jueves, 13 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 29


Amelia

-¿Qué hacéis aquí?-nos pregunta Josh a Lucas y a mí.
-Soy el hijo de Eduardo Lamoretti-le dice Lucas, y me coge de la cintura, me mira primero a mí y después a Josh-Y ella es mi novia, así que la he invitado... ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?
-Yo soy el hijo de Ricardo Moreli, trabaja con tu padre, y me ha arrastrado hasta aquí... Pero... veo que esto no será tan aburrido ¿no?-dice él mirándome, yo le aparto la mirada y todo el cuerpo de Lucas se tensa, hasta que le cojo la mano.
-Lucas, vamos, tu madre nos llama-le digo a Lucas intentando que nos vayamos de allí.
-Pero si mi...-empieza a decir Lucas, pero le pellizco el brazo disimuladamente-Sí es verdad, vamos.
Lucas y yo nos vamos a un sitio apartado de Josh y del resto de los invitados.
-¿Qué te pasa?-le digo yo apoyando mi frente en su pecho.
-Nada... Que no me gusta como te mira ese tío.-me dice él acariciándome el pelo.
-Pues no te preocupes ¿vale? Porque solo con decirnos “hola” ya te has puesto nervioso... ¿estás celoso?-le digo con una sonrisa.
-¡No!-me dice, pero yo lo miro a los ojos-Bueno... Tal vez...
Yo suelto una carcajada.
-Me encanta cuando te pones así-le digo yo dándole un beso en los labios.
-¿Así, cómo?-me pregunta dándome otro beso, pero un poco más intenso.
-Como un niño pequeño, y celoso, me gusta que te pongas celoso-le digo yo besándolo con más intensidad.
-Yo no me pongo como un niño pequeño-dice él separándose de mí, frunciendo el ceño, cruzándose de brazos, y con voz de niño pequeño, nos miramos y nos reímos los dos, y nos fundimos de nuevo en un beso.
-Venga, vamos, que ahora empezará el baile, y quiero verte bailar.
-¿Qué? ¡No! Yo no pienso bailar...-me dice él sorprendido.
-Venga... Hazlo por mí...-le digo poniendo cara de pena.
-Que no... Amelia, no se me da bien bailar-me dice cogiéndome de la cintura, pero yo me aparto.
Y entonces una idea pasa por mi cabeza, seguro que con eso consigo que Lucas baile conmigo, aunque solo sea por orgullo...
-Pues... me iré a bailar con Josh, que seguro que él si que quiere bailar conmigo...-le digo acercándome mucho a él. Doy media vuelta, le doy con todo el pelo en la cara y empiezo a caminar lentamente hacia donde están todos los invitados, pero la mano de Lucas me coge de la mano y me gira y me acerca hasta él.
-Eso si que no... Antes haré el ridículo...-me dice él susurrándome al oído-pero, ¿no podemos negociar lo de bailar?-me dice besándome.
-No...-le digo volviendo a besarle.
-Pero yo no quiero bailar... Parezco un pato...-me dice él entre beso y beso.
-Pues no te daré más besos hasta que bailes conmigo...-le digo apartándome de él.
-Eso es injusticia pura y dura...-me dice él cogiéndome de la cintura y acercándome a él. Yo pongo mis manos en su pecho, pero cuando él va a besarme, yo giro la cara y me acaba dando un beso en la mejilla-Vale... Venga, vamos...-acaba resignándose él.
-¡Bien!-le digo yo sonriéndole y dándole un corto beso en los labios como agradecimiento.
La verdad es que lo que decía Lucas de que no sabía bailar era pura tontería, porque lo hacía genial, parecía el maestro en una clase de gente patosa que no sabe bailar nada de nada.
Más tarde nos sentamos en la mesa para cenar, en nuestra mesa denominada la de “los jovencitos” había dos gemelas rubias, Josh, yo y Lucas, a mí me toco sentarme en medio de Josh y Lucas, y al otro lado de Lucas las dos gemelas.
Para cenar nos dieron una quiche de jamón y queso, y de segundo un rico entrecote con salsa pimienta, de postre sacaron una tarta de tres pisos, pero casi nadie comió.
Estábamos todos sentados en la mesa, Lucas no paraba de  hablar con las dos gemelas rubias que estaban a su lado, y tengo que admitir que eso me molestaba un poco, porque no me hacía ni caso, como si no existiera, y pasaba de hablar con Josh, que en cambio no paraba de hablar de mi relación con Lucas...
-Tu novio no te hace mucho caso por lo que veo... Está bastante ocupado con sus dos gemelitas...-dice mirando hacia Lucas, y luego a mí, y decide cambiar de tema-Veo que me sustituiste rápido...-me dice él mirándome a los ojos, pero yo miro hacia otra parte.
-Josh... Lo nuestro no llegaba a ninguna parte...-le dije yo volviéndolo a mirar, y es que, Josh y yo habíamos salido juntos el año pasado, nadie lo sabía, lo manteníamos en secreto, en parte, porque mis amigas se volverían locas, y por la suya, que sus amigos se meterían con él por salir con una chica de 3º de ESO, así que salimos en secreto hasta que empezó el curso, y me encontré a Lucas en la calle, y supe que lo mio con Josh no tenía futuro, y lo dejé, fui un poco cruel, le dije que ya no le quería, no era del todo cierto, aún lo quería, pero quería mucho más a Lucas, él aceptó mi decisión diciendo que tampoco me quería... No vino a clase en una semana, pero cuando volvió no me dirigió la palabra en ningún momento, hasta el día que Lucas se coló en el instituto.
-Eso no lo sabes...-ahora es el que me aparta la mirada. Pero tiene razón, no lo sé.
