domingo, 26 de mayo de 2013

CAPÍTULO 54

¡Hola! Quiero avisaros antes de leer, de que este es el penúltimo capítulo antes del epílogo. Sí, ya se acaba esta historia. Bueno, os dejo que leáis tranquilos.

Joel

Es difícil pensar que una sola frase puede hacer que todo a tu alrededor pierda el sentido. Pero por muy imposible que parezca, puede pasar. Puede que un instante seas un chico normal y corriente con su vida y al siguiente toda tu vida dependa de algo.

Y ahora mi vida, necesita un padre para su hijo. Amanda, la chica de la que estoy completamente enamorado y a la que amo, está embarazada de mí. Ella es mi vida, la que me hace sonreír por la mañana, por la tarde y por la noche. La que con solo mirarle a los ojos sabes cómo se siente.

Han pasado dos semanas desde que me llamó para decírmelo. Queríamos estar seguros así que al día siguiente se fue a hacer una prueba.

 Dos semanas antes


-Positivo.-dijo Amanda por el teléfono.

-¿Todas?-pregunté. Ella asintió. Se había hecho seis pruebas de embarazo y todas daban positivo.-Me encantaría estar ahí para abrazarte.

-Yo también, te necesito tanto en este momento.-dijo ella, estaba a punto de llorar lo sabía por tono de voz.

-No quiero que llores ¿vale?

-¿Qué vamos a hacer?-preguntó cambiando de tema.

-¿Cómo que qué vamos a hacer?

-Joel, tengo 16 años, casi 17. Y estoy embarazada, no creo que pueda sobrellevarlo sola contigo a kilómetros de distancia. Creo que lo mejor sería...

-¡NO! Ni piensas en abortar. Ese niño también es mío, y le quiero. Voy a volver en cuanto pueda y voy a quedarme, esta vez para siempre.

-Pero somos menores, y no tenemos dinero.

-Ahorraré para alquilar un piso y encontraré trabajo.

-No creo que funcione.-dice desilusionada

-Confía en mí, ¿vale?

-Siempre.

-Te quiero y vamos a vernos pronto ¿vale, pequeña?

-Vale. Te quiero. Mi madre ha llegado a casa, tengo que decírselo, y tú deberías hacer lo mismo con tu padre. A lo mejor consigues que te ayude.

-Tienes razón. Adiós.

-Adiós.

Dejé el móvil en la cama. Paseé por la habitación y decidí ir a contárselo a mi padre, pero antes llamé a una amiga. Sí, la chica que me encontré ayer por la calle. Antes de irse me dio las gracias y me dio su número por si la necesitaba también me dijo su nombre real, se llamaba Ally.

-¿Diga?

-Soy Joel, ¿te acuerdas de mí, no?

-Eh, chico ¿ya me echas de menos?-preguntó risueña.

-Muchísimo, pero no era eso de lo que quería hablar. ¿Puedes quedar?

Media hora más tarde estábamos los dos en una cafetería de la zona.

-No sé cómo no usasteis protección.

-Yo tampoco, supongo que en ese momento no nos dimos cuenta...

-¿Ya se lo has dicho a tu padre?

-No, antes te he llamado. No sé cómo decírselo.

-Claro, decirle “Oye, papá, que he dejado a mi novia preñada, creo que debería volver a Francia, ¿me prestas dinero?” No suena muy bien. Solo ten tacto, si se lo dices un momento en el que esté distraído irá mejor no se enfadará tanto.

-Vale, distraído. Queda claro.

Hablamos media hora más y decidí volver a casa para darle la noticia a mi padre. Puede que no se lo tomase tan mal.

-Papá, tengo que decirte algo.-él estaba en su despacho, en el ordenador.
-Dime, ¿Qué pasa?

-Tenemos que volver a Francia, por lo menos yo.

-Joel, ya hemos hablado de esto, no puedes irte solo y no puedo dejar mi trabajo. Sé que tienes amigos allí, pero aquí tam...

-Amanda está embarazada.-ya está lo he soltado. Mi padre se queda mirando la pantalla del ordenador unos instantes hasta que gira la cabeza y me mira directo a los ojos.

-¿Que qué?

-Ya me has oído papá. Amanda está embarazada. Y tengo que estar con ella. Te guste o no, voy a irme de aquí en cuanto pueda.

Se queda callado mirándome. En un momento me pide que por favor salga que tiene que pensar muchas cosas. Yo me voy a preparar la cena. Llamo a mi padre a cenar y cenamos en un completo silencio. Cuando acaba mete el plato en el lavavajillas y se va a su despacho nuevamente. Yo limpio la cocina y cuando estoy a punto de entrar en el despacho de mi padre le escucho hablar por teléfono.

-Sí. El traslado. Sí, otra vez. Me gustaba más estar allí. No me importa. Vale, gracias. ¿Dos semanas? Perfecto. Venga, adiós.-y cuelga. Entro en el despacho y mi padre me recibe con una gran sonrisa. Se levanta de la silla, se acerca a mí y me abraza.

-Volvemos a Francia. En dos semanas, pero volvemos a Francia.

-Gracias papá, te quiero.-y salgo corriendo de allí hasta mi habitación, donde enciendo el ordenador t me conecto a Skype para hablar con Amanda. Por suerte está conectada.

-Hola, cariño. ¿Se lo has dicho a tu madre?

-¡Sí, me lo ha dicho todo!-se oye a su madre de fondo. Los dos nos reímos.

-Tengo buenas y malas noticias. ¿Cuál quieres primero?

-La mala.-dice preocupada.

-Que es en dos semanas.-digo sin revelar nada. Ella se queda confusa.-Y la buena es... ¡Vuelvo a Francia!

-¿De verdad?

-¡Sí! Cuando se lo he dicho a mi padre ha llamado a la empresa y ha pedido el traslado otra vez, sin importarle que su sueldo sea peor. Es el mejor.

-Mi madre me ha dicho que va a ayudarnos en todo lo que pueda.

-Menos mal. Por fin vamos a estar juntos de nuevo.

-Te quiero tanto.-dice ella.

-Yo también.

-Buenas noches.

-Buenas noches, cariño.-Y cierro la ventana del ordenador.

Dos semanas después


Y ahora estoy en el aeropuerto con mi padre esperando que llamen por megafonía nuestro vuelo.

-¿Cuándo vas a pedírselo?

-¿Pedirle el qué?-pregunto.

-Que se case contigo.-yo lo miro.

-Lo he pensado mucho, pero primero quiero que el bebé tenga lo que necesita. Después habrá tiempo para bodas.

-Me parece bien. El bebé es lo primero. Y sois aún jóvenes para casaros.

-Papá. Vamos a  tener un hijo, no puedes decir que somos jóvenes para casarnos cuando ya hemos llegado al siguiente nivel.

-Tienes razón...

-Todos los pasajeros del vuelo a Francia que se dirija a la puerta D.

-Es la hora. Vamos...-le digo a mi padre levantándome y cogiendo las maletas.

Entramos en el avión. Nos sentamos en nuestro sitio y unos minutos más tarde empezamos a despegar.

Miro por la ventana. Veo como la tierra se va alejando de nosotros dando paso a las nubes. Y sé que estoy deseando llegar para estar con la chica de mis sueños.

domingo, 19 de mayo de 2013

CAPÍTULO 53


Amelia

Después de que las chicas se fuesen de mi casa, no pude esperar más y me fui a casa de Josh para hablar con él y decirle que le quería, que quería estar con él. Tan distraída iba por el camino que me choqué con alguien, le miré para disculparme y allí me encontré los ojos pardos de Josh.

-Ho-hola...-tartamudeé. No tenía planeado encontrármelo tan pronto, quería pensar lo que tenía que decirle.

-Eh, Amelia, ahora mismo iba a tu casa.-me dijo.

-¿Ah, sí? ¿Para qué?

-Pa-para saber cómo estabas...-dijo también nervioso.

-Ayer leí tu carta.

-Ah... ¿Y qué tal?-miraba a todos lados menos a mí. Eso me hizo sonreír como una idiota, era adorable y él aún pensaba que podía rechazarle.

-¿Tu qué crees?

-Bueno, supongo que la escribí en un momento de poca lucidez, está llena de tonterías, normal que no te haya gustado...-dijo, seguía sin mirarme. Yo me acerqué hasta quedar a centímetro de su cara.

-No, no me ha gustado.-me miró  los ojos, iba a decir algo pero le puse un dedo en los labios en señal de silencio.-Me ha encantado.-y sin decir nada más me colgué de su cuello y lo besé.

-Entonces...-dijo al separarnos.

-¿Entonces qué?

-¿Te gustó? Me pasé todo un día haciéndola, ya sabes que no sirvo para escribir.

