Leire
-No podemos seguir juntos.-le dije.-¿Qué?-me respondió.
-Lo que has oído, no puede ser, yo te quiero, pero como amigo...-dije, esa frase me hacía parecer la típica zorra de las películas.
-¡No puedes dejarme! ¡Yo te quiero!-gritó él.
-Lo sé, pero yo a ti no.-esto era bastante duro. Todo empezó esa misma mañana, cuando me desperté.
Ésa mismo día por la mañana.
Me desperté, por unos golpes en la puerta de mi habitación, miré el reloj de mi mesita de noche: 5:30 a.m. ¿Quién llama a la puerta a esas horas? Una cabecita con el pelo moreno y ojitos azules se asomó por mi puerta.-Hola, Leire...-dijo.
-Nico... ¿qué haces despierto a éstas horas?-pregunté.
-Es que tuve una pesadilla.-dijo mi hermano pequeño acercándose a mi cama.
-Eh... No llores.-dije al ver sus ojos rojos. Le hice un hueco en la cama y di palmadas en el colchón para que se tumbase a mi lado.-Anda, ven aquí, y cuéntame que ha pasado.-mi hermano se tumbó a mi lado y me abrazó fuerte.
-He soñado que tú, Iván y mamá, me dejabais sólo en un bosque, y era de noche. Tenía miedo, y os gritaba para que volvierais pero no volvisteis...-dijo él, yo lo abracé.
-No te preocupes, que eso no va a pasar, si te dejase en un bosque ¿quién me diría lo que ha aprendido en sus clases de inglés?-le dije alborotándole el pelo. El soltó una risita.
-¿Puedo dormir contigo? Es que Iván ronca mucho y no me quiere con él.-dijo sacándome una sonrisa.
-Claro que sí, pequeño, vamos duérmete.-le dije.
Unas horas después, me desperté porque estaban golpeando la puerta, y la cabeza de Iván se asomó por la puerta.
-¿Tú también quieres dormir conmigo?-le pregunté intentando no despertar a Nico. Me levanté de la cama y me puse delante de la puerta para poder hablar con mi hermano.
-No, gracias, pero sé de alguien que está en el salón que sí que le gustaría dormir contigo, y más si vas así vestida.-dijo mirándome de arriba abajo, yo hice lo mismo y vi que iba en ropa interior, ya que por la noche estaba tan cansada que ni me puse el pijama.
-Ahora me visto, ¿quién está en el salón?-pregunté mientras abría el armario y sacaba unos vaqueros, que al oír el nombre de la persona que me esperaba se me cayeron al suelo.
-Tu novio.
-¿Dylan? ¿Qué hace aquí?
-Veo que no te lo esperabas... No sé dice que viene a verte, así que he venido a despertarte.
-Vale, ahora salgo.
-Ah, y por cierto, el chico es un poco sosillo ¿no? Le he contado unos chistes y no ha cogido ni uno. Y te aseguro que hasta la tía Rita que está sorda lo hubiese pillado antes que él.-dijo saliendo de la habitación. Yo me vestí y salí al salón, y efectivamente ahí sentado estaba Dylan, “mi novio”.
-Hola-dijo él levantándose con una sonrisa y besándome cariñosamente la mejilla.
-Hola-dijo con una sonrisa forzada.- ¿Qué haces aquí?
-Te echaba de menos.-dijo él, me dolía no poder decirle e que yo a él también, pero es que no sentía nada por él, sólo amistad.
-Yo a ti también.-dije abrazándole. Hipócrita, pensé.
-También he venido para pedirte si quieres venir a cenar a mi casa ésta noche.-dijo él. Eso a mí no me gustó mucho, recordando cómo fue la vez que fui a cenar allí... Conseguí que toda la familia se pelease.
-Eh... ¿Hoy? Creo que no puedo, es que he quedado con mis amigas y llevamos planeándolo desde hace un mes...-mentí descaradamente. Mi hermano que estaba sentado en el sillón haciendo ver que miraba el fútbol en la televisión, hizo el intento de reprimir una risa, Dylan lo miró confundido.
-Oh, nada, nada, he recordado un momento gracioso.-dijo mi hermano, pero estaba segura que no era eso.
-Bueno, pues nada, ya vendrás otro día.-dijo Dylan sin quitar su sonrisa de “no pasa nada” de su cara.
-Lo siento, de verdad...-nunca pensé que mentir fuera tan fácil.
-No pasa nada.-dijo besándome la mejilla tiernamente.-Tengo que irme, ya hablaremos ¿vale?
-Vale, dije mientras lo acompañaba hasta la puerta
-Te quiero-dijo él despidiéndose, en ese momento no supe que hacer, no podía quedarme en silencio, el chico se sentiría bastante mal... Así que por mentir una vez más no pasaría nada, bueno que me podía sentir peor aún de lo que ya me sentía conmigo misma.