La conversación con Josh se acaba ahí, y me giró en busca de alguna atención por parte de Lucas.
-Lucas...-le digo de forma melosa, pero él ni se inmuta-Lucas...-le repito, esta vez se lod digo en el oído, para asegurarme de que lo oye, y como respuesta obtengo, que Lucas mueva su silla más hacía las gemelas, como si quisiera apartarse de mí...
Yo resoplo, y en ese momento miro a mí alrededor, toda la gente de la sala está acostumbrada a estos tipos de fiesta, me siento sola, en ese sitio, como si estuviera encerrada en una caja de cristal y nadie pudiera verme.
-Lucas... ¿podemos irnos?-le digo agarrándolo el brazo, pero el se mira el brazo, junto a las dos gemelas que me mandan dos miradas asesinas, y Lucas aparta mi mano de su brazo.
-Ay, Amelia, estate quieta...-dice volviéndose a girar y seguir hablando con las gemelas.
-Pues me iré yo misma.-le digo levantándome de la silla y saliendo corriendo de allí, con las lágrimas en los ojos.
-¡Amelia!-grita Lucas, que parece que ha salido de su hechizo con las gemelas, y se digna a hacerme caso, pero ya es tarde, sigo corriendo hasta que estoy fuera de aquel edificio.
-Dentro, Lucas y Josh se levantan a la vez y vienen a por mí, justo cuando están en la puerta ambos se miran como diciendo: ¿qué hacemos?
-Creo, que ya has hecho suficiente por hoy, saldré yo.-le dice Josh a Lucas, y esté sin saber porque asiente y deja que Josh sea el que salga a hablar con Amelia.
-Amelia-dice Josh al verme sentada en el bordillo de la carretera tapándome la cara con las manos para que no me vea llorar.
-Déjame en paz-le digo entre sollozos.
-Vamos, venga, no llores-me dice sentándose a mi lado.
-¿Porqué los chicos sois así?-le digo girándome para mirarle, seguramente tenga todo el rímel corrido por la cara...
-¿Cómo, que porque somos todos así?-me pregunta confuso.
-Sí, a veces sois un encanto y cariñosos, y otras sois unos estúpidos, que hacéis como si no existiésemos, a no ser que seas preciosa, como las dos gemelas pijas de allí dentro.
-Tú eres preciosa...-me dice acariciándome el pelo.
-Eso, no es verdad... no soy preciosa...-le digo.
-Sí que es verdad, y lo sabes, porque no será por veces que yo te lo  haya dicho, y seguro que tu nuevo novio, también te lo ha dicho alguna vez, ¿o me equivoco?-me pregunta mirándome a los ojos.
-No, no te equivocas... Pero también ha pasado de mí olímpicamente esta noche...-le digo apoyando mi cabeza en su hombro.
-Seguro, que no lo ha hecho a propósito... Él te quiere, y tu a él, y eso es lo que importa-me dice él pausando las últimas palabras, como si le costase admitir lo que está diciendo.
-¿Porqué quieres que lo arreglé con Lucas?-le pregunto.
-Porque: no quiero que estés mal, porqué me preocupo por ti, porque me sigues gustando, porque soy tu amigo y porqué sé que quieres a... Lucas...-me dice él tardando en decir el nombre de Lucas, e igual que antes como si le costase decir que mi novio es Lucas, pero mi mente se ha quedado en una de sus razones de porque quiere que lo arregle con Lucas.
-¿Qué?-digo con los ojos muy abiertos, y mirándolo-¿Cómo que te sigo gustando?
-Pues eso, ya lo has oído...-dice apartando la mirada, se notaba que estaba incómodo.
-Pero sí cuando lo dejamos los dos dijimos que no nos queríamos...-digo yo un poco confusa.
-Eso no es cierto, tú decidiste dejarme, diciéndome que ya no me querías, pero yo me limité a aceptar tu decisión, ¿por qué si no iba a faltar a clase una semana? ¿Por amor al arte? No... Esos días estuve pensando en ti, cada hora, cada minuto, cada segundo, hasta que decidí, que lo mejor sería evitarte...
-Yo... No sé que decir... Pensaba que ya no sentías nada por mí...-le dije.
-Ya, bueno, igualmente, todo hubiese sido igual que ahora, solo que tú hubieses sabido antes de mis sentimientos...-dice él por fin girándose para mirarme.
-A lo mejor no...-digo yo en un susurro, pero Josh consigue oírlo
-¿Cómo?-dice él.
-No, nada, nada...-digo evitando el tema, pero él no se da por vencido.
-Me estás diciendo que si cuando cortamos, yo te hubiese dicho que te seguía queriendo, ¿seguirías saliendo conmigo y te hubieses olvidado de Lucas?-me pregunta, con cara de saber la respuesta.
-No...-le digo.
-Pues no tenía sentido decírtelo...-dice él-Oye-dice cambiando de tema-debería ir a buscar a tu príncipe azul allí dentro, estaba esperando para salir...
-Vale...-le digo yo, la verdad es que no me apetecía mucho hablar con Lucas, con Josh se estaba bien, pero tenía que enfrentarme a Lucas, así que dejé que fuera a buscarlo.
Me levanté junto a Josh, nos miramos, le di un beso en la mejilla, y empezó a irse hacia el edificio, pero se paro.
-Amelia...-dijo volviéndose a acercarse a mí.
-Dime-dijo con una sonrisa.
-Antes de que me dejaras, quise darte una cosa, pero te fuiste enseguida, así que no tuve oportunidad...
-¿El qué?-le dije sin pensar en lo que podría pasar después.
-Esto-dijo, me puso una mano en la nuca, otra en la cintura y me besó.
No recordaba sus besos, pero al sentir sus labios sobre los míos una llama en mí se encendió, haciéndome recordar todas las veces que estuvimos juntos en la playa paseando, y besándonos hasta el anochecer.