-Josh, esa carta es lo más bonito que han hecho por mí jamás.

-Bueno, ya sabes tenía que hacer algo bonito para dárselo a la chica más bonita...-dijo cogiéndome de la cintura.

-Te quiero.-no tuve tiempo de pensarlo dos veces cuando esas palabras ya habían salido de mi boca.

-¿De verdad?-yo asentí.-¿Y Lucas?

-No me importa, le llamaré y le diré que quiero estar contigo. Que tú eres diez mil veces mejor que él.-dije.

-Creo que no hará falta llamarlo.-dijo poniéndose serio y mirando un punto por detrás de mí, yo me giré y vi a Lucas con una chica.

-¿Esa no es Sara?-pregunté. Entonces me vino a la cabeza que Josh tenía novia. Le miré, pero él supo que estaba pensando.

-Me dejó, dijo que alguien mejor que yo le quería y se fue. Supongo que ese alguien mejor es Lucas, porque míralos...-dijo Josh, y tenían razón, estaban abrazados y riéndose.

-Bueno, pues, vamos a hablar con ellos ¿no, cariño?-pregunté cogiendo de la mano a Josh y avanzando rápidamente hacia Lucas.

Cuando llegamos a su lado, Lucas se puso serio al verme pero su cara cambió al ver la mano de Josh unida con la mía.

-Hola, veo que has decidido irte con ese. No te ha costado olvidarme.

-No seas hipócrita, Lucas. Tú has hecho lo mismo.-dijo yo mirando a Sara, que me miró con cara asesina.-Sí, chica tu eres el segundo plato.

-No la metas a ella.-dijo Lucas.

-Se ha metido ella solita estando contigo.-dije yo.

-Está conmigo porque tú eres una cualquiera que se va con el primero que pilla.-se metió la chica.

-Ah, es verdad, se me olvidaba que tú eres una loca que hace que casi maten a un tío porque está obsesionada con él...

-¿Qué me has llamado?

-Loca, pero pensándolo mejor te queda mejor zorra, ya que después de conseguir que le metieran en el hospital y que tu estuvieses con él, le dejaste y te fuiste con otro. Eso es ser una zorra, sí, estoy segura de que buscas en el diccionario zorra y sale tu foto al lado.-dije yo, la chica se puso roja de ira y en menos de un segundo ya estaba encima de mí tirándome del pelo.

Yo me defendí, los chicos intentaban separarnos, pero no podían. Después de varios intentos consiguieron desenredarnos. Josh me abrazó.

-No sé porque has hecho eso.-oímos a Lucas decirle a Sara.

-Me ha llamado zorra y tú no te has ni movido.

-Algo de razón tiene. Además, tu SÍ eres mi segundo plato. No quiero nada serio contigo, que quede claro.

-Pero...-dijo la chica a punto de llorar.

-Ni peros ni nada, anda vete a casa a peinarte y a cambiarte, que me da vergüenza andar contigo por la calle.-ella se fue corriendo y llorando.

-Eres un cabrón, no sé cómo pude estar contigo.

-Ya lo ves, tú también caíste...-dijo con una sonrisa socarrona. Josh se tensó a mi lado.

-Vamos Josh, no vale la pena gastar más tiempo hablando con él.

-Sí, eso, vete corriendo, como siempre. Vete con Josh, que por cierto ¿sabes que eres su segundo plato, no?-dijo dirigiéndose a él.

-Creo que te equivocas chaval, yo fui primero que tú, siempre me quiso, tu solo fuiste un obstáculo.

-Pues lo vuestro al principio no funcionó mucho ¿no? Yo fui su primera vez...-dijo Lucas orgulloso. Josh se puso a reír, yo me puse colorada.

-Respecto a eso... Te equivocas, él fue mi primera vez, y mi primer beso, y mi primer novio serio. Tú fuiste la segunda parte. Y como dicen “Las segundas parte no son nunca buenas”.-dije yo. Lucas enfureció y levantó el brazo para pegarme, pero Josh lo detuvo.

-Te pones tranquilo, ¿vale? No queremos que te vuelvas a acercar a nosotros. No queremos volver a escuchar tu nombre.-dijo Josh acercándose a él. Y como era más alto, intimidó a Lucas.

-Vale...

-Vamos, Amelia, no tenemos nada que hacer aquí.

Y nos fuimos de allí, sabiendo que nada ni nadie nos impediría estar juntos. Y dejando a un chico pelirrojo en el pasado.

domingo, 12 de mayo de 2013

CAPÍTULO 52



Leire

Abrí lentamente los ojos, lo primero que vi fue un gran bulto a mi lado en la cama. Una sonrisa se formó en mi cara. Nos habíamos quedado dormidos mientras hablábamos.

Flashback

-Sí. Tú y yo, juntos...-dijo Álex. Todo el aire de mi pecho se desvaneció. Me quedé sin palabras.

Nunca creí que alguien me fuese a decir cosas tan bonitas, y menos alguien que conocí en una discoteca cuando me tiró al suelo.-una sonrisa se me formó en la cara.

-¿Entonces?-dijo Álex. Llevaba demasiado tiempo callada.

-¿Entonces qué?

-¿Sí o no?-preguntó.

-¿Sí o no a qué?-al verle nervioso quise hacerle sufrir.

-¡Leire1 ¡Ya sabes de lo que estoy hablando!-se ponía cada vez más nervioso.

-No, en realidad no...-le dije con una sonrisa.

-Que si quieres estar conmigo-dijo en un murmullo casi inentendible y agachando la cabeza para no mirarme.

-¿Perdona? No te he oído...

-Que si quieres estar conmigo...-repitió un poco más fuerte.

-Sigo sin entenderte, mírame y habla claro.-le dije. Él lo hizo, levantó la cabeza, y clavó sus ojos en los míos, haciendo que me perdiera en ellos.

-Que si quieres estar conmigo.-dijo sin apartar la mirada. Se le notaba el nerviosismo. Esa imagen, de él ante mí, nervioso se me hizo muy tierna, así que sin responderle ni saber muy bien por qué me acerqué a él y le besé.

-¿Eso es un sí?-preguntó esperanzado.

-¿Si te digo que sí te irás y me dejarás tranquila?-pregunté fingiendo estar cansada de esa conversación. Esa pregunta lo dejó descolocado pero me respondió lo que yo creía que respondería.

-Eh... Sí.

-Entonces mi respuesta es no. No quiero que te vayas aún.-le dije con una sonrisa. Él se puso serio pero después sonrió al ver que no sería tan fácil obtener un sí.

-Vale, pero no creas que me he rendido, conseguiré que me digas que sí.

-¿Sabes qué?

-¿Qué?

-Nunca pensé que un chico tan “duro” y rebelde como tú, pudiese estar tan nervioso por lo que te pueda decir.

-Antes de conocerte yo tampoco lo veía capaz. Pero aquí estoy, pendiente de ti a cada momento.

Y seguimos hablando tumbados en la cama hasta que nos quedamos dormidos.

Fin del flashback

Al ver que mi bello durmiente no despertaba decidí ponerme encima de él. Cuando estaba a horcajadas, puse mi pelo hacia delante para que acariciara su cara y así hacerle cosquillas. Iba moviendo suavemente la cabeza, él de vez en cuando arrugaba la nariz en señal de molestia. Finalmente sus párpados de abrieron dejándome ver esos ojos azules.

-Buenos días.-dijo bostezando.

-Buenos días, dormilón.-Nos quedamos en silencio unos instantes hasta que él me tomó por la cintura y me tumbó en la cama, poniéndose él sobre mí.

-Nunca respondiste a mi pregunta de si querías estar conmigo.

-Ni lo voy a hacer hasta que te lo ganes.-dije, le besé la mejilla. Él sonrío y se puso a hacerme cosquillas, haciéndome gritar.

-¡Para, para! Que mi hermano puede escucharte.-Apenas había terminado la frase cuando la puerta de la habitación se abrió y de ella salió Iván.

-¿Qué ha pasado?-preguntó alarmado. Creo que su cara  cambió 10 veces de expresión al vernos a Álex y a mí en mi casa.

-Iván, nosotros...

-No quiero saberlo ahora, porque no quiero darle una paliza aún al tío que está contigo, pero cuando mamá se vaya a trabajar os quiero a los dos en el salón, que vamos a hablar y a darme una buena razón para no echarlo a él de esta casa.-dijo mi hermano. Después de eso, salió de la habitación.

-Ya puedes empezar a pensar que le dirás-le digo yo.

-¿Yo?

-Sí, tú.-le digo.

-No quiero, y además sigo teniendo sueño. Es pronto.