-Yo también.-dije, a Dylan se lo posó una sonrisa en la cara, se dio media vuelta y se fue caminando.
Entré en casa y cuando pasaba por el salón mi hermano me dijo:
-Así que... ¿una cena con tus amigas, eh?
-Iván, ya te conté lo que había pasado la vez que fui a cenar a su casa, un poco más y se tiran las cosas por la cabeza. Sólo, no me apetece ir...
-Vale, vale, yo no digo nada...-dijo él. Yo entré en mi habitación y me senté al lado de Nico.
-Aprovecha que sólo tienes 10 años, y no tienes que preocuparte por nada más que por quien la lleva en el escondite o en quien lleva el balón para jugar a fútbol. Cuando tengas mi edad espero que no te vaya como a mí...-dije.
Minutos después, Nico se despertó y le dije que se fuera a su habitación a vestirse. Iván llamó a la puerta de mi habitación y entró.
-¿Vas a desayunar?-preguntó.
-No...
-Vale.-dijo cerrando la puerta. No pasaron 3 minutos cuando volvió a entrar.
-¿Seguro?
-Que sí...-dije. Al igual que antes a los 2 minutos de abrió la puerta otra vez.
-¿Harás algo para comer?-preguntó.
-¡Prepáratelo tú!-dije ya cansada de que entrara una y otra vez.
-Vale, vale...-dijo cerrando la puerta. Y como si el mundo me odiara, a los 2 minutos la puerta se abrió otra vez.
-¿Qué quieres ahora?-grité ya fuera de mis casillas.
-Eh... Nada.-dijo Álex que se asomaba en la puerta.
-¿Qué haces aquí?-pregunté, ¿los hermanos Dupond se habían puesto de acuerdo para visitarme los dos o qué?
-Venía a verte, sentí que la conversación de anoche se quedó pendiente.-dijo él.- ¿Puedo pasar?
-Sí, claro, pasa.-dije, él entró y se sentó a mi lado en la cama.- Bien... ¿de qué quieres hablar?
-De lo de anoche, siento que te pasara eso, no debí haberte dejado tirada.-dijo con la cabeza agachada, arrepentido. Mis ojos no creían lo que veían, ¿Álex Dupond arrepentido de algo?
-No pasa nada, estoy bien y eso es lo que importa...-le resté importancia al tema.
-No, joder, eso no es lo que importa, sí, lo sé, estás bien, pero y sí no lo estuvieras, y si ese loco te llegaba a robar o violar o yo que sé que atrocidades...
-¿Atrocidades? Señor Dupond, usa usted un lenguaje muy correcto.-dije sonriéndole.
-Esto es serio, Leire.-dijo él.
-¡Ya sé que es serio, joder! Pero ya está ¿vale? Sí, lo sé y tú también lo sabes, fuiste un capullo imbécil anoche, pero ya está, el pasado, pasado está. Tú tenías tus motivos para no venir a buscarme, y como tú dijiste, tú tienes una vida, y no voy a meterme en ella.-le dije.
-Vale...-dijo anonadado por todo lo que le había dicho.
-¿Has acabado? ¿Es todo lo que tenías que decirme?-pregunté.
-¿Ya quieres que me vaya?-preguntó con una sonrisa burlona y levantándose de la cama y paseándose por mi habitación.
-No es eso, es que tengo que hacer cosas.-me inventé.
-¿Cosas? ¿Qué cosas?
-Sólo, “cosas”.-dije yo, levantándome y poniéndome a su lado mientras miraba un cuadro que había en mi habitación. El árbol de la vida, de Klimt.
-No sabía que te gustaba el arte, enana.-dijo mirándome.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí...-dije yo.
-¿Haciéndose la misteriosa señorita Cabret?-preguntó divertido.
-Puede...-dije dando media vuelta, pero antes de que avanzara un paso, Álex me giró hacia él y se pegó mucho a mí.
-En mi casa tengo unos cuadros que creo que te gustarán, hay uno que creo que te va a gustar.
-¿Cuál es?-pregunté curiosa.
-Tendrás que venir para averiguarlo.-dijo él, y sin pensar mucho acepté su oferta.
-Vale, esta noche en mi casa te los enseño, ¿tienes quién te lleve?-preguntó. Al ver que negué con la cabeza, una sonrisa le salió en la cara.-Cómo suponía, te pasaré a buscar, sobre las siete y media, más o menos.
-Vale-dije sonriéndole.
-Adiós, enana, tengo que irme.-dijo besándome la frente y saliendo por la puerta de mi habitación.
Me pasé toda la tarde en mi casa con mis hermanos, ya que mi madre, se había ido otra vez, no sé porque no dejaba su trabajo de una vez, apenas nos veía una vez al mes...