En vez de apartarme le correspondí el beso sin saber muy bien porqué, me puse de puntillas para llegar mejor, le rodeé el cuello con los brazos, sabía que aquello estaba mal, mi novio estaba muy cerca de allí, apenas a unos metros, podía salir en cualquier momento, así que me aparté de Josh apoyando mi frente en la suya.
-¿Porqué me has besado?-le pregunté aun sin aliento a causa del beso.
-Ya te lo he dicho, no tuve oportunidad de hacerlo en su momento-me dice con una de sus mejores sonrisas-Ahora sí, voy a buscar a Lucas.
-Que remedio...-le digo, la verdad es que ahora me apetece menos aun hablar con Lucas... Seguro que viene diciendo que él no ha hecho nada...
Josh entró a por Lucas, y a los pocos segundos vi como la figura de Lucas se acercaba a mí lentamente, y se paraba delante de mí, pero no dijo nada, solo me miró.
-¿Qué?
-¿Qué de qué?-dijo él.
-¿No piensas decir nada?-le pregunte con los ojos abiertos.
-¿Qué voy a decir? Eres tu la que ha salido corriendo de allí dentro.
-¡Pero por tu culpa!-le dije anonadada.
-Sí, claro ahora la culpa será mía.
-Pues sí, si no te hubieses pasado toda la noche hablando con esas dos y me hubieses hecho un poco de caso, esto no habría pasado.
-Estás celosa...-dijo él con una sonrisa socarrona en la boca.
-¡No estoy celosa! Solo quiero que me preste s un poco de atención de vez en cuando.
-¡Vamos, Amelia! Sí no he hecho nada...-me dice él.
-No que va...-le digo yo cada vez subiendo más el volumen.
-¡Vamos dentro Amelia!-dice él cada vez perdiendo más los nervios.
-¿Para qué? ¿Para qué sigas pasando de mí? No, gracias.-digo ya gritando, algunas personas en la calle se giraban para mirarnos curiosos, pero no me importaba, las mejillas se me encendían, los ojos me escocían, eso significaba que iba a empezar a llorar en cualquier momento.
-¡No! ¡Porqué nos están esperando!-dijo Lucas perdiendo los nervios y gritándome.
-¡Me da igual quien nos está esperando, no pienso volver ahí dentro!-le digo-¡A ti solo te interesa que piense la gente de ti! ¡No te importo una mierda!
-¡Eso no es verdad! ¡Me importas! ¡Pero tenemos que volver dentro nos están esperando!-dijo él aun gritando, ahora toda la calle nos miraba atentamente.
-¡Vete tu si tanto te importa estar allí con tus dos gemelitas! ¡Yo me voy!-dije girándome y empezando a andar, todo el mundo me miraba, pero después lo pensé mejor di media-vuelta y caminé hacia Lucas que sonreía pensado que había logrado que entrase en razón y entrásemos dentro, pero lo que hice fue algo muy distinto, me acerqué a él sonriéndole y le di una bofetada en la cara-Así aprenderás.-sentencié, y entonces si que me marché, y llorando y corriendo llegué a mi casa.
Como mi madre no estaba me encerré en mi habitación, me quité el vestido arrojándolo al suelo, me puse unos pantalones cortos y una sudadera, y me senté en mi cama. Me tapé la cara con las manos y lloré.