-¿Pronto? Pero si son las...-miré mi despertador para mirar la hora, pero tenía razón, eran las nueve de la mañana, un poco pronto.-Vale... venga, es pronto, pero ¿enserio tienes sueño?

-Sí, soy como los bebés, necesito mis 12 horas de sueño o no soy persona.-dijo haciéndome soltar una carcajada.-Tu también puedes dormir.-dijo ya con los ojos cerrados.

-No tengo sueño.-dije, pero un bostezo traicionero salió de mi boca.

-Vamos, enana, ven aquí.-dijo abriendo los brazos. Yo me acerqué a él y finalmente me quedé dormida entre sus brazos.

Mi móvil empezó a sonar, despertándonos a los dos. Adormilada lo cogí sin si quiera mirar quien era.
-¿Diga?-pregunté.

-Soy Amelia. ¿Estabas durmiendo?

-Sí... No he dormido muy bien, me he despertado por la madrugada-dije riéndome.

-Eh... vale... ¿Puedes quedar?

-¿Cuándo?-pregunté, eso alarmó a Álex, que levantó la cabeza y me miró.

-En una hora, en el parque...

-¿En una hora?-dije asombrada. Estaba como en otro mundo, en mi cama con Álex.

-Di que no, di que no.-me suplicó Álex haciendo pucheros.

Pero al ver que Amelia me necesitaba acepté.

-Sí, claro, en un ahora estoy allí. ¡Adiós!-no le di tiempo a despedirse y colgué.

-¿Te vas a ir?

-Sí, he quedado con Amelia en el parque en una hora, me necesita.

-¿Puedo llevarte?-preguntó.

-Álex, está a tres manzanas de aquí, no voy a morir por caminar un poco. Además, seguro que tienes cosas que hacer.-dije levantándome de la cama.

-Pues la verdad es que no...-dijo, pero su expresión cambió.-Sí, es verdad, tengo que ir a ver a un amigo, él me dijo que viniera aquí ayer por la noche, tengo que contarle como ha ido.

-¿Y qué le dirás?-pregunté, él se levantó y se acercó a mí.

-Que has caído rendida a mis pies.-me rodeó la cintura con los brazos y me miró.

-Eso no es cierto, nunca te dije que sí.

-Nunca dijiste que no.-contraatacó.

-Tú ganas.-le dije.-Venga, vamos, que mi madre ya se ha ido, y tenemos que hablar con mi hermano.
-Estoy listo para morir.-dijo dramáticamente.

Salimos al salón, y allí estaba sentado mi hermano mirando la tele, cuando nos vio apagó la tele y se puso serio.

-Iván, no intentes hacer de padre, porque no lo eres...-le dije.

-Solo quería hacerlo más dramático y en plan película. Bueno, a ver, tú.-señaló a Álex.-Razones de porque estabas en la habitación de mi hermana.

-Ayer por la noche me colé en su habitación porque tenía que hablar con ella., y nos quedamos dormidos.

-¿Y se puede saber de qué tenías que hablar con ella?-preguntó, Álex no se ruborizó como yo.

-No, no se puede saber.

-¿Leire?-me dijo mi hermano.

-Me dijo que me quería.-Álex abrió los ojos y me miró con cara da “¿Por qué cojones lo has dicho?”

-¿Qué?-mi hermano también estaba boquiabierto.-¿Le dijiste qué?

-Sí, Iván, quiero a tu hermana, me di cuenta ayer y no quise esperar a decírselo.-dijo.

-Entonces, ¿estáis juntos?

-No.-dije con una sonrisa.-Tengo que irme, si eso habláis vosotros dos, yo he quedado.

-No, no quiero saber nada más, es suficiente. ¿Te hace una partida del Call of Duty?-le preguntó mi hermano a Álex.

-Claro.

Los dos se sentaron en el sofá y encendieron la PS3.

Fui a la plaza donde había quedado con Amelia y Amanda, y allí nos lo contó todo. Cuando dijo que Álex era uno de los líderes de esa banda me levanté y le llamé.

-¿Diga?

-Soy yo.

-¿Qué pasa?

-¿Eres tú el líder de la banda?

-¿Qué? ¿Quién te ha hablado de eso?

-Eso no importa, ¿lo eres o no?

-¡No! ¡Ni de coña!-dijo, yo solté un suspiro de alivio.

-¿Pero tu estás en ella no?

-Sí, pero soy un caso aparte, sólo estoy allí por si en un caso extremo me necesitan, soy como un comodín, estoy ahí por un amigo, que me pidió que me metiese con él. Pero no me meto en las cosas de ese chiflado que tenemos por líder.

-¿Quién es?

-¿No lo sabes? Cómo lo conoces, pensé que lo sabrías.

-¿Josh?-pregunté.

-No, él salió de la banda hace un mes o así, no sé. El líder es Lamoretti, el novio de tu amiga.-dijo, yo me quedé petrificada.-¿Leire? ¿Sigues ahí?

-Sí, sí, tengo que irme. Besos.

-Adiós, besos.

Le conté a Amelia lo de Lucas y decidió hablar con Álex. Cuando acabó me pasó el móvil.

-Ya le he explicado todo a tu amiga, no te preocupes.

-Vale, gracias, enserio.

-No hay de qué. Si me dices que sí estaré ahí siempre que me necesites.

-No flipes cariño. Adiós

-Espera. ¿Te vienes a cenar conmigo?-preguntó nervioso.

-Sí, claro, no creo que tarde mucho en llegar a casa.

-Vale, adiós.

Cuando Amelia nos dijo que nos quedáramos a dormir a su casa no pude negarme. Llamé a Álex y anulé la cena, aplazándola para el día siguiente.

Nos fuimos todas a casa de Amelia, y cuando nos leyó la carta de Josh, inexplicablemente me puse a llorar.
Al día siguiente, cuando nos levantamos ya eran la doce, la madre de Amelia nos invitó a comer, pero yo me fui a casa.

-¡Hola!-dije cuando entré en casa.

-¡Hola!-dijeron Nico e Iván a la vez desde el salón.

Iván me dijo que Álex le había dicho que me vendría a buscar a las ocho para ir a cenar.  Preparé la comida y comimos todos juntos.

La tarde se me pasó volando, en un parpadeo ya eran las ocho y el timbre estaba sonando.

-Buenas noches, señorita.-dijo Álex cuando salí fuera. Estaba con sus vaqueros y su chupa de cuero, me encantaba.

-Hola.-dije un poco tímida.

-¿Vamos?-preguntó subiéndose a su moto.

-Claro.

Me llevó a un restaurante  alejado del centro. Era muy acogedor, no había mucha gente. Cuando el camarero nos trajo la carta, este me miró de arriba abajo, poniéndome nerviosa. Era joven, de unos  18 años.

-¿Qué vas a pedir?-dijo Álex tranquilo.

-Una lasaña, hace mucho que no como una.

-Vale.-él llamó al camarero de antes y le dijo lo que queríamos. El camarero aunque estuviese hablando con Álex, no apartaba la vista de mí, y yo sabía que Álex lo sabía, pero sin embargo seguía tranquilo. Cuando el chico se fue le pregunté.

-¿No te inquieta que ese tipo me mire como lo hace?-pregunté, sus labios esbozaron una sonrisa.

-Esperaba que me hicieras esa pregunta. La verdad es que no. No soy del tipo celoso compulsivo. Si creo que el chico es una amenaza y ale diré algo, pero no lo es así que déjalo ser feliz, si se pasa ya me encargaré. ¿Y tú?

-¿Yo qué?
-¿Eres una chica celosa?

-No mucho, soy igual que tú, cuando veo una amenaza me hago cargo, pero hasta entonces nada.

-Mmm-dijo pensativo.

Nos trajeron la cena y cenamos mientras hablábamos de cosas sin importancia. El camarero no dejaba de vigilarme desde la barra. Y cuando pedimos la cuenta Álex me susurró:

-Ahora verás. Mira atentamente su cara.-dijo con una sonrisa. Yo no entendía nada.

El camarero se acercó con la cuenta en la mano. Álex sacó la tarjeta de crédito de su cartera y la puso en el platillo de la cuenta. Cuando el camarero estaba a punto de irse, le dijo que se girará hacia nosotros.

-¡Eh! Chico, ven aquí.-el chico se acercó sin vacilar a nuestra mesa.-No quiero que mires a mi chica así otra vez ¿vale? Que te quede claro, me has tocado los cojones toda la noche, y ya es hora de decírtelo.-el chico solo soltó una carcajada. Y se fue con la tarjeta en la mano.

-Ahora mira su cara.-me dijo Álex. Yo le hice caso. Seguí al chico con la mirada, y no pude evitar partirme de risa al ver como cambiaba su cara al ver de quien era esa tarjeta. Cuando volvió a la mesa, vino con paso vacilante y nervioso.

