Unas semanas más tarde
-¿Tienes el regalo?-Sí, lo estoy envolviendo ahora mismo.
-Vale, en cinco estoy en tu casa.
-Vale, hasta ahora.
Le colgué a Cat y metí el regalo en una bolsa antes de salir hacia su casa.
Hoy era el cumpleaños de Jake, el hermano pequeño de Daniel. Desde el día en el parque se había encariñado conmigo y me invitó él mismo a su fiesta de cumpleaños. Cat y yo le compramos el regalo juntas. La fiesta era en su casa. No había ido nunca así que me tenía bastante intrigada.
Al llegar a casa de Cat llamé al timbre. No tardó nada en abrirme.
-¿Nos vamos, no? Porque sinó llegamos tarde y ya me ha llamado la madre de Jake tres veces asegurándose de que llegaríamos a tiempo porque Jake no para de preguntar por ti.
-Que mono.-dije.
-Sí, es mono hasta que descubres que está enamorado de ti.-soltó una carcajada.
-Calla, venga vamos, que no llegaremos.-le dije divertida.
Fuimos hacía la casa de Jake y a una manzana ya se escuchaban los gritos y risas de los niños.
-¿Tienen un castillo hinchable?-dije sorprendida.
-Se ve que sí.-respondió Cat también sorprendida.
Llamamos al timbre y nos abrió Daniel, con un gorro de cumpleaños y un niño pequeño colgado de la pierna.
-¡Hola! Pasad, Jake no ha parado de preguntar por ti-me dijo mientras me daba dos besos.
-Ahora iré a buscarlo.-reí-parece que tienes un koala en tu pierna.
-Pues casi.-sonrió, mirándome.
-¡Vamos Daniel! ¡Vamos a jugar!-le decía el niño tirando de sus pantalones.
-Ya vamos, ya vamos.-riendo se fue caminando con el pequeño aún colgado de su pierna.
Cat y yo entramos en la casa y saludamos a la madre de Jake que estaba por ahí y nos dijo donde teníamos que dejar el regalo.
-Mira ahí viene.-dijo Cat señalando a Jake que venía corriendo hacia nosotras.
-¡Sam!-dijo y se abalanzó contra mí casi tirándome al suelo.
-¡Hola Jake! ¿Cómo te lo estás pasando, pequeño?-le pregunté.
-¡Muy bien! ¡Tienes que venir a saltar con nosotros! ¡Cat, tú también!-dijo emocionado.
-Ahora iremos, Jake.-dijo Cat.
Sin decir nada más, Jake se volvió a ir al jardín con sus amigos.
-La verdad es que suena tentador lo de ir a saltar.-dije riendo.
-Pues vamos.-dijo Cat.
No tardamos ni cinco minutos en quitarnos los zapatos y entrar allí dentro para saltar con los niños.
-¡Sam! ¡Sam! A ver si me pillas.-me dijo Jake.
Empecé a perseguirlo por dentro del castillo hinchable, riendo y jugando. Hasta que me tiré por el tobogán si mirar si abajo había alguien. Cuando miré era demasiado tarde y ya estaba encima de alguien.
-¡Lo siento! No he mirado antes de tirarme.-empecé a decir cuando vi a Daniel debajo de mi riéndose a carcajadas.
-Deberías haber visto tu cara de susto al caerte encima de mí.-dijo entre risas. No pude evitar sonreír.
-Tonto, pensaba que te había chafado.
-¿Tú? ¿Chafarme? ¡Pero si eres una pluma!-dijo él. En ese momento un niño se tiró por el tobogán y como yo, no miró. Se chocó conmigo haciendo que Daniel y yo nos juntáramos más hasta el nivel de rozar nuestros labios durante unos segundos.
Los dos nos ruborizamos enseguida y yo me levanté de encima de él.
-¡Jake! ¿Dónde estás?-grité volviendo a buscar al niño.
Media hora más tarde estaba sentada en una silla, con un vaso de limonada en las manos.
-¡Sam! ¡Sam! ¿Vienes?-preguntó un amigo de Jake con el que había jugado antes.
-Pídeselo a Cat, que yo estoy muy cansada, Will.-le dije. El pequeño se fue hacia Cat y la arrastró hasta el castillo para que jugara con ellos. No sin antes lanzarme una mirada asesina.
-¿Cansada?-preguntó una voz a mí espalda. Al reconocerla no pude evitar sonrojarme.
-Sí. Tu hermano es hiperactivo. No se cansa nunca.-le dije sin mirarlo. Esperando que el rubor se me pasara.
Cogió una silla y se sentó a mi lado.
-Lo sé-soltó una carcajada-a veces es hasta insoportable.
-No digas eso, pobrecillo.-le dije sonriendo.
-Tú también lo dirías después de convivir tantos años con él como yo.
-Puede ser.-ahora era yo quien reía.
-Oye Sam, lo de antes...
-¿Qué antes?-pregunté esperanzada en que no se refiriera al “casi” beso que habíamos tenido.
-Lo de ahí dentro, cuando nos hemos besado...
-No nos hemos besado, ha sido un accidente.-dije sonrojándome y apartando la mirada.
-Bueno pues ese accidente. ¿Solo ha sido eso? ¿Un accidente?-me miró, buscando mis ojos, que no le miraban.
-Sí, solo fue eso. ¿Qué iba a ser? El niño me empujó y sin querer nos besamos.-le miré y nos sumimos en un incómodo silencio.
-¿Habéis puesto ya vuestro nombre en los vasos?-nos preguntó una mujer, supongo que la madre de uno de los niños.
-Eh, no. Aún no.-dijo Daniel, sin despegar la mirada de mí.
-Pues tomad, escribidlo, así sabréis cual es vuestro vaso y no lo perderéis.-nos dijo, dándole un rotulador a Daniel y alejándose.
-Dame tu vaso, le pondré tu nombre.-me dijo amablemente. Yo se lo di y él lo puso. Yo sin ni siquiera comprobar que había puesto, cogí el vaso y me levanté.
Después de unas horas la gente ya empezó a irse y con ellos Cat y yo. Estábamos en la puerta, despidiéndonos de todos.
-Espero que os haya gustado.-dijo la madre de los hermanos.
-Pues claro, ha sido muy divertido.-dijo Cat sonriendo. Yo asentí, secundándola.
-Muchas gracias por invitarnos.-dije.
-No es nada, ha sido divertido teneros aquí.-dijo esta vez el padre.
Salimos fuera donde estaba Daniel hablando por teléfono con alguien. Al verme, me miró buscando respuesta a algo que yo no sabía. Le miré confundida, pero él no hizo ningún gesto indicando que quería.
-¿Me das un poco?-dijo Cat señalando mi vaso, que aún tenía un poco de limonada.
-Sí, claro.-le tendí el vaso y ella bebió. Después se quedó mirando el vaso.
-Sam, ¿quién ha escrito tu nombre? Porque diría que se ha equivocado un poco.-dijo riendo.
Yo la miré confundida y cogí el vaso de sus manos. Y por fin leí lo que Daniel había puesto.
Para mí fue más que eso
Me giré, para mirar a Daniel, buscando respuestas. Él estaba entrando en su casa. Me miró y acto seguido cerró la puerta.
Oh, me ha encantado, que mono es Daniel. Sigue así.
ResponderEliminarBesos, Raquel.