Mi móvil sonó, me sequé los ojos con el dorso de la mano, y miré quien me estaba llamando, Lucas, no se lo cogí, ni esa ni les 14 veces siguientes que me llamó, hasta la última, que decidí que ya era hora de hablar con él, ya me había calmado, y creo que era capaz de mantener una conversación estable.
-¿Diga?
-Soy yo, Lucas.
-¿Qué quieres?-le dije lo más seca que pude.
-Pedirte disculpas...-dice él.
-Lucas, estoy cansada ya hablaremos otro día...-le dije intentando hacerle ver que seguía enfadada y no quería hablar con él.
-Enserio que no te entiendo...-dice el frustrado.
-¿El qué no entiendes?
-Me dices que me preocupe más por ti, que te haga más caso, y después de 14 llamadas te dignas a contestarme, yo intento hablar, te pido perdón ¿y tú me vienes con que estás cansada? Pues que quieres que te diga pero no te entiendo
-Es que, Lucas, no todo se arregla con una simple llamada-y le cuelgo.
Vuelvo a llorar, hasta que me quedo dormida sin más lágrimas que salgan de mis ojos.

sábado, 8 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 28


Amanda

Cuando las chicas se han ido, me preparo y bajo al sitio donde siempre quedo con Joel. Él ya está allí esperándome.
-¡Buenos días, amor!-le digo a Joel cuando estoy a su lado.
-¡Buenos días, preciosa!-me dice rodeándome la cintura con los brazos y besándome.
-Te he echado de menos.-le susurró en los labios besándolo otra vez.
-Yo también a ti-me dice abrazándome como si la vida le fuese en ello.
-Jo-Joel... N-no pued-do r-respirar...-le digo poniéndole las manos en los hombros y apartándolo un poco.
-Lo siento, ha sido sin querer, no quería hacerte daño, ¿estás bien?-dice él atropelladamente.
-Joel, escúchame, estoy perfectamente, no pasa nada ¿vale? ¿Por qué estás tan nervioso?
-¿Tanto se nota?-me dice apoyando su frente en la mía.
-Pues un poquito sí...-le digo yo dándole un pequeño beso en los labios-¿qué te pasa?
-No...Aún...No...Quería...Decírtelo...Pero...Es...Complicado... ¿Entiendes?-dice él entre pausas.
-¡Ay, Joel! ¿Cómo quieres que te entienda si hablas así? Dime lo que sea...-le digo y entonces caigo en la cuenta de lo que a lo mejor quiere decirme-¿Quieres...cortar conmigo?
-¿Qué?-me dice con los ojos muy abiertos-¡No! ¡Claro que no! Amanda, tú...tú eres...eres mi vida-me dice abrazándome.
-Y tú la mía, no sé que haría sin ti-le digo con los ojos llorosos.
-¡No! No digas eso...-me dice como si estuviera enfadado, pero enseguida se relaja-no digas eso, tú harás tu vida...
-¿Pero que quieres decirme Joel? Me estás liando, no sé que pensar...-le digo.
-No es fácil decir estás cosas.
-Joel, no puedo más, estoy histérica, dímelo ya.
-De acuerdo...-dice él mirando al cielo.
-¿Y bien?-le digo animándolo a que lo diga, entonces él me mira intensamente a los ojos.
-Me voy.
Entonces, todo mi mundo se desvanece, siento como algo dentro de mí muere, y las ganas de llorar se intensifican, pero no dejó que las lágrimas broten de mis ojos, no.
-¿Cómo que te vas?-le digo yo mirándolo a los ojos, pero él aparta la mirada, notó, como lo pasa mal, sé que le está siendo difícil explicármelo.
-Sí, me voy, me marcho a California, a mi padre le han ofrecido un trabajo allí, y ha aceptado...
-Bueno, pero volverás ¿no? No será por mucho tiempo, uno a dos meses ¿no?-le digo yo intentando creer lo que digo, pero sé que seguramente será mucho más tiempo.
-No...El contrato son dos años, Amanda...-y cuando acaba de decir esa frase yo no puedo más y me hecho a llorar y me abrazo a él.
-No, no puedes irte, dile que te quedas aquí a tu padre
-No puedo quedarme, tengo que tener 18 años.
-Pero ya casi tienes los 17, los haces el mes que viene, día 8 de julio.
-Ya pero no tendré los 18, cuando tenga 18 años te prometo que vendré lo antes posible, y estaremos juntos.
-No lo dudes...-le digo besándolo-Pero... ¿como lo haremos durante todo el año que estés allí?
-No lo sé, nos enviaremos correos, nos llamaremos todos los días...
-Joel... las llamadas a otros continentes cuestan un montón...
-Bueno, pues, ya...ya nos las arregláremos, pero no quiero separarme de ti.
-Ni yo de ti-le digo besándolo.
Nos quedamos abrazados, y después vamos a mi casa a ver una película, me deja elegir así que le pongo Titanic, como cada vez que la veo acabo llorando por la muerte del protagonista.
-¿Te quedas a dormir aquí por favor?-le digo abrazándolo.
-Vale, pero ¿y tu madre?-me pregunta él.
-Volverá de madrugada, no te preocupes.
-De acuerdo.
-¿Preparamos la cena?-le pregunto.
-Sí, ¿qué hacemos?-me pregunta dándome un cariñoso beso en la frente.
-No sé, creo que hay unos espaguetis preparados en la nevera.
-Pues vamos a cenar espaguetis-me dice él.
Calentamos lo espaguetis en el microondas, y cenamos unos ricos espaguetis a la boloñesa.
-Estoy llenísima-le digo yo tirándome en el sofá.
-Yo también.
-Y pensar que no volveremos a poder pasar estás tardes juntos más...-le digo yo abrazándolo.
-No digas eso, dentro de un año, tendremos todo el tiempo del mundo para estar juntos, seguro que al final te cansas de mí y todo...
-Eso nunca pasará.
-Pues, seguro que este año que esté fuera me olvidarás y cuando vuelvas dirás: ¿Joel? ¿Quién es ese?-me dice él bromeando.
-Eso nunca pasará, eres demasiado importante para mí, como para olvidarte.-le digo-Pero... ¿Y tú?
-¿ Y yo, qué?
-¿Te olvidarás de mí?-le digo yo mirándolo a los ojos.
-¿Yo?-dice señalándose con  el dedo índice-¿Olvidarme de ti?-levanta las cejas y niega levemente con la cabeza-Nunca.
Nos quedamos abrazados en el sofá, hasta que estamos demasiado cansados y decidimos irnos a la cama a dormir.
-Te quiero-me susurra él en el oído cuando ya estamos tumbados.
-Yo también te quiero-le digo mirándolo a los ojos, entonces una idea se me pasa por la cabeza, es una locura, pero por amor se hacen las mayores locuras ¿no?-Cásate conmigo.
-¿Qué?-me dice él sorprendido.
-Quiero casarme contigo, no ahora, cuando vuelvas, así ya estaremos prometidos, y será como una promesa, una promesa de amor,  durante este año que tú estés fuera, no nos olvidaremos el uno del otro.
-Entonces ya eres mi prometida-me dice él sonriéndome y cogiéndome de la cintura.
-¿Sí?
-Sí. Pero no podemos casarnos así a la ligera, ¿dónde nos casaremos?
-En la playa, yo llevaré un vestido de novia blanco y tú un traje negro, y las damas de honor serán Amelia y Leire, haremos una cena allí mismo, en la playa, a la luz de la luna, y bailaremos juntos hasta el amanecer.
-Me parece genial.
-A mí también.
Nos quedamos un rato en silencio abrazados, y me doy cuenta, de lo vacía que estará mi vida sin Joel, aparte de Amelia y Leire, no tendré nadie a quien recurrir, nadie a quien puedes abrazar sin motivo alguno, nadie con quien pasar la tardes, solo a alguien para echar de menos... No sé que haré sin Joel, mi vida estará incompleta... Tenemos que disfrutar de las cosas que querríamos hacer durante este año que el no estará en tan solo lo que le queda de estar aquí, en Francia. Entonces me acuerdo de que aun no le he preguntado cuanto tiempo nos queda para estar juntos.
Lo miro a los ojos y le pregunto:
-Y... ¿Cuándo te vas?-él me mira con cara de tristeza, baja la mirada, piensa, y me mira a los ojos otra vez.
-En una semana.


jueves, 6 de septiembre de 2012

CAPÍTULO 27


Amelia

Ese mismo día
Mientras iba hacia el parque donde había quedado con Lucas voy pensando una excusa convincente, pero no se me ocurre ninguna, lo mejor será que le cuente que me quedé dormida...
Llego al parque y lo veo, está sentado en un banco mirando al suelo. Me acerco a el por detrás y le tapo los ojos con las manos.
-¿Quién soy?-le pregunto susurrándole al oído.
-Amelia...-me dice él girándose y dándome un pequeño beso en los labios.
-¡Lo siento! Me quedé dormida y...-le empiezo a decir, pero Lucas me pone dos dedos en los labios en señal de que me calle.
-Shh... Eso da igual, ¿estás aquí no? Pues ya está-me dice con una de sus mejores sonrisas.
-Eres el mejor-le digo abrazándolo.
-Ya lo sé-me dice él.
-Te lo tienes bien creído ¿eh?-le digo yo levantando las cejas.
-Es lo que toca-me dice él cogiéndome de la mano y sentándome en el banco junto a él.
-Bueno, ¿que me querías decir?
-¿Qué te quería decir?-me mira él con cara de confundido.
-Sí, por eso estamos aquí... ayer me dijiste: Quedamos mañana, que te tengo q explicar una cosa.
-¡Ah, vale! Sí, por eso, a ver mañana mi padre hace una cena con toda la familia y sus compañeros de trabajo, y era para saber si tu querías venir...
-Sí, claro, ¿porqué no?, y ¿dónde es?-le pregunto yo.
-Mi padre ha alquilado una sala de fiestas, cerca de aquí, es que mi padre es muy formal y todo el mundo irá con traje y eso...
-Pues tendrás que llevar traje-le digo yo imaginándomelo vestido de etiqueta.
-Y tú, vestido-me dice él.
-Es verdad, me pondré un vestido rojo que tengo en casa-le digo pensando en el vestido rojo que me compré hace unos meses y no me he vuelto a poner.