A las siete de la tarde me fui a duchar para cuando viniese Álex a recogerme. No sabía porque estaba tan nerviosa por cuando llegara él, ni que no lo hubiese visto antes ni nada parecido...
Faltaban cinco minutos para las siete y media, me había puesto algo simple, unos vaqueros cortos con una camisa rosa pálido y mis converse. Justo a las siete oí el motor de la moto de Álex. Me despedí de mis hermanos, y salí fuera. Allí estaba él en su moto.
-Hola, enana.-dijo con una sonrisa.
-Estúpido...-dije, él se rio y me tendió un casco para que me lo pusiera. Subí detrás de él en la moto y nos encaminamos hacia su casa.
Cuando llegamos a su casa, aparcó la moto, y el mayordomo nos abrió la puerta, y en vez de ir a su habitación pasamos el salón y fuimos a una sala al fondo de un pasillo. Cuando abrió la puerta y encendió las luces me quedé boquiabierta. Era una habitación enorme, con las paredes llenas de cuadros de pintores conocidos, obviamente eran copias, creo...
-Bienvenida a mi sitio preferido de la casa.-dijo él tumbándose en un sofá que había allí.
-No sabía que te gustaba el arte. Ni los libros.-dije cuando vi una estantería repleta de libros.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí, enana...-dijo citando las palabras que le había dicho esa misma mañana. Yo solo solté una leve carcajada.
-Y cuál es el cuadro que querías enseñarme?-pregunté curiosa.
-Ah, sí, no me acordaba, ven por aquí.-dijo él levantándose, yo le seguí.-Aquí.-dijo, yo miré donde él señalaba y me quede estupefacta.
-Es... es...-fui incapaz de decir algo coherente.
-El beso de Gustav Klimt. Cuando vi que tenías una obra de Klimt en tu habitación, pensé que te gustaría esta. Sólo es una copia pero algo es algo.
-Me encanta, de pequeña fui a una galería de arte y lo tenían expuesto ahí, en ese momento me enamoré de este cuadro. Aunque nunca lo entendí muy bien, el hombre parece posesivo, y no quiere dejar ir a la mujer. ¿Tú qué opinas?
-A mí me parece como si el hombre viera a la mujer como la cosa más frágil del mundo, y la abrazara para protegerla.-dijo él.
-Estás hecho todo un romántico-dije yo, él me sonrió.-Pero ahora que lo dices, puede que sí, que tengas razón.
-Bueno, ya decidirás que significa cuando lo tengas en tu casa.-dijo él con la mirada fija en el cuadro.
-¿Qué?-pregunté sin entender.
-Puedes quedártelo, yo tengo muchos más cuadros aquí que admirar, y a ti te gusta más que a mí.
-No puedo aceptarlo, enserio, es demasiado...
-No digas tonterías... Cuando pueda te lo traeré a tu casa y lo colgamos donde quieras.
-¡Gracias, gracias, gracias!-dije saltando de alegría y abrazándolo.
-Así que una cena con tus amigas ¿no?-dijo una voz, yo me separé de Álex y miré la puerta que se había abierto, y ahí estaba Dylan.
-Sí, bueno, Amanda estaba ocupada y Amelia también así que lo hemos anulado...
-¿Pero no era que lo planeabais desde hace un mes?-dijo con una siniestra mirada, acercándose donde estábamos. Álex se apartó y miraba alternativamente de Dylan a mí y de mí a Dylan.
-Sí, pero lo que tenían que hacer era más importante que una cena...-dije un poco insegura.
-¿Enserio? Porque cuando me he encontrado a Amelia en la calle no parecía saber nada de una cena, y apuesto a que Amanda tampoco...-dijo él mirándome mal y acercándose a mí, yo retrocedí.-Sólo tenías que decirme que no querías venir a mi casa y ya está, pero veo que eso tampoco era porque estás aquí con mi hermano, haciendo vete a saber que...-dijo con ojos tristes, y un poco llorosos. El chico era igual o más bipolar que su hermano.
-No hemos hecho nada, él sólo quería enseñarme unos cuadros, y además no tengo que darte explicaciones de nada.-dije enfadada.
-¿Puedes dejarnos solos Álex?-preguntó Dylan.
-Claro, esperaré fuera.-dijo un poco desconfiado, pero al final saliendo.
-Dylan tenemos que hablar. No puedes comportarte así, cuando entraste estabas furioso y ahora estás a punto de llorar.
-Lo sé, lo siento no quiero perderte...-dijo él. Y entonces decidí que no podía seguir mintiéndole.
-Hablando de eso, tengo que decirte algo...-dije.
-¿Qué pasa?-preguntó él.
-No podemos seguir juntos.-le dije.
-¿Qué?-me respondió.
-Lo que has oído, no puede ser, me gustas como amigo y nada más-dije, esa frase me hacía parecer la típica zorra de las películas.
