta, y me abrió apenas vestido y con cara de dormido.
-¿Qué coño haces a estas horas, tío?-preguntó.
-Te necesito, es importante.-dije, sus ojos se abrieron con alarma, y me dejó pasar.
-¿Qué pasa?-preguntó una vez sentados en el sofá.
-No lo sé, eso es lo que pasa. ¿Te acuerdas de la chica que tiré en la discoteca?
-¿La que te gritó?
-Sí, esa.-él me escuchó atentamente.-Salió con mi hermano hasta ayer. Resulta que el hermano de la chica, es un amigo que hice en el instituto, y fui a su casa y me encontré con la chica y...
-¿Ve al grano quieres?-pidió.
-Vale, es que mi hermano hoy me ha dicho que estoy enamorado de ella, y yo, yo no sé qué hacer, porque, es que...-dije parando de la frustración.
-Me estás diciendo, que has venido a las 3 de la madrugada a despertarme, para que te ayude a saber si estás enamorado de la chica, que por cierto, ¿cómo se llama?
-Leire Cabret, sí, eso es lo que quiero que hagas, por favor.-le supliqué, él me miró comprensivo.
-Vale, estoy seguro de que estás enamorado, ha sido decir su nombre y se te han iluminado los ojos, pero para que te lo creas. ¿Qué te gusta de ella?-su faceta de psicólogo salía a relucir.
-Todo, su sentido del humor, sus berrinches de niña pequeña, su risa, sí, su risa me encanta.-dije sonriendo como un idiota.
-Vale, lo vas viendo ¿no?-dijo, yo no contesté.-Imagínate que hay alguien que le quiere hacer daño a Leire, y tú debes dar tu vida para salvarla ¿lo harías?
-Sin pensármelo dos veces.-contesté seguro. Entonces lo vi, estaba dispuesto a dar todo por ella, me imaginaba lo típico de las películas, a ella y a mí, sentados en un porche de viejecitos. Me levanté, besé la cabeza de mi amigo, que estaba sorprendido por mi arrebato.-Gracias, gracias.
-¿Te has dado cuenta?-preguntó, yo asentí con la cabeza.-¿Vas a decírselo?-yo titubeé un poco, pero finalmente asentí-¿A qué esperas? Si ella te quiere te hará caso aunque sean las 3 de la madrugada.
Salí de su casa con él detrás, me subí a mi moto para irme en busca de la chica que desde hace unas semanas le daba razón a mi vida.
-Sigue estudiando psicología, se te da bien.
-Se intenta-dijo con una sonrisa.
* * *
Apagué el motor, estaba delante de su casa. El corazón me latía fuertemente, pero no me echaría atrás, no ahora.
Pensé cómo podía entrar a verla, y decidí que llamarla al móvil y decirle que me abriera sería lo mejor para no despertar a nadie. Así que, saqué el móvil y la llamé, mientras esperaba que me cogiera el móvil me puse delante de la ventana de su habitación, para ver si se despertaba.
-Mmmph... ¿Diga?-dijo adormilada.
-Soy Álex.
-¿Álex? ¿No tenías nada mejor que hacer que llamarme a esta hora? Son las 3 y media de la madrugada...-dijo, una luz se encendió en su habitación, supuse que fue la lámpara de noche.
-Sí, lo sé, y lo siento, pero es importante.-pasaron unos segundos hasta que respondió.
-Vale, te escucho, que pasa...
-¿Puedes abrir la ventana de tu habitación? Estoy fuera...
-¿Qué?-dijo desconcertada, a los poco segundos estaba mirando por la ventana y quitándole el seguro para abrirla.
-Aparta, voy a entrar.-dije cuando ya había abierto, ella se apartó.
Mi intención era entrar de forma atlética y como si pareciese que lo hacía cada día, pero el resultado fue muy diferente. Me enganché un pie en la ventana, y como era bastante alta, me costó saltar. Vaya, en las películas lo hacen parecer mucho más fácil...
-Ya está-dije entrando del todo. La miré y al verla con su pijama de pantalones cortos y camiseta de tirantes no pude evitar ponerme más nervioso, el corazón se me salía del pecho.
Nunca pensé que una sola chica podría hacerme esto, siempre lo tenía todo controlado, o lo intentaba, pero ella rompía todos mis esquemas.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres decirme?-preguntó sentándose en la cama. Yo la seguí y me senté a su lado.
-Yo...-me quedé en blanco, al ver que me miraba atentamente con sus ojos, no se me ocurrió otra cosa, que besarla.
Sí, así es, la besé. Apoyé mis labios sobre los suyos en un suave roce. Ella no me correspondía, pero yo no quería dejar de besar aquellos dulces labios, así que insistí, hasta que rodeó mi cuello con sus manos y me atrajo hacia ella profundizando el beso. No sé si fueron horas, minutos o segundos, pero fue perfecto. Nos separamos con las respiraciones agitadas, cuando nos calmamos, ella no me miraba directamente.
-¿Por qué has hecho eso?-preguntó entre desconcertada y confusa.
-Me puse nervioso...-vaya, eso no sonó como en mi cabeza.
-Tenías que decirme algo importante, te pusiste nervioso y me besaste, ¿así como así?-preguntó con los ojos abiertos como platos.
-Sí, bueno, no.-No sabía cómo decírselo, nunca pensé que fuera tan difícil. Lo diré de un tirón, será más fácil ¿no?-Creo que te quiero...-Su mandíbula se desencajó totalmente.
-¿Qué? ¿Álex, estás bien?-dijo tocando mi frente. Yo aparté su mano y respiré hondo.
-Que sí, joder, que me encantas, que me haces pensar las cursilerías de las películas, no puedo sacarte de mi cabeza, cuando te veo todo me parece mejor y cuando te vas se me cae el mundo. Quiero abrazarte cuando estés mal, y sacarte una sonrisa en los peores momentos. Eres en lo primero que pienso al despertarme y en lo último al irme a dormir. Tengo ganas de verte a todas horas, a cada minuto, a cada segundo, aunque sólo haga cinco minutos de la última vez que nos hemos visto. Quiero ser la razón de tu sonrisa. Siento la necesidad de protegerte para que no te pase nada malo. Me imagino una vida contigo, felices, juntos.
-¿Juntos?
-Sí. Tú y yo, juntos...
Bueno, creo que no hace falta que te diga, que este capítulo enamora, porque es algo que se sabe. Se hace súper ameno, aunque me dijeras que tenía ¿8 páginas? No me acuerdo.
ResponderEliminarBesos, Amanda.
Siip, 8 páginas! Álex enamora, es muy tierno pero con su toque rebelde... Dentro de poco podrás saber que pasará con estos dos! Besos ^^
Eliminar