-Vale, entonces tú ya estás arreglada, quedo yo, pero creo que también tengo un traje por mi casa de alguna fiesta que hicieron, a lo mejor aún me vale...
-Muy bien, ¿qué hacemos?-le pregunto sentándome encima de él.
-Pues no lo sé... ¿te vienes a comer a mi casa?-me pregunta él.
-No... Ya es hora de que vuelva a mi casa, y hable con mi madre... pero puedes venir tú a comer a mi casa...
-¿No sería un poco extraño? No sé... es que tu madre y tu os peleasteis por culpa de que tenias pareja, así que sería un poco violento que apareciera allí ¿no?
-¡Pero que dices! Por mucho que se queje mi madre sobre ti no hará que cambié de opinión respecto a salir contigo, y así le quedará más claro... ¿no te parece?
-De acuerdo...-dice él dándome un suave beso en los labios.
-¿Vamos?
-Sí.
Lucas y yo fuimos caminando hacía mi casa, él llamó a sus padres diciéndoles que no iría a comer. Cuando llegamos al portal de mi casa respiramos hondo y entramos.
-¿Quién es?-se oyó a mi madre desde la cocina.
-Soy yo mamá-le respondo acercándome a la puerta de la cocina con Lucas detrás de mí.
-¡Amelia!-grita mi madre, y sale corriendo de la cocina y me abraza-¿estás bien cariño?
-Sí mamá, estoy perfectamente.
-¡Gracias a Dios!-me dice y me abraza tan fuerte que casi no  puedo respirar-estaba preocupadísima, lo siento, lo siento muchísimo, no debí decirte eso...
-Sí, bueno, no pasa nada, yo también me enfadé...
-¡Lucas! Cariño ven aquí a darme un abrazo-dice mi madre que se ha percatado de la presencia de Lucas en el salón. Lucas se acerca a ella y le abraza-Gracias por cuidar de mi niña estos días, no sé que haría si le pasase algo.
-No se preocupe señora.
-¡Oh, no, no! No me llames señora, llámame Kate.
-Vale.
-Bueno, mamá veníamos a comer, ¿te va bien?-le pregunté yo entrando en la cocina a mirar que estaba preparando para comer.
-¡Por supuesto!
-Mmm... ¡Pizza!-digo yo.
Esperamos a que las pizzas estén listas, mientras esperamos nos sentamos en el salón a ver la tele, un rato más tarde mi madre nos llama y comemos.
Mi madre actuaba como si no hiciera una semana que no aparecía por casa, actuaba como si solo hiciera unas horas que no me veía, hablaba con  Lucas y parecía a gusto, cuando terminamos de comer Lucas se despidió y se fue a su casa porque tenía que ayudar a sus padres a organizar la fiesta de mañana.
Ese día fue tranquilo, por la tarde hablé un poco con mi madre, vimos una película fuimos a hacer la compra, cenamos y nos fuimos a dormir.
Al día siguiente Lucas me llamó para decirme que me vendría a recoger a las 20:30h para ir a la fiesta de su padre, que estuviese lista.
Pasaron las horas yo me fui preparando para irme con Lucas, cuando por fin fueron las 20:30h el timbre sonó.
-¡Uau!-dijo Lucas al verme.
-Tu tampoco estás mal-le dije besándolo-¿nos vamos?
-Claro.-me respondió, le lancé un grito a mi madre diciéndole que me iba y cerré la puerta.

Nos fuimos a pie a aquella sala que su padre había alquilado, cuando llegamos me quedé con la boca abierta, era enorme, con mesas decoradas una pista para bailar, era increíble.


-La gente todavía no ha llegado, pero no tardarán mucho-dijo el padre de Lucas que ya estaba allí.
-Vale-le respondió Lucas.
-¿Habrá mucha gente?-pregunté yo.
-Bastante, si no me equivoco somos unos 120-dijo el padre de Lucas.
-Okey-dije yo.
-¡Oh, mira! Aquí llegan los primeros invitados.
Lucas y yo nos quedamos con la boca abierta al ver reconocer a uno de los invitados.
-¿Sabías que vendría?-le pregunté a Lucas.
-No tenía  ni idea-dijo el.
Lucas y yo nos quedamos observándolo, hasta que se acercó a nosotros, bueno más bien diría que se acercó a mí, aunque yo tuviese a Lucas cogido de la mano.
-Hola, Amelia-me dijo  él cortésmente y con una sonrisa en los labios. Cuando lo dijo noté como todo el cuerpo de Lucas se tensaba y me apretaba más fuertemente la mano.
-Hola, Josh-respondí.