-Lo siento tío, no era mi intención mirar a tu chica así, siento si te he causado problemas Dupond.-dijo, y se metió en la cocina del restaurante rápidamente.

Nosotros dos nos levantamos de la mesa y salimos fuera riéndonos.

-Veo que tienes una buena reputación...-le dije.

-Sí, bueno. Me conoce todo el mundo.

Nos subimos a su moto y me llevó a casa. Nos quedamos por fuera caminando y hablando.

-¿Cuándo vas a decirme si quieres estar conmigo?

-Álex, tú y yo sabemos muy bien, que quiero estar contigo, que no hace falta que te diga que sí, porque ya lo sabes.-una sonrisa se formó en su cara mientras iba diciendo esas palabras. Nada más acabar me besó.

-¿Juntos?-preguntó al separarnos.

-Juntos.-y le volví a besar.

domingo, 5 de mayo de 2013

CAPÍTULO 51

Joel

La calle estaba atestada de gente, gente que iba a trabajar, al médico, a ver a un amigo, o simplemente a pasear. Mientras caminaba entre la gente, me daba cuenta de que cada persona es un mundo diferente. Ajena a las demás personas que pasan a su lado. A sus pensamientos, sufrimientos o alegrías.

Nunca pensé que pudiera echar tanto de menos a alguien. “Cursiladas” era lo que pensaba al ver las películas donde la gente sufría por no poder ver a su pareja. Ahora los comprendía completamente. Allí en California no tenía nada. Mi vida, mi alma y mi corazón estaban esperándome en Francia con una chica de pelo rizado y ojos azules.

Llegué a mi nueva casa, que aunque sea pequeña es acogedora. Una bola de pelo gris vino a saludarme.

-Hola, India.-dije acariciándole la cabeza, ella ronroneó.

-Joel, estoy en el despacho. ¿Has ido a comprar?-dijo mi padre.

-Sí, ya preparo yo la comida, tú no te levantes por mí, no...-dije con indiferencia. Desde que nos habíamos mudado la relación con mi padre estaba un poco tensa. ¿Qué esperaba? Me acababa de separar de lo que más quería.

Para comer preparé unas simples hamburguesas y sin esperar a que mi padre saliese de su despacho me puse a comer. India estaba en la silla de al lado, mirándome, pidiéndome silenciosamente que le diese un poco de comida. No pude resistirme y le di un trozo de mi hamburguesa.

-¿Ya le estás dando comida a eso?-preguntó mi padre entrando en el comedor.

-Sí, y “eso” tiene nombre.

Es no se dignó a responderme, simplemente se comió su hamburguesa, tuvimos una pequeña charla de cómo había ido el día y se encerró en su despacho nuevamente.

-¿También la echas de menos no, pequeña?-le dije a India mientras recogía los platos y los metía en el lavavajillas. Ella maulló en respuesta.

Me senté en el sofá a mirar un poco la televisión. A los 15 minutos ya me había cansado de telenovelas y ya estaba en la calle otra vez. Decidí ir a explorar un poco el barrio, ya que en dos días que llevaba allí solo había salido para ir a comprar o ir algún sitio cerca de casa.

Empezó a anochecer, sí, ya llevaba más de 3 horas fuera de casa, y se me habían pasado como 5 minutos.

Había ido por calles casi desiertas. Pero en una de aquellas había encontrado una librería. Estaba escondida, y sin nada que la señalizara. Si no te fijabas puede que hasta pasaras sin verla. Era un sitio pequeño, pero atestado de libros. Era uno de esos sitios que aunque estén llenos de cosas es encantador. La dependienta era una chica de unos treinta años. Era una chica que me enseñó que las apariencias engañan. Llevaba tatuajes, piercings  y vestía de negro. Pero le apasionaba la lectura, me dijo que más de la mitad de los libros que había allí ya se loa había leído. Diciéndole que volvería por allí, salí de la tienda.

Estaba caminando cuando se puso a llover.  Era una lluvia leve, pero que solo te preparaba para lo que llegaba después.

Cuando se puso a llover de verdad, yo estaba pasando por una pequeña plaza. Vacía, excepto por un banco. Una chica estaba allí sentada, mirando al cielo mientras las gotas la empapaban. Parecía hechizada, viendo las gotas caer.



Me acerqué para saber si estaba bien.

-¿Perdona estas bien?-pregunté un poco incómodo.

-¿Eh?-dijo un poco confusa al verme allí parado.

-Que si estás bien... ¿No tienes frío?

-No.

-Bueno, pues nada, adiós.-dije alejándome de allí un poco confuso por lo que acababa de pasar.

Llegué a mi casa cansado y empapado. Me di una ducha y cuando me senté en el sofá India empezó a maullar. Vi que no tenía comida.

-¿No puedes esperar a mañana para que vaya a comprar?-dije. Ella se limitó a observarme.-Vale, has ganado.

Me levanté, me despedí de mi padre y salí por tercera vez.

-Pienso con arroz, pienso alto en proteínas, pienso con verduras, pienso con trozos de pescado sabroso.-leía en voz alta los paquetes de pienso que había en el supermercado. Al final cogí el que me venía más a mano: Pienso con arroz. Pagué y salí de allí, por suerte había dejado de llover.

-¡Eh! ¡Chico raro!-gritaron, yo me giré, más quenada por saber a quién llamaban. Al girarme vi a la chica loca que estaba antes sentada en el banco. Vino corriendo hacia mí.

-¿Eh?-fue lo único que se me ocurrió decir.

-Ya decía yo que eres raro.

-¿Enserio yo soy el raro? ¿Y tú que te sientas en un banco mientras diluvia que eres? ¿Un extraterrestre?-dije andando con ella al lado.

-Puede... Nunca se sabe...-se rio ella.- ¿Qué llevas ahí?-preguntó curiosa mirando la bolsa que llevaba.

-Comida para gato. Enserio, esto es raro. No te conozco de nada y estamos hablando como si de toda la vida.

-Si lo dices así, sí que suena raro...

-¿Y de qué manera no suena raro?-pregunté.

-Pues no sé...

-¿Cómo te llamas?-pregunté cambiando de tema.

-Jennifer Lopez ¿tú?-dijo segura.

-Johnny Deep.-le seguí el juego.

-Encantada.

-¿Igualmente?-pregunté confuso. Estábamos caminando cuando llegamos a mi casa.-Vivo aquí.

-Yo también.-dijo ella.

-¿De verdad?

-No.-dijo ella, esa chica me confundía.

Metí la mano en el bolsillo para sacar las llaves, pero al sacarlas se me cayó la cartera. Ella la cogió y la abrió mirando mi DNI.

-Joel Moore-dijo ella leyendo mi nombre.-No me gusta.

-No tiene por qué hacerlo.-me estaba empezando a cansar de su comportamiento.-Adiós.

-¡Adiosito!

Subí a casa y le puse comida India. Después de eso me puse a hacer la cena, un solomillo a la plancha con unas patatas para acompañar.

Empecé a pensar que era como la mujer de la casa. Iba a comprar, limpiaba, hacia la comida... En cambio mi padre se pasaba el día en el despacho atendiendo llamadas.

-¡A cenar!-grité para que mi padre me oyese.

-¡Cuánto humo! ¿No has encendido el extractor?-preguntó mi padre entrando en la cocina-comedor. Se acercó a la puerta de la terraza y la abrió antes de poder decirle algo.

-¡No! ¡No abras! India se escap...-empecé a decir, pero fue demasiado tarde, India ya había salido por el balcón y que fuese un primer piso no ayudaba. Fui corriendo al balcón y vi que se iba por la derecha. Maldije a mi padre y bajé corriendo las escaleras para buscarla.

-¡India!-gritaba por la calle, buscando por todos lados. Estaba a tres manzanas de mi casa y empecé a pensar que no la encontraría.

-¿Otra vez tú?-preguntó una voz conocida. Levanté la cabeza y vi a la chica misteriosa con India en brazos.

-¡India!-grité, acercándome a ella y cogiéndola yo.-Menos mal, que te he encontrado,  Amanda sino me mataba.

-¿Esta es la gata para la que comprabas comida?

-Sí, y al abrir la puerta de la terraza se ha escapado.-dije, entonces me fijé que la chica estaba toda manchada.-Oye, estás toda manchada.-ella se miró a sí misma.

-Ha sido tu gata, se ha ensuciado las patas con el agua de la lluvia y me ha ensuciado... Mierda, no tengo nada para cambiarme...-dijo ella. Entonces algunas gotas empezaron a caernos sobre la cabeza.-Lo que me faltaba...

-¿No tienes nada para cambiarte?-ella negó con la cabeza.- ¿y tu casa?

