Podía escuchar los gritos de jubilo de las personas a su alrededor. La mayoría celebrando que lo habían conseguido, otros a los que les daba completamente igual no haberlo conseguido. Y muy pocos como ella.
Esa misma mañana ella había estado entusiasmada y feliz, con una sonrisa en la cara, celebrando junto a esas personas. Pero bastaron unas pocas palabras para que todo se viniese abajo. Era la primera vez para ella, nunca pensó que sería como esas personas a las que les pasaba constantemente, pero ahora cabía la posibilidad de convertirse en uno de ellos. Y aunque no quería caer tan bajo era muy probable que pasase.
Un chico se le acercó. Uno como ella. Al verla con los ojos llenos de lágrimas la abrazó. Ella le sonrió en agradecimiento, pensando que así podría lograr que no se le notara el dolor. Pero él la conocía demasiado bien para creérselo. Habló con ella y le dijo cosas que llegaron a sacarle sonrisas y alguna que otra risa.
Cuando él se fue, ella pensó que a lo mejor él había hecho que lo malo se fuera, pero no era más que una ilusión.
Cuando dejó de verlo, sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
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Que bonito, Alicia! Un relato precioso, de verdad.
ResponderEliminar¡Un besazo!
¡ay! un relato precioso, y con un matiz un poquito triste, un poquito rompe corazones.
ResponderEliminaraún así me gustó muchísimo, escribes genial, lo juro.
un beso gigante y te espero por mi blog.