jueves, 23 de agosto de 2012

CAPÍTULO 26


Leire

-Despertad...-digo yo aun adormilada.
-Ya va, ya va...-me responde Amelia aun con los ojos cerrados.
-¿Qué hora es?-pregunta Amanda que  acaba de despertarse.
-No sé...-digo yo.
-¡Las 12:30!-dice Amelia que acababa de mirar su reloj-¡Mierda! Había quedado con Lucas a las 11:30...
-Pues el pobre chico se habrá cansado de esperar...-dice Amanda.
-Sí...-digo yo-yo también tendría que irme, tengo que comer en mi casa, y no falta mucho para la hora de comer...
-Pues nos vamos juntas-dice Amelia que ya se ha vestido.
-Vale-le respondo yo que me estoy empezando a poner los pantalones-¡Mierda! He perdido el DNI...
-Seguro que se te cayó ayer por la noche cuando te tropezaste con ese imbécil...-me dice Amelia.
-Sí, seguro que se quedo en el suelo...-afirmo yo, la verdad es que no había vuelto a pensar en el chico de ojos azules...-bueno, nosotras nos iremos yendo... 
-Vale, ya nos veremos...-die Amanda, entonces pone cara de susto y se gira hacía la ventana cerrándola rápidamente-¡Ups! Eh...chicas, a lo mejor Joel ha visto algo...
-¡¿Qué?! -decimos Amelia y yo al unísono-será pervertido-dice Amelia.
-¡No! Es que normalmente sobre esta hora los fines de semana solemos vernos abajo, pero él antes de bajar SIEMPRE y digo siempre mira por la ventana para asegurarse de que yo también bajaré...-dice ella encogiéndose de hombros.
-Pues haberle avisado de que hoy no tocaba besuquearse en el jardín...-digo yo, medio en broma, no sé como pero cuando Amanda habla de Joel ya no me dan esos celos de antes, ahora es como no sé como si me diera igual...
-Ja. Ja. Ja.-me dice Amanda, y su móvil empieza a sonar mira quien es y dice- Es Joel...
-Cógelo, y dile que es un pervertido-dice Amelia.
-Vaaaaale-dice Amanda respondiendo a su móvil-Hola, cariño.
-Que cursi que es...-le susurro a Amelia que se ríe de mi comentario.
-Cuando te enamores de alguien y os queráis ya me dirás lo que es ser cursi...-me dice.
-No creo, nunca más me enamoraré, es mi regla número uno.
-Sí, sí, ya me lo dirás...-me dice Amelia.
-Sí, te echo de menos-oímos a Amanda decir, y entonces le digo que ponga el altavoz y ella accede sin decirle nada a Joel-bueno, no habrás estado mirando mucho por la ventana ¿no?
-¿Qué entiendes tú por mucho?-dice él.
-Joel, ya me entiendes, contéstame-dice Amanda un poco más seria.
-Vale, que sin no te enfadas, no en realidad solo he visto como se vestía Amelia, no he podido ver nada más, por desgracia.
-Será...-dice Amelia, pero logro taparle la boca para que Joel no la oiga.
-Tonto...-le dice Amanda.
-¿Yo? ¿tonto? Ni un pelo...-dice él riéndose.
-Eres un idiota-le dice Amanda, pero de forma cariñosa.
-¿Ah, sí? Pues adiós-y cuelga.
-No me puedo creer que me haya colgado-dice Amanda con la boca abierta.
-Volverá a llamar, ya verás-le digo yo convencida de lo que digo, y entonces se oye la melodía Pan y Mantequilla de Efecto Pasillo-Ves... tengo razón...
-Hola-dice Amanda que ha descolgado el móvil-Me has colgado...
-Ha sido una broma, a y en realidad no he visto nada ¿eh? Tengo buena vista, pero aun no tengo Rayos X y a ti solo te veo porque te acercas a la ventana...-dice él con un tono dulce.
-Vale... pero no me vuelvas a colgar ¿eh?-le dice Amanda bromeando.
-Que no...-dice él.
-Bueno, te dejo que estas dos se tiene que ir...
-Vale, ¿después quedamos?
-Claro, te parece ¿en media hora abajo?
-Genial te esperaré-dice él-Adiós, princesa.
-Adiós, amor.
-Que cursis que sois, de verdad-le digo yo riéndome a carcajadas.
-Ya te tocará, ya-me dice Amelia.
-Cierto, después la cursi serás tu-dice Amanda.
-Lo dudo mucho-digo yo.
-Bueno, nosotras nos vamos ¿no Leire?-dice Amelia.
-Sí-le respondo dirigiéndome a la puerta.
-Bueno ya nos veremos ¿eh? Hoy por la tarde os llamo.
-Vale-decimos Amelia y yo a la vez.
-Chao-le digo a Amanda.
-Adiós.
Amelia y yo salimos por la puerta de casa de Amanda y vamos en silencio hasta que le pregunto:
-¿Dónde habías quedado con Lucas?
-¡Ostras! Ya se me había vuelto a olvidar, habíamos quedado en la plaza al lado del instituto.
-Que desastre de chica, si quieres te acompaño hasta allí...
-No hace falta.
-Vale, bueno yo me voy por aquí-le digo señalando una calle.
-Vale, ya nos llamamos-me dice dándome dos besos.
-¡Chao!-le digo mientras empiezo a andar hacia mi casa.
Cuando estoy llegando al portal veo que hay un chico sentado con los codos apoyados en las rodillas y mirando el suelo, como está en medio de la puerta no puedo pasar.
-Perdona, ¿me dejas pasar por favor?-le digo, y entonces me doy cuenta en que no había notado mi presencia hasta que le hable, pero aun así no levanto la cabeza, parecía cansado de esperar a alguien...
-Sí, claro...-tenía una voz muy dulce, y entonces levantó la cabeza, los dos nos quedamos con las bocas abiertas.
-¡Tú!-le digo yo rabiosa mirándole a esos ojazos azules que derriten-¿Has venido a pedirme disculpas por tirarme anoche o qué?
-Ya te gustaría a ti, que hubiese venido por eso-me dice, y su voz ya no es aquella tan dulce de antes sino que suena como un chico macarra que se mete en peleas, y la forma en que va vestido lo hace parecer aun más, va con unos vaqueros ajustados, una camiseta blanca, y una chupa de cuero negra, va bastante guapo, bueno, es bastante guapo, pero es un imbécil, y no estoy dispuesta a aceptar imbéciles en mi vida.-¿Te gusta lo qué ves?

-¿A que has venido?-le pregunto yo, evitando su pregunta.
-Ha devolverte esto-me responde él tendiéndome algo en la mano.
-¡Mi DNI! Ya lo daba por perdido totalmente.
-Lo encontré después de que te fueras, al empujarte se te debió caer, así que mirñe tu dirección y vine hasta aquí.
-¡Gracias! –le digo yo eufórica, y entonces sin pensar en mis actos le abrazo fuertemente, pero enseguida me aparto-Lo-lo siento... ha sido por la emoción...-consigo murmurar roja como un tomate.
-No pasa nada-me dice él sonriendo, tiene una sonrisa preciosa y brillante-Adiós, ya nos veremos...
-Adiós...-le digo yo, y me quedo viendo como se aleja en ese mediodía de domingo... Vale, sí puede que estemos a sábado, pero quedaba mejor decir domingo...



martes, 14 de agosto de 2012

CAPÍTULO 25


Leire

VIERNES

Salimos de clase, y las chicas y yo nos vamos a comer juntas, hemos hecho un plan para este día, esta noche me quieren llevar de fiesta, lo que tenemos que hacer hoy es:
  • Ir a comer todas juntas
  • Irnos de compras a comprar: vestidos para la noche, zapatos y complementos.
  • Ir a la peluquería.
  • Ir a casa de Amanda para vestirnos y maquillarnos.
  • Salir de fiesta y conocer chicos.