-No hay nadie y se me han quedado las llaves dentro, hasta mañana no vuelve mis padres, está de viaje de negocios, estaba yendo a casa de una amiga, pero no tengo dinero para el bus así que tampoco puedo ir...-me miró y entonces una idea se le cruzó por la cara-¿Puedo quedarme en tu casa?

-¿Qué?-pregunté atónito.

-Sí, me dejas ropa y duermo allí ya sabes...

-¡No! No es por ser maleducada ni nada, pero no te conozco, no sé tu nombre, y no meto a desconocidos en mi casa, ¿qué dirá mi padre?-dije yo, ella me miró con tristeza, y mi parte compasiva le ofreció un trato.-Si quieres puedes venir a mi casa, te dejo algo de ropa y dinero y te vas a casa de tu amiga.

-Vale-dijo ella empezando a dar saltitos por la calle.- ¿Quién es Amanda?

-¿Qué?

-Antes le has dicho a la gata que Amanda te iba a matar si se perdía.

-Ah... Es mi novia.

-¿Vive contigo?

-No, vive en Francia, hace una semana yo también, pero me he mudado por mi padre y su trabajo... Y ella me dejó a su gata para que la cuidase.-Acordándome de eso, me estaba poniendo melancólico.

-Vale.-dijo sonriendo.

Llegamos a mi casa, no le dije nada a mi padre, suponía que no se enteraría de nada. Entré a la chica a mi habitación.

-¿Puedo ducharme?-preguntó.

-Sí, el baño está allí.-dije señalando una puerta en mi habitación.-Espera que elijamos algo de ropa para ti y te vas a duchar.

-Vale.

Cuando conseguimos algo de ropa que le podía ir bien se metió en el baño para ducharse. 15 minutos después había salido. Se estaba peinando y el teléfono de casa empezó a sonar. Fui a cogerlo, era para mi padre, así que fui a su despacho y se lo di. Cuando entré a mi habitación, vi a la chica con mi móvil en la oreja hablando.

-Míralo, ahora viene, ahora se pone.-me tendió el móvil gesticulando que era Amanda, yo lo cogí.
-¿Hola?

-¿Joel?

-Soy yo.-la chica se metió en el baño para dejarme hablar tranquilo.

-¿Quién era esa?-preguntó un poco enfadada.

-No te preocupes por ella. Es una chica que me he encontrado y me ha pedido que le deje ropa para irse a casa de una amiga porque no tiene llaves de su casa.

-¿Qué? ¿Te la has encontrado por la calle y ya está en tu casa como si nada?

-No ha sido así, es complicado, ya te lo contaré más detalladamente en otro momento.

-Vale-dijo un poco insegura-. Te echo de menos.

-Yo también, e India también. El otro día se puso a maullarle  a la foto que tengo de fondo de pantalla en el ordenador donde sales tú.-ella se rio.

Un silencio inundó la línea, solo se oía nuestra respiración.

-¿Estás ahí?-pregunté preocupado. Ella respondió con un leve “sí”.

-¿Pasa algo?-pregunté.

-Sí. Joel... yo...

AMANDA

Ese día por la mañana.

Me levanté por la mañana y fui a desayunar. No me encontraba muy bien hacía unos días, pero pensé que no era importante.

Me pasé el día encerrada en casa, hasta que las náuseas volvieron a mí. Fui corriendo al baño y vomité. Me puse el termómetro.: 36’5 Cº no tenía fiebre.

Mi móvil empezó a sonar, deseaba que fuese Joel, pero un número desconocido estaba en la pantalla. Igualmente lo cogí.

-¿Diga?

-¿Amanda? Soy Pablo.-otra vez el chico ese. No sabía porque le había dado mi número.

-Ah, hola Pablo.-intenté sonar amable.

-¿Qué tal?

-Bien.-mentí.- ¿tú?

-También, ¿puedes quedar esta tarde?

-Eh... La verdad es que no me encuentro muy bien, creo que estoy incubando algo...

-¿Quieres que te haga compañía?-que atrevido el chico, ya se tomaba esas confianzas ¿qué se creía? Quise dejarle claro una cosa.

-No, ahora iba a llamar a mi NOVIO...-dije remarcando la palabra novio.

-Ah... Bueno, pues ya nos veremos si eso...-dijo un poco cortado.

-Adiós, Pablo.

-Adiós.

Me sentía mal por haberle hablado asía Pablo pero no llevaba un bueno día. Sentada en el sofá volví a sentirme mal y volví al baño para vomitar. Después de eso, decidí llamar a Joel.

-¿Diga?-contestó una voz femenina. Miré la pantalla por si había marcado bien. Sí, el número de Joel.

-¿Joel?

-No, no está. Soy una amiga ¿tú eres?

-Amanda, ¿puedes decirle que se ponga?

-No sé dónde está...

-Ah... Bueno...

- Míralo, ahora viene, ahora se pone.

-¿Hola?-preguntó la voz de alguien al otro lado.

-¿Joel?-pregunté.

-Soy yo.-contestó.

-¿Quién era esa?-pregunté un poco enfadada porque contestara esa.

-No te preocupes por ella. Es una chica que me he encontrado y me ha pedido que le deje ropa para irse a casa de una amiga porque no tiene llaves de su casa.

-¿Qué? ¿Te la has encontrado por la calle y ya está en tu casa como si nada?-dije estupefacta.

-No ha sido así, es complicado, ya te lo contaré más detalladamente en otro momento.

-Vale-dije un poco insegura. Estaba andando por la casa cuando me fijé en el calendario. Mis ojos se abrieron con sorpresa al ver que tenía una semana de retraso en la menstruación. -. Te echo de menos.

-Yo también, e India también. El otro día se puso a maullarle  a la foto que tengo de fondo de pantalla en el ordenador donde sales tú.-Yo me reí.

No podía ser, era imposible que... no, no tenía ni que pensarlo.

-¿Estás ahí?-preguntó preocupado Joel.  Entonces caí en la cuenta de las náuseas de estos días, y en que no tenía fiebre. Era totalmente probable. Susurré un “sí”.

-¿Pasa algo?-preguntó. Yo me quedé callada. Pero tenía que decírselo. Así que allá iba.

-Sí. Joel... yo...

-¿Qué?

-Creo que estoy embarazada.