-¡No puedes dejarme! ¡Yo te quiero!-gritó él.
-Lo sé, pero yo a ti no.-esto era bastante duro. Él se quedó callado unos segundos y de repente, explotó.
-¡Eres una puta zorra!-gritó él con la cara roja de la ira.
-Dylan, no dig-
-¡Cállate estúpida! ¡Sólo me has utilizado!-gritó fuera de sí.
-Yo no te he utilizado para nada...-dije en un susurro, me estaba asustando de verdad.
-¡Te he dicho que te calles!-dijo, y entonces solo sentí mi mejilla roja. Dylan me acababa de abofetear. Yo grité.
Álex abrió la puerta rápidamente. Vino corriendo donde estábamos los dos, miró a Dylan y después a mí, y cuando vio la marca roja en mi mejilla, sus ojos se oscurecieron.
-¿Tú le has hecho eso a Leire?-le preguntó a Dylan, que al ver a su hermano retrocedió unos pasos.
-Yo... Yo...-dijo él.
-Dilo.
-Sí, le he pegado yo, no hay nadie más aquí ¿no?-dijo Dylan con tono burlón.-Se lo merecía, me ha dejado.-dijo él, y Álex le dio con el puño cerrado en el estómago.-¿Pero qué haces?
-¿Te parece normal pegarle a una chica? Da igual si te ha dejado, tío, supéralo. Y por mucho que te duela nada te da derecho a pegarle, si te deja es por alguna razón. Pídele perdón.
-No.-dijo Dylan vacilando.
-Pídele perdón, he dicho.-dijo Álex cogiendo del cuello de la camisa a su propio hermano, yo no podía articular palabra estaba parada allí en medio sin poder moverme, noté como lágrimas de miedo y pánico caían por mis mejillas.-Me da igual si eres mi hermano, te quiero mucho y todo eso, pero a una chica ni se la toca si no es para demostrarle que la quieres ¿vale? Así que pídele perdón.
-Lo siento...-dijo Dylan rindiéndose. Álex lo soltó y Dylan se fue corriendo de la habitación como un perro asustado.
-¿Estás bien?-preguntó Álex acercándose a mí preocupado.
-Sí, no pasa nada...-dije yo, él pasó su mano por mi mejilla secándome las lágrimas de mis mejillas.
-No sé cómo se le ocurre pegarle a una chica a ese imbécil que tengo como hermano.
-Bueno, lo he dejado... Supongo que eso lo ha enfurecido...-dije yo.-Es que no podía segur con él porqué.-Álex me tapó los labios con un dedo haciendo que me callara antes de acabar la frase.
-Shh, no me importa porqué, tienes tus razones.-dijo él.-¿Te llevo a tu casa?-preguntó.
-Por favor...-le respondí.
-Vale, venga, vamos.-dijo abriendo la puerta para mí. Nos subimos a su moto y me llevó a casa, cuando llegamos, me bajé de la moto, me quité el casco, y lo miré.
-Algún día te detendrán por no llevar casco...-le dije.
-No creo...-dijo con una sonrisa.-siento lo de hoy, se suponía que venías a mi casa a ver unos cuadros, pero ha acabado diferente...-dijo él.
-No pasa nada, si no contamos la última parte, me lo he pasado genial.-dije sonriéndole.
-En unos días te traeré el cuadro aquí ¿vale?
-Sí, y gracias otra vez.
-No hay de que, y ahora si me permites, tengo que irme. Mañana nos vemos.-dijo él.
-Vale, intenta no pensar mucho en mí.-dije sonriendo.
-Tarea difícil, enana.-me tocó la punta de la nariz con un dedo, arrancó la moto y se fue.
Yo entré en casa, y pensé en todo lo que había pasado ese día si omitíamos la parte de la discusión con Dylan, podía calificarse como un día normal, hasta bueno.


Arg, feo Dylan :(
ResponderEliminar¡Me emocioné al leer a Leire! No tengo palabras..
Álex es todo un protector jaja ^^
Sí, Dylan es un tonto! Pero Álex es asdfghjk.. *_* jajaja Gracias por comentar!
EliminarQue bonito el capítulo, siento en tardar tanto en venir por aqui, porque tú fuiste una de las primeras en seguir mi blog y yo... yo no. Lo siento, y te prometo que mañana me leo los 46 capítulos (porque me he leído este y me he quedado así: *___*. Gracias por seguirme, Marga. Te lo agradezco.
ResponderEliminarAwww Laura que mona! No pasa nada! Graciaas! 46?!?!?!?! No son muchos? Bueno es adictivo así que no pararás... Modo egoncétrico: ON jajajaja Muchas gracias por comentar, enserio! Besos ^^ Espero que te guste!
EliminarMuy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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