¿Qué? ¿Os gusta nuestro plan? A mí sí, todas hemos cogido todos nuestros ahorros para esta noche estar increíbles.
-¿Dónde vamos a comer?-pregunta Amelia.
-No sé-dice Amanda.
-¿Por qué no vamos a la pizzería que está aquí al lado?-digo yo.
-Vale-dicen ellas dos.
Nos fuimos a comer a la pizzería y después empezamos a decir tiendas donde hay vestidos de noche bonitos.
-Podemos ir a la de las esquina de al lado de mi casa-dice Amanda.
-Es verdad, allí siempre hay vestidos bonitos.
-¿Pues a que esperamos?-digo yo animada.
-Vámonos-dice Amanda.
Nos fuimos hacía la tienda, pero cuando estuvimos allí no encontramos ningún vestido que nos gustase así que nos fuimos a otra tienda que estaba por los alrededores.
-Este vestido me gusta, pero no me queda bien así que nada...-dije yo.
-A mí me pasa lo mismo-dijo Amanda.
-Yo aún no he visto ningún vestido que me guste...-dice Amelia.
-Seguro que al final encontramos uno para cada una.
-Bueno, vamos a la tienda de la plaza, allí tiene que haber algún vestido bonito.
-Es verdad, a la tercera va la vencida, venga vamos-digo yo.
Nos vamos hacía la plaza, y cuando llegamos a la tienda entramos y enseguida cada una encuentra el vestido ideal para ella.
El de Amelia es un vestido corto de color verde que contrasta con sus ojos a la perfección, le queda genial.

El de Amanda es un vestido azul muy bonito, también es corto igual que el de Amelia y también el mio, a Amanda ese vestido hace que sus ojos color azul zafiro brillen más.

Y mi vestido es de color lila con un brillante en la parte izquierda que le da un toque sofisticado, me encanta este vestido, encuentro que me pega mucho, y con mi pelo y mis ojos va muy bien.




 -Los tenemos-dice Amanda cuando salimos de la tienda.
-¡Sí!-digo yo.
-Faltan los zapatos y complementos-dice Amelia.
-¡¡Pues venga a comprar zapatos!!-dice Amanda.
Nos vamos a una zapatería que está en frente de la tienda de vestidos y allí también nos compramos unos collares muy bonitos que estaban en la tienda: los zapatos de Amelia son de color negro, altos, contrastan con su pelo negro:

Los míos son del color de mi vestido, también son tacones altos, con estos tacones somos mucho más altas, nos cuesta caminar un poco, pero pronto le cogemos la práctica, si hay suerte no se nos rompera ninguna esa noche:



Y los de Amanda son de un color muy parecido al de su vestido que le quedan muy bien, y al igual que el vestido resaltan aun más el color de sus ojos:



-Vale, ya lo tenemos todo-digo yo.
-Sí-dice Amanda.
-Ahora toca peluquería-dice Amelia.
-Sí, vamos a una que hay en la avenida, conozco al propietario y nos hará descuento.
-¿Conoces al propietario eh Amanda?-dice Amelia moviendo las cejas arriba y abajo.
-Sí, lo conozco es muy guapo...-dice Amanda bromeando.
-¿Ah, si? ¿Y como es?-dice Amelia que no se ha dado cuenta del tono de broma de Amanda y esta decide seguirle la broma.
-Pues mi TÍO tiene os ojos azules, es rubio...-dice y entonces al ver la cara de Amelia, Amanda y yo nos ponemos a reír a carcajadas.
-Ah, tu tío...-dice ella desanimada, pero enseguida se pone a reír con nosotras.
Llegamos la peluquería, Amanda le explica a su tío que por la noche nos vamos de fiesta y que queremos estar preciosas, así que su tío prepara a tres chicas que trabajan allí y a cada una les dice un peinado diferente, pero no consigo oír cuales son así que será ¡sorpresa, sorpresa! Las tres chicas se ponen manos a la obra.
Cuando acaban nos giran todas hacia el espejo para que nos veamos.
-No me lo puedo creer-dice Amelia cuando se ve en el espejo.
-Me encanta-digo yo.
-Es fantástico-dice Amanda.
-¿Os gusta?-pregunta el tío de Amanda.
-¡Sí!-respondemos las tres a la vez.
-Me alegro-dice él.
Salimos de la peluquería y nos dirigimos a casa de Amanda para cambiarnos y maquillarnos.
Cuando ya nos hemos maquillado y estamos despampanantes y listas para irnos, salimos de la casa y nos vamos andando, al llegar a la discoteca entramos, nos sentamos en la barra, pedimos las bebidas y nos ponemos a observar el panorama.
-Ese chico de allí está bastante bien...-dice Amelia.
-Es verdad, pero yo prefiero al otro de allí-dice Amanda-¿tú que dices Leire?
-Yo no veo ninguno que me llame la atención.
-Pues están todos para comérselos.
-Cierto-dice Amanda.
Va pasando la noche, las chicas y yo balamos nos divertimos, pero ningún chico que me llame especialmente la atención, vale que todos son muy guapo y eso, pero ninguno me sorprende, no son de esos chicos que dices: ¡Oh, que guapo! , no son más de: Ah...vaya otro tío que se cree bastante más de lo que es.
Un chico me saco a bailar, tenia el pelo marrón y ojos color miel, no estaba mal, pero seguía sin sorprenderme...
Cuando decidimos irnos sobre las 3:30 de la madrugada o así salimos por la puerta y justo a mi lado pasa un chico alto que no me ve y pasa a mi lado y me tira al suelo de la embestida, el chico me mira pero no me dice nada y sigue su camino el muy estúpido.
-¡Eh! ¡Tú!-le grito cuando me he levantado-¿no piensas pedirme perdón?
-¿Para qué? No te hubieses puesto en medio...-me dice él que se ha vuelto a acercar y me mira directamente a los ojos, tiene una mirada intimidante, pero a mí no me afecta.
-Eres un capullo-le digo yo, y entonces me fijo en como es, debe tener uno o dos años más que nosotras... Este es un chico con el que dices: ¡Oh, que guapo! y no esos de ahí que se creen demasiado. Tiene el pelo negro azabache, y unos ojos azules impresionantes, nunca había visto unos ojos tan bonitos, y los de Amanada lo son. Es alto, espalda ancha, y bastante guapo, pero a lo que se refiere al carácter es un imbécil.
-Venga pequeña, apártate y deja entrar a los mayores.
-¿Perdona?-le digo levantando las cejas.
-Te perdono no te preocupes, y ahora si me permites déjame pasar-dice él que pasa a mi lado golpeándome en el hombro.
-¡Idiota!-le grito para que me oiga.
-Yo también te quiero-me responde girándose con sorna, y entonces se mezcla entre la multitud y desaparece. Estoy que hecho chispas, ¿como un tío puede ser tan idiota? No sé, yo me esperaba por lo menos una disculpa, una persona tan  odiosa no debería existir.
-Déjalo...-dice Amanda tirándome del brazo para que salgamos.
Salimos de allí, y nos vamos a casa de Amanda, dormiremos las tres allí hablamos un rato y caemos rendidas en nuestros sacos de dormir, pero yo no consigo dormirme hasta más tarde, a causa de un idiota con ojos azules.