domingo, 28 de abril de 2013

CAPÍTULO 50


Amelia

Me desperté sobre las 11 de la mañana. El mensaje de Josh del día anterior había hecho que durmiera plácidamente.
-Buenos días-dijo mi madre al verme salir de la habitación.
-Hola, mamá.
-¿Has dormido bien?-preguntó.
-Sí. ¿Tienes que irte a trabajar?
-Sí, pero tarde, a las siete o así.
-Vale.
-¿Qué vas a hacer tu, hoy?
-No lo sé...
-¿Por qué no quedas con tus amigas? Hace mucho que no las ves...-me dijo mi madre.
-Es verdad-dije.-Voy a llamarlas.
Entré de nuevo en mi habitación para coger el móvil y llamé a Amanda primero.
-¡Hola!
-¡hola, Amanda!
-¿Qué tal?
-Bien, acabo de levantarme, ¿esta tarde puedes quedar?
-Sí, además, tengo muchas cosas que contarte.
-Vale, pues ¿en una hora en el parque de siempre?
-Vale, adiós.
-¡Adiós!-colgué.
Hecho, ahora tocaba Leire.
-¿Diga?-preguntó, estaba dormida.
-Soy Amelia. ¿Estabas durmiendo?
-Sí... No he dormido muy bien, me he despertado por la madrugada-dice riéndose. No entiendo nada.
-Eh... vale... ¿Puedes quedar?
-¿Cuándo?
-En una hora, en el parque...
-¿En una hora?-dice asombrada, de fondo oigo un murmullo que dice “di que no, di que no”-Sí, claro, en un ahora estoy allí. ¡Adiós!
-Adiós...-digo un poco confundida.
En una hora estamos las tres en el parque, sentadas en un banco de piedra que es como una media luna para vernos mejor. Después de hablar de algunas cosas sin sentido, decido que es hora de contarles todo lo que ha pasado estos días.
-Tengo muchísimas cosas que contaros, y no parecen reales.
-Tampoco será para tanto y yo también tengo algo que contaros.-dice Leire sonriendo.
-Y yo, pero lo mío no es tan importante como parece lo vuestro.
-Vale, pues ¿empiezo yo?-ellas asienten.-Vamos a ello. Seguro que no me creéis...
-¿Quieres hablar ya?-dice Leire exasperada.
-Vale, vale... Se ve que Lucas y Josh estaban metidos en una banda. La hermana de un chico que estaba allí estaba pillada por Josh, y salieron, pero él la dejó para estar conmigo, y también dejó la banda, para que no me pasara nada. La chica, se cabreó y se lo contó a su hermano, que se lo contó al resto de los chicos y quisieron vengarse de Josh por hacerle daño a Sara, la ex de Josh. Con eso que vieron que yo salía con Josh y decidieron ir a por mí, así que como Lucas era el más joven de allí, pues él fue el encargado de vigilarme. Pero Lucas, cuando me conoció se enamoró de mí y  convenció a los otros para que no me hicieran nada. Pero seguían enfadados con Josh así que le dijeron que o pagaba no sé cuánto dinero o no me volvería a ver.  Claro, Josh no sabía que no me harían nada así que intentó reunir el dinero, pero no pudo hacerlo, así que provocaron el accidente de coche que tuvo Josh. Cuando Lucas se enteró de lo que le habían hecho también salió de la banda.
-Tienes razón, no te creo.-dijo Leire con los ojos muy abiertos, al igual que Amanda.
-Espera, eso no es todo. Los que quedan de la banda, le han dicho a Josh que tiene que salir con l achica esa si no quieren que me pase nada, y Josh viendo lo que le han hecho a él ha aceptado y ahora está saliendo con, con esa...
-¿Celosa?-preguntó extrañada Amanda.
-¡No!-dije, pero el rubor de mis mejillas me delató.-Ah, y he dejado a Lucas.
-¿Por qué?-preguntó Leire.
-¿Cómo que por qué? ¿Te parece poco que me mintiera y que me haya metido en estas cosas? Y además está Josh... Y no sé a quién quiero...
-Lucas es mejor-dijo Leire.
-No, Josh es mejor. Es muy mono, arriesgó su vida por ella, en cambio Lucas sólo la metió en todo esto.-dijo Amanda
-Mujer, si lo miras así...-le respondió Leire.
-Bueno, ya vale, yo estoy igual, tengo los pros y los contras de cada uno, pero no sé cuál. Cambiemos de tema, Leire te toca.
-Vale, buff, por donde empiezo.
-Por el principio-dijo Amanda con una sonrisa.
-Ja, ja, que graciosa ella. Vale, el otro día, por la mañana vino Dylan a mi casa, y me pidió que fuera a cenar a su casa. Yo me inventé que tenía una cena con vosotras y que no podía ir, porque no quería ir recordando como acabó la última vez que fui. Así que Dylan se fue, y después vino su hermano, Álex. Entró a mi habitación y vio mi cuadro, el de Klimt y me dijo que en su casa tenía uno que me gustaría, así que más tarde fuimos a su casa y me enseñó el cuadro, con eso que yo le estaba abrazando porque me había regalado el cuadro y entró Dylan. Claro al vernos abrazados pensó mal se enfadó, se puso a gritarme y entre todo esto yo le dejé, porque el chico es más bipolar que no sé qué y me abofeteó...-se escuchó un “Oh” de Amanda  y mío, mientras ella contaba la historia.-Álex entró y al ver que me había pegado le pegó él a Dylan, me acompañó a mi casa. Y, esta madrugada eras las 3 y media ha venido a mi casa, ha entrado por la ventana de mi habitación y así sin más, me ha besado. Después me ha dicho que quería estar conmigo y un millón de cosas bonitas, es un amor, y nos hemos quedado dormidos hasta que tú-me señaló-nos has despertado.
-¿Y ahora estáis juntos?-preguntó Amanda.
-No exactamente, ya que no acepté.
-¿Por qué?-preguntamos las dos.
-Porque no estaba segura y no sé, no quiero ir rápido.
-Pero pobrecillo ¿no?
-¡Ay! ¡Déjame!-dijo Leire.
-Josh me dijo que Álex estaba en la banda de Lucas-dije cortándoles el rollo a las dos.
-¿Qué?
-Sí, dijo que lo estaba, y que era uno de los líderes...-después de eso nos quedamos en silencio hasta que Leire interrumpió.
-Voy a llamarlo.-Se levantó y se alejó con el móvil.
Amanda y yo observamos todos sus movimientos hasta que colgó el móvil y volvió con un semblante serio y se sentó.
-Amelia...
-¿No te había dicho nada, no?-pregunté.
-No, no es eso, es sobre Lucas...-dijo, me miró nerviosamente y habló.-Nunca dejó la banda, más bien...
-¿Qué?-la intriga me estaba matando.
-Es el “líder” él lo planea todo.
-No es verdad.-dije sin querer creerlo.
-Sí, lo es, Lucas no dejó la banda, la dejó Josh y Álex no se mete en esas cosas, sólo está ahí por si lo necesitan, pero nada más.
-¿Cómo sabes que no miente?
-Lo sé, ¿quieres hablar tú con él?-preguntó, yo dude un poco, pero tenía que saberlo así que asentí.
Sacó el móvil y después de explicarle que quería hablar con él me dio su móvil para que hablara.
-Hola, soy Amelia.
-Álex, así que... ¿no me crees?-dijo, parecía divertido.
-No mucho, no sé porque debería ser como tú dices.
-¿Y porque no debería serlo?
-No lo sé...
-¿Ves? No hay razones, te explico todo un poco ¿vale?-dijo amablemente.
-Vale.
-Lucas y su hermano son los “jefes” de la banda, para decirlo de alguna manera.
-Espera, espera, ¿Lucas tiene un hermano?
-Sí... Tom, ¿nunca te habló de él?
-No...
-Bueno, pues sí, tiene un hermano. Nunca se llevaron bien con Josh, así que simplemente lo ignoraban. Pero cuando pasó todo lo de la hermana de Borja, que me ha dicho Leire que ya sabes, pues se pelearon porque Lucas quería a Sara y no sé qué coño más...
-¿Lucas quería a Sara? Entonces cuando Josh la dejó se quiso vengar o no sé qué ¿no?
-Exacto, así que él mismo se encargó de encontrarte y hacer que te enamoraras de él, y él fue el que le causó el accidente a Josh, por eso estaba ahí ese día.
-No me lo puedo creer...-dije conmocionada.
-Sí, es un poco surrealista, pero bueno. ¿Aún no me crees o ya está?
-Sí, sí, te creo, no hace falta nada más. Gracias.
-De nada, ¿me pasas a Leire?
-Claro.-le di el móvil a Leire y mientras ella se despedía no pude evitar ponerme a llorar. Saber que Lucas me había mentido después de creer que ya me había contado todo...
-Shh, no llores.-dijo Amanda abrazándome. Después se le unió Leire.
-Sinceramente ahora sí que prefiero a Josh...-dijo Leire haciéndonos reír.
Después de que me calmara y que acabara de llorar nos quedamos un rato más en el parque.
-¿Podéis venir a dormir a mi casa?-les pregunté.
-Sí, claro, había quedado con Álex pero ahora lo llamó y le digo que no, tu eres más importante que un millón de tíos buenos.-dijo sacándome una sonrisa.
-Yo también puedo venir, llamo a mi madre y se lo digo.
-Vale.
Una hora después estábamos todas en mi habitación, sentadas en la alfombra hablando. Mi madre llamó a la puerta.
-Pasa.-le dije.
-Hola chicas, Amelia cariño, tienes una carta.
-¿Una carta?-pregunte extrañada.
-Sí, yo me voy a trabajar, volveré tarde.
-Vale, te quiero.
-Yo también, pasáoslo bien chicas.
-Adiós Kate.-dijeron Leire y Amanda al unísono.
Cuando mi madre se fue, las tres miramos la carta, el remitente, que fue lo que más nos sorprendió: Josh Moreli.
-¿Por qué me enviaría una carta?
-No lo sé... ¡Pero ábrela!-dijo impaciente Amanda.
-Vale.-con cuidado abrí la carta y empecé a leerla.

Querida Amelia:

Esto de escribir cartas no se me da bien, pero supuse que era más bonito que un simple mensaje o un email. Así que aquí estoy, sentado en mi camilla del hospital escribiéndote esta carta.
No sé por dónde, sí ya sé, por el principio, pero, ¿cuál? He decidido que el que nos conocimos. Fue algo así como:

Primer día de instituto, yo empezaba bachillerato. Entré por la puerta y decenas de ojos se posaron en mí. Mis amigos me saludaron. Me acuerdo que a primera hora tenía Literatura, así que empecé a dirigirme hacia mi clase cuando la risa más preciosa que he oído me llenó los oídos. Sí, tú. Ibas con tus amigas riéndote por el pasillo, no pude despegar mis ojos de ti hasta que desapareciste por el pasillo. Tú apenas me miraste. Te conocía de antes, pero nunca me había fijado en ti verdaderamente, hasta ese año.