viernes, 10 de agosto de 2012

CAPÍTULO 24


Amelia

Lucas me vino a buscar a mi casa, con una cesta como de picnic, pero no me dejó ver que llevaba dentro, por la tarde, antes de irnos llamamos a Esteban (el empollón) y a Enrique (el friki) para saber como les ha ido la “cita” con Ever y Sofía, se ve que cuando llegaron allí las chicas los vieron dieron media vuelta y se fueron, bueno, por lo menos las fastidiamos y las llevamos hasta allí.
-¿A dónde me llevarás?-le pregunto yo.
-Sorpresa, sorpresa-dice él.
-Eres malo...-le digo yo enfurruñada.
-No te creas, solo un poco...-dice él sonriéndome-venga, vamos.
-¿Vamos a pie?
-No, en tren, es que está un poco lejos.
-A, pues espera que cojo dinero para el tren...
-No hace falta corazón, yo te lo pagaré.-me dice sonriendo.
-Vale-digo yo besándolo en la mejilla.
Nos fuimos a la estación de tren, cogimos un tren que nos llevó a las afueras de París, era un pueblecito pequeño.
-¿Dónde estamos?- pregunte yo mirando las casas.
-Cuando era pequeño vivía aquí.
-Me gusta este sitio, es tranquilo...-le dije yo.
-Sí, a mi también me gusta mucho estar aquí, por eso te he traído.
-No conocía este pueblo, cuando seamos mayores, quiero que vivamos aquí.
-Me parece genial, viviremos aquí, hasta que seamos unos viejecitos que no puedan ni andar.-dice Lucas riéndose.
-Hombre, también quiero ir a ver mundo, pero sí, seremos unos canosos que viven juntos en una casita acogedora.
-Pues así será.-me dice él dándome la mano.
Caminamos durante unos 10 minutos, las casas eran todas muy grandes, y había campos y pequeñas riendas donde vendían verdura.
Lucas me llevó a un lugar apartado del pueblo, era como un prado, era muy bonito, y no había nadie.
-¡Qué bonito!-dije yo.
-Sí, la verdad es que sí-dice él cogiéndome de la cintura-cuando vivía aquí venía constantemente a este sitio, es un sitio, donde prácticamente nunca hay gente, normalmente suelo venir solo, eres la segunda chica que traigo aquí-me dice mirándome para saber como reacciono, y al ver que frunzo el ceño, y cruzo los brazos me dice-la otra fue mi prima Wendy, de 10 años...-dice riéndose.
-Más te vale-le digo sonriendo.
Lucas abrió la cesta de picnic, sacó un mantel, de esos típicos a cuadros rojos y blancos, después sacó la comida, unos sándwiches, aceitunas, magdalenas, nos íbamos a poner las botas.
-¿Tienes hambre?-me preguntó cuando lo había colocado todo y se había sentado en el suelo.
-La verdad es que viendo todo esto, difícilmente puedes conseguir que no te entre el hambre-le dije sonriéndole.
Nos pasamos la tarde allí sentados, cuando ya no teníamos más hambre lo guardamos todo en la cesta, y nos tumbamos en el césped, yo apoyé la cabeza en el pecho de Lucas, cada vez que me acercaba mucho sentía como su corazón se aceleraba por la proximidad, me gustaba que él también estuviese nervioso.
-¿Me quieres?-me pregunta él acariciándome el pelo.
-Pues claro, sino no te aguantaría-le digo bromeando.
-¡Eh!-dice él haciéndose el ofendido-¡Pues ahora veras!-y me empieza a hacer cosquillas.
-¡Ah! ¡¡Para, para!! ¡¡¡Me haces cosquillas!!!-le digo yo riéndome escandalosamente.
Esas cosquillas, pronto se convierten en besos.
-Lucas, deberíamos parar-digo yo agitada cuándo siento las manos de Lucas bajo mi camiseta.
-Es verdad...-dice él apartándose un poco para poder respirar bien, sus mejillas están sonrosadas a causa de la excitación.
-Te quiero, pero aquí no.-le digo yo al notar que piensa que me aparto de él.
-Lo sé, y lo entiendo, pero es que a veces me descontrolas...-dice él, y no se de donde se saca una sonrisa preciosa.
-Venga Lamoretti, tenemos que irnos-le digo levantándome.
-Sí, ¿te parece bien que vayamos a cenar juntos?
-Claro, pero yo no tengo dinero...-le digo yo-vamos otro día si eso...
-¡Ah! No, no, no-me dice él-esta es mi sorpresa y te voy a invitar a cenar.
Acepté, nos fuimos a cenar a un restaurante chino, donde la comida estaba bastante bueno, después me acompaño a casa de Leire, ella y yo habíamos acordado que me quedaría en su casa esa noche, para no molestar a Lucas.
-¡Que bien! ¡ya estás aquí!-dijo Leire al verme-Te estaba esperando.
Como las dos ya habíamos cenado nos fuimos las dos a la habitación.
-Tenemos que salir de fiesta algún día de estos las tres solas-le dije yo.
-¿Para qué?-respondió ella sin mucho ánimo.
-Ay chiqui, pues para conocer chicos, divertirnos...
-¿Conocer chicos? Ya conozco suficientes...
-Pero seguro que allí encuentras a uno mejor-le dije yo, tenía qu convencerla y que se olvidase de Joel.
-No sé... no tengo nada que ponerme...
-¡Tonterias! Nos iremos de compras o te dejaremos algún vestido, pero me niego a que te quedes encerrada en casa como una monja.
-De acuerdo...-dijo ella, por fin la había convencida.
-Pues nena, ¡prepárate para salir de marcha!