¿Sufrir? Sufrir es pasarse toda la clase de Literatura pensando si volveré a verte, o si me mirarás finalmente. (Me ha rimado) Cuando escuché el timbre sentí que los ángeles cantaban, recogí lo más rápido que pude para poder encontrarte en el pasillo. Pero no hubo suerte, así que como alma en pena me dirigí a mi siguiente clase, y así hasta la hora del recreo.

Yo ya desistí en la idea de volver a verte así que iba caminando por los pasillos, cuando la puerta de un aula se abrió y me dio de bruces contra la cara. Tan distraído iba que me caí al suelo. Y de detrás de esa puerta saliste tú, ruborizada y pidiendo perdón un centenar de veces. Ahí fue cuando nos presentamos, me acuerdo de como evitabas mirarme a los ojos de lo avergonzada que estabas. Pusiste cualquier excusa y te fuiste por el pasillo.

Pasaron los días y eras en lo único que pensaba. Y como azar del destino nos volvimos a encontrar, en la parada del bus. Nos sentamos juntos y charlamos, nos reímos y te conté cosas que no le había contado a nadie. No sé cómo pero acabaste dándome tu número de móvil, creo que en ese momento fui el hombre más feliz, por el momento.

No hacía cinco minutos que habías bajado del bus y ya te estaba llamando. No sé porque lo hice, supongo que para oír tu voz. Te dije que así tú ya tendrías mi número. Quedamos unas veces fuera del instituto, íbamos al cine, a un bar, o simplemente a dar una vuelta.

De un momento a otro ya nos habíamos dado nuestro primer beso. Tengo que admitir que un baño no es el lugar más romántico, pero para mí lo fue. ¿Te acuerdas? Estábamos comiendo un perrito caliente cuando te manchaste de mostaza, te invité a mi casa, a limpiarte la camiseta, asegurándote que mi familia estaba allí, al ver tu cara atemorizada. Entraste al baño, con una camiseta de mi hermana para cambiarte, le pusiste el seguro a la puerta y no supiste abrirlo. Así que te pusiste a gritas, ¿cómo iba a saber yo que eras claustrofóbica? Conseguí abrir la puerta y tú estabas acurrucada en un rincón del baño. Te levanté, nos abrazamos y te besé.

Ese fue el primer beso de muchos. Empezamos a salir, nadie lo sabía. ¿Sabes? Ahora mismo me arrepiento de que nadie lo supiera, lo que daría por que la gente supiera que he tenido tal tesoro entre mis brazos.

El peor día de mi vida llegó, tú hacía unos días que estabas distante conmigo. Todo se me desmoronó cuando me dijiste que ya no me querías, fue como quitarle el agua a un pez o las alas a un pájaro. Me encerré en mi habitación, no comí, no hice nada esos días. Hasta que decidí que si tú eras feliz yo también lo era.

¿Pedirte que me ayudaras aquel día en el instituto cuando estabas con Lucas? Fue totalmente espontáneo, lo vi y pensé que debía saber cómo era tu novio. Vi que a pesar de cómo era tú le querías así que me fui por donde había venido.

Volví a ver la luz aquel día en el restaurante, cuando me dejaste besarte. Vi que no todo estaba perdido y decidí luchar por ti. Cuando fui a tu casa a ducharme después de aquel diluvio pensé que te tenía, pero supe que no podía hacer nada cuando llegó Lucas y prácticamente me echó de ahí.
Pero aquí estoy, en una camilla de hospital con la pierna rota y suspirando por ti, sin perder las esperanzas. Espero que algún día vuelvas a pensar en todo lo que pasamos juntos, y si valió la pena.

Te quiero.
 Josh

Lágrimas salían de mis ojos y de los de mis amigas. Nos abrazamos y lloramos de todas juntas. Era una imagen algo cómica ya que ellas dos no tenían motivo para estar llorando. Nos separamos secándonos las lágrimas.

-Uau...-dijo Amanda.-Es lo más tierno y adorable que he visto en mi vida.
-Definitivamente prefiero a Josh. ¿Tú no?-me preguntó Leire, yo me lo pensé y finalmente respondí.
-Sí.

domingo, 21 de abril de 2013

Micreorelato

¡Hola! Este microrelato lo escribí para un concurso, y como no se publicó en ningún sitio, he decidido compartirlo con vosotros, y quiero deciros que hoy no habrá capítulo, no está escrito, tengo las ideas, pero me resulta muy complicado plasmarlas como quiero.


No me dejes...

Me desperté aturdida. No sabía que había pasado, recordaba a mi padre, borracho, y después... Nada. Me fijé en mi entorno, estaba en una playa, no, en una playa no, en ESA playa, la playa donde Iván me pidió para salir, después de que yo llevará cerca de tres años enamorada de él. ¿Por qué estoy aquí?-me pregunté, pero no obtuve ninguna respuesta. Decidí tumbarme en la arena otra vez, a lo mejor así conseguía recordar algo. Cerré los ojos y me concentré en recordar, entonces todo  vino a mi cabeza, la pelea con mi padre,  la bofetada que me dio y el grito de Iván en la puerta antes de caer en un profundo sueño que me llevó hasta aquí. Me levanté de golpe y caminé hasta el agua, me mojé los pies y me adentré en el mar. Cuando el agua me llegó a la cintura escuché una voz, gritando mi nombre, una y otra vez. Me concentré en reconocer esa voz, me resultaba muy familiar, parecía la de Iván. Sí, estoy segura de que era él-pensé, oyendo como seguía gritando mi nombre. Al escuchar el dolor en su voz sin dejar de repetir mi nombre entre muchos “No me dejes...” me di cuenta de que no podía dejarlo solo, tenía y quería estar con él, así que con todas mis fuerzas me concentré en su voz, sus ojos, sus besos, sus abrazos, en todo él, hasta que la oscuridad invadió mis ojos.

Cuando desperté solo vi unos ojos color caramelo, estaban rojos de llorar. Nos quedamos en silencio por unos segundos, mirándonos, hasta que, el llanto de mí acompañante estalló.

-Sara...-dijo Iván abrazándome fuertemente.-Te quiero.




domingo, 14 de abril de 2013

CAPÍTULO 49


Álex

Me alejé de casa de Leire y volví a mi casa para hablar con mi hermano. Cuando llegué fui directo a su habitación y me lo encontré tumbado tranquilamente en su cama, cuando me vio se levantó de golpe y se puso a temblar de una manera estresante.
-¿Qué quieres?-preguntó.
-Que me digas porque estúpida razón pensabas que Leire y yo estábamos enrollándonos ahí abajo.-la sorpresa grabó su rostro.
-Es obvio, te pasas el día en su casa, la proteges de todo, la llevas en tu moto, y la manera en que estabais abrazados...
-Madre mía, me paso el día en su casa porque su hermano es amigo mío, y la protejo por la misma razón, y porque soy su amigo, A-MI-GO, ¿lo entiendes?
-¿Y lo de la moto? Nunca has dejado que nadie excepto tú se suba en tu moto, y ahora va Leire y se sube sin que le digas nada.-dijo, con eso me desarmó por completo, no había una explicación para eso. Dylan tenía razón, nunca había dejado que nadie subiera a mi moto, y ahora llegaba Leire y lo hacía y no le ponía ninguna pega.
-Eso no te importa, y ahí abajo sólo me abrazaba porque le he regalado un cuadro que ella quería.
-¿Qué cuadro?
-El beso, de Klimt.-dije temeroso porque no se diera cuenta de que cuadro era, pero vi que había fracasado en el intento al ver su mandíbula desencajada y sus ojos abiertos.
-Ese cuadro es lo único a lo que le tienes aprecio, es el único recuerdo de nuestro tío. Sé que lo protegerías con tu vida y ahora vas ¿y se lo regalas a esa fulana?
-¡No la llames así!-dije conteniéndome. Pensé en lo que me dijo, y tenía razón, ese cuadro es lo único que me quedaba de mi tío Paul, él era como un padre para mí, y me regaló el cuadro antes de morir, siempre le tuve aprecio a ese cuadro. Pero al ver los ojos iluminados e ilusionados de Leire, no pude evitar querer dárselo.
-¿Ves? La proteges.-dijo él, yo me quedé callado sin nada que decir, entonces la cara de mi hermano se iluminó, algo le había pasado por la cabeza.-Le quieres, estás enamorado de Leire. Ahora todo tiene sentido.
-Anda, no digas gilipolleces hermanito. Sólo la protejo porque me cae bien, nunca me gustaría.-le dije, intentando convencernos, a él y a mí.
-Sí, sí...-dijo saliendo de la habitación y dejándome pensando.
Me fui a mi habitación para pensar un poco, pero no lo conseguí ya que un sonoro ¡Álex! ¡Baja aquí ahora mismo! De mi padre hizo que me levantara y bajara abajo.
-¿Qué es esto?-preguntó mi madre señalando un golpe en el abdomen de mi hermano.
-¿Un golpe?-pregunté confuso por la pregunta.
-Eso ya lo vemos, dice que le has pegado.
-Es verdad, le he pegado yo.-dije de una forma natural.
-¿Y te parece normal?-intervino mi padre.
-Tenía mis motivos para hacerlo-dije indiferente.
-¿Y se puede saber qué motivos te llevaron a pegarlo a tu hermano así?-preguntó, yo miré desafiante a mi hermano, que miraba con cara de temor por si lo decía. Yo no reprimí las ganas de vengarme por todo lo que me había hecho al largo de los años y lo solté.
-Claro, que sí. Mi hermanito querido.-dije acercándome y poniendo una mano en el hombro de mi hermano.-Ha abofeteado a Leire y la ha insultado de maneras poco correctas.-dije sonriendo.
-¿Es verdad eso, hijo?-le preguntó severo mi padre a Dylan.
-Sí... ¡Pero ella me dejó, y se lo merecía!
-¡No digas tonterías, imbécil! Leire te dejó porque algo que hiciste mal. Y eso es irrelevante, ya te lo dije, a una chica ni se la toca, ni se le habla sino es para demostrarle cuanto la quieres.-dije, los ojos de mi madre se abrieron con admiración.
-En eso tu hermano tiene razón.-dijo mi madre.
-Es verdad-dijo mi padre.-No deberías haber tocado a esa chica.
-Vale, ya lo he pilado, no se repetirá otra vez.-dijo mi hermano levantando las manos en rendición.
Después de esa pequeña charla y de haber cenado subí a mi habitación. Me quité la camiseta, me puse unos pantalones de chándal y me tumbé en la cama dispuesto a descansar un poco. Cerré los ojos, y la primera imagen que se me vino a la cabeza fueron unos ojos azules y un pelo rubio, Leire. Se metía en mis sueños, en mis pensamientos, y me encantaba-¿Qué estoy pensando?-zarandeé la cabeza y decidí darme una ducha fría, para ordenar mi cabeza. Cuando salí, seguía igual que antes, y sólo se me ocurrió una cosa, recurrir a mi mejor amigo, Derek. Sin pensarlo más salí de casa en la Harley Davidson y me fui a su casa.
Llamé a la puerta, y me abrió apenas vestido y con cara de dormido.
-¿Qué coño haces a estas horas, tío?-preguntó.
-Te necesito, es importante.-dije, sus ojos se abrieron con alarma, y me dejó pasar.
-¿Qué pasa?-preguntó una vez sentados en el sofá.
-No lo sé, eso es lo que pasa.  ¿Te acuerdas de la chica que tiré en la discoteca?
-¿La que te gritó?
-Sí, esa.-él me escuchó atentamente.-Salió con mi hermano hasta ayer. Resulta que el hermano de la chica, es un amigo que hice en el instituto, y fui a su casa y me encontré con la chica y...
-¿Ve al grano quieres?-pidió.
-Vale, es que mi hermano hoy me ha dicho que estoy enamorado de ella, y yo, yo no sé qué hacer, porque, es que...-dije parando de la frustración.
-Me estás diciendo, que has venido a las 3 de la madrugada a despertarme, para que te ayude a saber si estás enamorado de la chica, que por cierto, ¿cómo se llama?
-Leire Cabret, sí, eso es lo que quiero que hagas, por favor.-le supliqué, él me miró comprensivo.
-Vale, estoy seguro de que estás enamorado, ha sido decir su nombre y se te han iluminado los ojos, pero para que te lo creas. ¿Qué te gusta de ella?-su faceta de psicólogo salía a relucir.
-Todo, su sentido del humor, sus berrinches de niña pequeña, su risa, sí, su risa me encanta.-dije sonriendo como un idiota.
-Vale, lo vas viendo ¿no?-dijo, yo no contesté.-Imagínate que hay alguien que le quiere hacer daño a Leire, y tú debes dar tu vida para salvarla ¿lo harías?
-Sin pensármelo dos veces.-contesté seguro. Entonces lo vi, estaba dispuesto a dar todo por ella, me imaginaba lo típico de las películas, a ella y a mí, sentados en un porche de viejecitos. Me levanté, besé la cabeza de mi amigo, que estaba sorprendido por mi arrebato.-Gracias, gracias.
-¿Te has dado cuenta?-preguntó, yo asentí con la cabeza.-¿Vas a decírselo?-yo titubeé un poco, pero finalmente asentí-¿A qué esperas? Si ella te quiere te hará caso aunque sean las 3 de la madrugada.
Salí de su casa con él detrás, me subí a mi moto para irme en busca de la chica que desde hace unas semanas le daba razón a mi vida.
-Sigue estudiando psicología, se te da bien.
-Se intenta-dijo con una sonrisa.

*   *   * 

Apagué el motor,  estaba delante de su casa. El corazón me latía fuertemente, pero no me echaría atrás, no ahora.
Pensé cómo podía entrar a verla, y decidí que llamarla al móvil y decirle que me abriera sería lo mejor para no despertar a nadie. Así que, saqué el móvil y la llamé, mientras esperaba que me cogiera el móvil me puse delante de la ventana de su habitación, para ver si se despertaba.
-Mmmph... ¿Diga?-dijo adormilada.
-Soy Álex.
-¿Álex? ¿No tenías nada mejor que hacer que llamarme a esta hora? Son las 3 y media de la madrugada...-dijo, una luz se encendió en su habitación, supuse que fue la lámpara de noche.
-Sí, lo sé, y lo siento, pero es importante.-pasaron unos segundos hasta que respondió.
-Vale, te escucho, que pasa...
-¿Puedes abrir la ventana de tu habitación? Estoy fuera...
-¿Qué?-dijo desconcertada, a los poco segundos estaba mirando por la ventana y quitándole el seguro para abrirla.
-Aparta, voy a entrar.-dije cuando ya había abierto, ella se apartó.
Mi intención era entrar de forma atlética y como si pareciese que lo hacía cada día, pero el resultado fue muy diferente. Me enganché un pie en la ventana, y como era bastante alta, me costó saltar. Vaya, en las películas lo hacen parecer mucho más fácil...
-Ya está-dije entrando del todo. La miré y al verla con su pijama de pantalones cortos y camiseta de tirantes no pude evitar ponerme más nervioso, el corazón se me salía del pecho.
Nunca pensé que una sola chica podría hacerme esto, siempre lo tenía todo controlado, o lo intentaba, pero ella rompía todos mis esquemas.
-¿Qué pasa? ¿Qué quieres decirme?-preguntó sentándose en la cama. Yo la seguí y me senté a su lado.
-Yo...-me quedé en blanco, al ver que me miraba atentamente con sus ojos, no se me ocurrió otra cosa, que besarla.
Sí, así es, la besé. Apoyé mis labios sobre los suyos en un suave roce. Ella no me correspondía, pero yo no quería dejar de besar aquellos dulces labios, así que insistí, hasta que rodeó mi cuello con sus manos y me atrajo hacia ella profundizando el beso. No sé si fueron horas, minutos o segundos, pero fue perfecto. Nos separamos con las respiraciones agitadas, cuando nos calmamos, ella no me miraba directamente.
-¿Por qué has hecho eso?-preguntó entre desconcertada y confusa.
-Me puse nervioso...-vaya, eso no sonó como en mi cabeza.
-Tenías que decirme algo importante, te pusiste nervioso y me besaste, ¿así como así?-preguntó con los ojos abiertos como platos.
-Sí, bueno, no.-No sabía cómo decírselo, nunca pensé que fuera tan difícil. Lo diré de un tirón, será más fácil ¿no?-Creo que te quiero...-Su mandíbula se desencajó totalmente.
-¿Qué? ¿Álex, estás bien?-dijo tocando mi frente. Yo aparté su mano y respiré hondo.
-Que sí, joder, que me encantas, que me haces pensar las cursilerías de las películas, no puedo sacarte de mi cabeza, cuando te veo todo me parece mejor y cuando te vas se me cae el mundo. Quiero abrazarte cuando estés mal, y sacarte una sonrisa en los peores momentos. Eres en lo primero que pienso al despertarme y en lo último al irme a dormir.  Tengo ganas de verte a todas horas, a cada minuto, a cada segundo,  aunque sólo haga cinco minutos de la última vez que nos hemos visto. Quiero ser la razón de tu sonrisa. Siento la necesidad de protegerte para que no te pase nada malo. Me imagino una vida contigo, felices, juntos.
-¿Juntos?
-Sí. Tú y yo, juntos...